El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Mes: Setembro, 2019

DIVERTIMENTO POR MOR DEL TORNEO PRESENTE (Y ESE AMOR DE JUVENTUD DE TOLKIEN)

El viento del mar agitaba los cabellos de ambos sobre el acantilado.

-Cariño… ¿me sigues amando? -preguntó ella, con una incertidumbre que el aire tornó susurro.

-Por supuesto -respondió él, que parecía perdido en un recuerdo amable.

Ella bajó la mirada hasta las olas rompientes, antes de volver a preguntar.

-¿Me sigues encontrando atractiva?

El hombre miró a la mujer y esperó a que sus ojos se encontraran sobre el abismo.

-Eres bella como un pase de Beauden Barrett.

Aunque la mujer intentó enfadarse, una sonrisa crujió en su comisura derecha.

DONDE EL LOGOS SE HACE CARNE

No recuerdo exactamente cuál era el título de aquella asignatura optativa. Sí recuerdo que Quintín solía hacer el chiste de que le ponía esos nombres a sus asignaturas para asustar a los alumnos y evitar que se apuntasen a sus clases. Es cierto que las clases de Quintín solían estar repletas de gente; y que Quintín nunca anduvo mal de ego, tampoco es falso. La asignatura que dedicaba a los filósofos del barroco europeo, por ejemplo, se llamaba Ontopraxeología, nada menos.

Me apunté a ambas en mi segundo año de carrera, que creo fue el último de Quintín Racionero como docente en la Universidad Complutense, antes de hacerse cargo definitivamente de la cátedra que había ganado en la UNED.

Me parece que el título era Genealogía de la Metafísica. Y básicamente era una historia de la filosofía griega que, combatiendo la típica interpretación, ya muy criticada, de aquélla como un progresivo paso del mythos al logos, trataba de hacerse cargo de todo el logos presente ya, por ejemplo, en la mitología griega.

Así que muchas de las clases consistían en Quintín contándonos un cuento. El cuento era siempre un mito griego. Y tras la narración, Quintín analizaba el contenido del relato y los conceptos que en él se exponían y articulaban.

Lo buen narrador que era Quintín es algo difícilmente describible con palabras. Un regalo del cielo, sin duda alguna.

El caso es que le pedí que fuera mi director de tesis. En segundo de carrera. Y él me aceptó, aunque mi idea de tema de investigación era bastante peregrina: quería hacer lo que él hacía con los mitos griegos, pero aplicándolo a los relatos de la mitología celta. Esperando probablemente que algún día me aburriría de tal tontería, me puso deberes, y me dijo que debería irme de Erasmus a Alemania y estudiar lógica de clases. Empecé a ir a clases de alemán en una academia para completar las muy limitadas que nos impartían en la carrera.

Pero el devenir de la vida me acabó alejando de Quintín. Y tras su marcha a la UNED, poco trato mantuvimos.

Ese interés primero por examinar mitos, lo recuerdo como algo semejante al niño que desmonta un reloj para intentar descubrir cómo funciona; con el resultado lógico y terrible de no descubrir casi nada sobre el funcionamiento de un reloj, que, mientras tanto, ha quedado roto en el proceso.

Aquel estudiante de filosofía se había presentado a un concurso literario de la Complutense con un relato de unas 50 páginas, El Picotazo, que dio a leer a su profesor Quintín Racionero. Creo que le gustó algo, aunque tampoco quedó fascinado, ni mucho menos. Básicamente, porque era bastante malo y pueril. Pero sí me dijo una cosa que, me parece, intentaba ser un halago: me había enfrentado cara a cara con el problema del nihilismo. Y eso le había gustado.

A mis compañeros de Facultad de aquel entonces les parecía un poco ridícula mi idea de tesis. No se lo puedo echar en cara. Al fin y al cabo, nos preparábamos para ser filósofos, no cuentistas.

Existiendo los lenguajes científicos y filosóficos, ¿para qué rebuscar en narraciones mitológicas? ¿Cuánto logos podía morar en un cuento? ¿Y de qué calidad? La mitología griega aún tenía un pase, era la antesala de la filosofía; pero, ¿la mitología celta?…

Había que estudiar las críticas kantianas y dejarse de tonterías. Y lo cierto es que me las leí. Y leer a Kant es la mejor forma de comprender ese sarampión que sacudió Europa durante el siglo XIX, llamado Romanticismo. Encerrados en un cielo abstracto, la elite europea corrió de forma enloquecida en dirección contraria. Reacción desquiciada e histérica a una situación desquiciada y delirante.

Pero también estaba leyendo a Platón y haciéndome cargo de la molesta reaparición en sus diálogos de los mitos, cada vez que las explicaciones de Sócrates no parecían llegar a ningún lado.

Había quiebras en la filosofía que sólo parecían atacables desde la narración.

Mientras tanto, yo seguía bebiéndome los clásicos de la literatura occidental, donde el logos se hacía carne. Donde se continuaba el trabajo de los redactores del canon bíblico. Donde seguía medrando el árbol de la sabiduría de Occidente, su tradición de sentido común.

Para finalmente llegar a la conclusión de que la filosofía es la hermana cobarde de la literatura. Un nihilismo no enfrentado; un miedo a fabular encastillado tras muros de palabras. Terror al error. A decir sí a algo. A perderse. A vivir.

Quizá, por encima de todo, miedo a encontrar.

¿Era eso lo que pulsaba en aquel adolescente ridículo que sólo quería estudiar filosofía para entender mejor cuentos muertos?

¿Es eso lo que nunca cambió? ¿Es eso lo que siempre he sido, a través de todos mis avatares: un detective de relatos?

Y… ¿es, acaso, la vida, otra cosa que un relato de detectives?

Salvajes, por supuesto. Pues no pueden decir que les gusta leer, porque leer es respirar.

Leer es rezar.

Y escribir es perseguir verdad. Su existencia es un éxodo sagrado en busca del Santo Grial, un cáliz tallado en piedra basta, alrededor del cual los narradores dan sentido a sacrificios ancestrales.

Los sacrificios que hacen posible el eterno retorno de lo divino entre los seres que han de morir.

Donde se escancia el vino que nos permite morar
con sosiego
en los acantilados a los que pertenecemos.

VAS HABLANDO MAL DE MÍ

Nuevo vídeo de Los Punsetes, de su próximo disco, Aniquilación, que saldrá a la venta el 4 de octubre.

Y en este enlace tenéis las fechas de su próxima gira española.

Pues hala, a cantar: …porque sé que lo que quieres, es que vuelva a hacerte caso… y sé que lo que te duele, es que ya sabes que paso…

TELÉMACO

En la foto salimos desenfocados, augurio de confusión y errancia.

Éramos niños y éramos como niños. Nos sabíamos predestinados, concebidos en la mente de Dios, ya desde la eternidad, hasta siempre. El uno para el otro.

No había dudas. Hasta que las hubo. Y fuimos expulsados (primera vez, de tantas) del Paraíso.

Nos reencontramos, muchas vidas después, en la cueva de nuestros fracasos. Alimañas apenas, desfigurados por las cicatrices.

Y desde el delirio de nuestras soledades nos aventuramos en los terrenos de la locura, persiguiendo una estrella desquiciada, eco cacofónico de nuestros dioses infantiles.

Y bajo la estrella encontramos un portal precioso e inmerecido. Decidimos refugiarnos allí. Y que fuera lo que Dios quisiera.

Y mil veces pienso, mientras la observo abrazada a nuestra hija, ¿y si aquel niño desenfocado hubiese sabido amar como un hombre? ¿Y si el hombre naciente hubiese sabido seguir creyendo como el niño moribundo?

Porque sigo creyendo, a pesar de la suciedad cometida, en morir a su lado. En que se muera a mi lado. En que seamos una sagrada familia. Para los nuestros. Para los que nos trajeron. Para la que trajimos. Para los que, Dios mediante, traigamos. Para siempre.

En embellecer nuestro pequeño portal, donde la estrella parece menos desquiciada, incipiente armonía reverberando desde nuestros dioses infantiles.

Para que esto se esté dando así, de esta manera, entonces… ¿fue todo necesario?

¿Realmente hacían falta nuestras odiseas?

Y lo más importante:
¿eres tú, Telémaco,
por fin?

TAMBIÉN ELLOS

También ellos rieron con cada nueva palabra que su hija de dos años aprendía a decir. También a ellos les sonrió el alma al verla correr, torpe, pero rebosante de alegría. También ellos lloraron de felicidad mientras su hija dormía tranquilamente sobre su pecho.

Ahora esperan sentados, frente a la Sala de Víctimas.

Él la abraza a ella, aunque ambos están muy lejos, en algún lugar de sus recuerdos donde quizá está la clave de la situación actual, o quizá no, o quién sabe; quizá aquello fue un error o no, está seguro de que fue un error, pero cómo no cometerlo. Que cómo hemos llegado a esto o cómo no íbamos a llegar a esto.

Su hija está ahí dentro y es lo más cerca que la han tenido en meses, porque ya no quiere estar con ellos.

Pero ellos sí están aquí. Esperando. Frente a la Sala de Víctimas.

Y entonces pasa él, escoltado por dos agentes, inflado producto de gimnasio y cocaína.

Y su hija está ahí dentro, sin querer saber de ellos, víctima de la ansiedad, la depresión, el alcohol, la marihuana, la cocaína. Víctima quizá también de ese inflado producto de gimnasio y farlopa.

Víctima de ella misma. Víctimaquizá, piensan ellos, de nosotros.

También ellos fueron los padres más felices del mundo.

Hoy me gusta el viento.
Pienso en que hace mucho tiempo que no estoy en La Coruña. Me encanta La Coruña. Me gustaría pasear por La Coruña con mi pequeña familia.

También ellos fueron los padres más felices del mundo.

Sólo la cruz ayuda a soportar el fracaso.
A veces ni siquiera la cruz ayuda a soportar el fracaso.
Lo cual es terrible, porque el fracaso es la verdad y la vida.

También ellos fueron los padres más felices del mundo.

Las bellas flores que alguien ha puesto en ese lindo balcón de la plaza.
Le doy gracias a Dios por ese alguien
que ha puesto esas bellas flores
en ese lindo balcón de la plaza.

También ellos fueron los padres más felices del mundo.

Y NO ME DEFIENDO, POR NO MOLESTARTE

Me levanto y, como todos los días, me pongo a Alsina para enterarme de cómo están las cosas. Y las cosas están como siempre.

Pero, entre el barullo de noticias repetidas, me llama la atención una, no tan común.

Vivimos saturados de peroratas públicas de nuestros representantes políticos, especialmente en el sector progresista, sobre los derechos de las mujeres. Se votan decenas de leyes de igualdad, contra la violencia de género, contra el machismo.

Asistimos a un continuo rasgado de vestiduras por los desmanes del patriarcado occidental.

Pero llega la delegación iraní  de visita a la principal institución de nuestra democracia y el único partido que se opone a que las mujeres sean tratadas como seres inferiores (o peligrosos para las frágiles virtudes de los machos iraníes) es VOX. Y (un poquito, pero sin pasarse) Ciudadanos.

Dicen fuentes del Congreso que ese protocolo de (no) saludo es típico cuando nos visitan países árabes.

Árabes.

Uno ya no sabe si la correción política les ha deconstruido el cerebro o es que son unos simples ignorantes. Este protocolo no lo ponen en marcha los países por ser árabes, sino por ser musulmanes.

Musulmanes. Repitan conmigo: musulmanes. Mu-sul-ma-nes.

Mu

sul

ma

nes.

Y los únicos que se han opuesto a que las representantes de nuestra democracia sean tratadas como seres inferiores han sido VOX y (un poquito, pero sin pasarse) Ciudadanos.

Que cada palo aguante su vela.

MIS PERLAS ACUMULADAS

Han sido tantos
los errores
acumulados
que podría hacerme un collar.

Un collar de perlas
de grandes perlas premiadas.
Así son mis perlas.
Mis perlas acumuladas.

Sé que no
lo hice bien.
Ahora sé que mal
es lo mejor que lo puedo hacer.
No pretendo arreglar
el daño que está hecho ya.
Pero por favor
ábreme la puerta hoy.
Por favor
concédeme tregua hoy.

Intenté
militar en el amor.
Deserté.
Dices que me falta valor.
Una vez más
me engañé
por querer pasar
por animal de corral.

Por animal de corral.

Un animal
es lo que soy.

Animal
es lo que soy
con un enorme collar
de perlas acumuladas.

Animal
es lo que soy
con un enorme collar
de perlas acumuladas.

Estas son mis perlas
mi collar de perlas
mis perlas acumuladas.

 

Letra de la canción Perlas, del grupo El Columpio Asesino, incluida en su disco Diamantes (2011); escrita por los hermanos Álbaro y Raúl Arizaleta.

 

DENTRO DE UN PAR DE SEGUNDOS

José observaba los meandros del río desde lo alto del cañón, de pie junto al abismo. La brisa del atardecer daba vida a los faldones de su abrigo. A su espalda, Iván y Thomas se sentaban apoyando la espalda en el tronco de un inmenso roble.

Esperaban el regreso de Abraham y Lope, que habían ido a cazar.

-¿Cuál es la diferencia fundamental entre los cristianos de las Casas y los cristianos katejónicos? -preguntó Iván, que llevaba un rato con gesto abstraído.

El viejo Thomas levantó la cabeza del libro que estaba leyendo.

-Los cristianos katejónicos -respondió- creen que los hombres y sus comunidades políticas tienen la capacidad de retrasar el Apocalipsis; es decir, el Juicio Final.

Iván volvió a quedarse pensativo. José se dio la vuelta, miró por unos breves instantes al joven y al viejo, y volvió a dirigir la mirada hacia abajo, hasta las aguas del río, donde se ahogaban los últimos rayos de sol.

-¿Y por qué quieren retrasarlo? -volvió a preguntar Iván.

Thomas enarcó las cejas.

-Buena pregunta -dijo el viejo-. Es una cuestión de cantidad, supongo. Instaurando repúblicas cristianas, creen que incrementarán el número de almas que se podrán salvar. Los estados cristianos son el katejón. Retrasan la llegada del Anticristo. Retrasan el Juicio Final. Dicen.

-¿Piensas que están equivocados? -pregunta Iván.

-Pienso que es una forma torticera de recaer en el mesianismo, en buscar la construcción del paraíso en este mundo; su mala conciencia les obliga a buscar excusas para sus ansias de poder, haciendo caso omiso de la Tercera Tentación del Desierto.

-¿Cuándo crees tú que ocurrirá el Apocalipsis? -insistió Iván.

-Cuando Dios quiera -respondió Thomas-. Pero, sin ninguna duda, cuando yo muera. Y cuando tú mueras. Y cuando José muera.

Iván miró extrañado al teólogo.

-El fin de la Creación -continuó Thomas- será un suceso que, se nos ha dicho, conllevará el inicio del Juicio universal de todas las almas que han sido; ocurrirá, por lo tanto, en un momento temporal de la historia humana -el teólogo se detuvo un momento antes de continuar-. Pero, a nivel individual, lo único que nos separa del Juicio Final, es nuestra muerte. Así que el Juicio Final puede ser dentro de un millón de años y, al mismo tiempo…

-Dentro de un par de segundos -terminó José.

Que permanecía con la mirada fija en la oscuridad creciente en las profundidades del cañón, mientras el sol de invierno se dejaba morir tras las montañas.

FUNDAMENTOS DEL PENSAMIENTO POLÍTICO CRISTIANO: LA CARTA A MAGNETO

 

 

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