MIRAD CÓMO ESTÁ HECHO EL MUNDO

por El Responsable

Me río de Dios, porque veo cómo está hecho el mundo, dice en una historia jasídica un ingenioso y venerable santo judío oriental. No se trata de un devoto dotado accidentalmente de humor, sino de un hombre que es santo sobre todo por su ironía, inseparable -en esa tradición- de la religión. La fe significa, de hecho, una confianza total en Dios, una vida tan impregnada de su presencia que puede permitirse incluso irreverencias familiares, como entre padres e hijos que se quieren. El sentido de Dios está inextricablemente fusionado con toda la persona y constituye su vitalidad, la fuerza, las raíces de la existencia; como bien sabía Kafka, que se sentía culpable por el agotamiento vital -ese enraizamiento insidioso, sobre todo para los modernos, del pecado de la melancolía, de la depresión que priva a la realidad del significado y del placer- y su desarraigo del judaísmo oriental; y que envidiaba a los que pertenecían a él con arrojada inmediatez y, a la manera de aquel buen sastre al que le reprocharon que pasara tantos meses para hacer un par de pantalones cuando al Señor le habían bastado seis días para crear el mundo, se permitían decir: Sí, pero, sinceramente, mirad cómo está hecho el mundo y cómo están hechos estos pantalones.”

Alfabetos. Ensayos de literatura, de Claudio Magris; Anagrama, 2010; pg. 234 [con unos retoques de estilo en la redacción de la traducción de mi propia cosecha].

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