EL MONSTRUO DE LA CUEVA

por El Responsable

El niño asomó la cabeza. Al parecer, en aquel local en reformas, que aspiraba a convertirse en pub, estaba su padre. Con el que nunca había hablado.

El niño intentó ver o escuchar algo, pero nada parecía acontecer en aquel interior oscuro. Su corazón palpitaba acelerado, como si se encontrara a la entrada de una cueva donde morase un monstruo mitológico. Un dragón o un minotauro.

Le acompañaba Richi, su amigo. Quien, de repente, a modo de broma, empezó a gritar el nombre del niño, para anunciar su presencia a la entrada de aquella cueva.

El niño salió corriendo, diciéndole a Richi que se callara, entre risas nerviosas.

Nada salió de la cueva.

Y el niño no volvió.

El monstruo se había escondido en aquella cueva huyendo de una casa que había confundido con una prisión. Y en su huida fue arrastrando, al interior de aquella cueva oscura, a todos los que le querían.

Cuando, mucho tiempo después, quiso salir al mundo, la luz del sol le cegó. Y, presa de la desesperación, se precipitó por el acantilado que se encontraba a escasos metros de la cueva.

Así supo el niño de la existencia de aquel acantilado.

Y de aquella cueva.

Y agarrando de la mano a su hija, que caminaba ya en su alma, rogó a Dios que le mantuviese alejado, por toda la eternidad, de aquel lugar.