El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Mes: Xullo, 2019

EL MONSTRUO DE LA CUEVA

El niño asomó la cabeza. Al parecer, en aquel local en reformas, que aspiraba a convertirse en pub, estaba su padre. Con el que nunca había hablado.

El niño intentó ver o escuchar algo, pero nada parecía acontecer en aquel interior oscuro. Su corazón palpitaba acelerado, como si se encontrara a la entrada de una cueva donde morase un monstruo mitológico. Un dragón o un minotauro.

Le acompañaba Richi, su amigo. Quien, de repente, a modo de broma, empezó a gritar el nombre del niño, para anunciar su presencia a la entrada de aquella cueva.

El niño salió corriendo, diciéndole a Richi que se callara, entre risas nerviosas.

Nada salió de la cueva.

Y el niño no volvió.

El monstruo se había escondido en aquella cueva huyendo de una casa que había confundido con una prisión. Y en su huida fue arrastrando, al interior de aquella cueva oscura, a todos los que le querían.

Cuando, mucho tiempo después, quiso salir al mundo, la luz del sol le cegó. Y, presa de la desesperación, se precipitó por el acantilado que se encontraba a escasos metros de la cueva.

Así supo el niño de la existencia de aquel acantilado.

Y de aquella cueva.

Y agarrando de la mano a su hija, que caminaba ya en su alma, rogó a Dios que le mantuviese alejado, por toda la eternidad, de aquel lugar.

Advertisements

EL SOSIEGO ACANTILADO EN YOUTUBE

Aún no tengo demasiado claro qué voy a hacer con él, pero el caso es que he abierto un canal en YouTube de El Sosiego Acantilado. Y acabo de colgar mi primer vídeo, de la visita a las Médulas que hice con mi familia el verano pasado (podéis oír a mi madre de fondo, mientras se ocupa de Ana Ofelia).

Quizá sea eso lo único que haga en el canal: colgar vídeos de lugares que me resultan especialmente bellos. O importantes.

Pero tengo otras ideas en la cabeza. Que no sé si llegarán a ser. Entrevistas, por ejemplo. O charlas de taberna (en casa) con amigos de toda la vida; o de no tanta vida, pero sí buenos amigos.

En fin, ya veremos. En cualquier caso, no será pronto. Porque las oposiciones me van a tener liado, como mínimo, hasta febrero-marzo del año que viene.

Luego, Dios dirá.

JORDAN PETERSON Y EL OBISPO CATÓLICO

Vale, vale, sí, sí… I know, Jon Snow… Me estoy poniendo un pelín pesado con el señor Peterson.

Pero es que hace diez días colgó en su canal de YouTube una conversación de hora y media con el obispo católico estadounidense Robert Barron (lo siento, pero, por ahora, sólo tiene subtítulos en inglés). Y he pensado que podría resultar de mucho interés para buena parte de vosotros.

Espero que así sea.

Y aprovecho para dejaros otra cancioncita de Los Punsetes, que sé que os hacen mucha gracia (aunque no se lo podáis contar a vuestros colegas tradis, esos que roban puro y duro de este blog, pero sin citar como Dios manda su pequeño pecadillo lector).

Un beso, amiguitos.

LA BIBLIA, LA LITERATURA, EL ARTE, LA BELLEZA

Si uno va a pasar por la vida, mejor tomársela en serio y agarrar todos los toros por los cuernos.

No sé cuántas entradas más voy a necesitar hacer sobre Jordan Peterson. Supongo que no me detendré hasta que consiga que lo incorporen a la lista obligatoria de autores a estudiar en la educación pública española; es decir, que nunca voy a dejar de colgar vídeos suyos, porque es imposible que consiga tal cosa.

En el enlace que os pongo más abajo (en el que se pueden activar los subtítulos en castellano), a partir del minuto 37 y 24 segundos, el señor Peterson inicia una reflexión sobre las palabrotas que adornan el título de esta entrada.

Sé que muchos de vosotros, furibundos antimodernos, estáis en una cruzada total contra el sentimentalismo contemporáneo. Pero yo, pobre pecador, he de reconocer que no he podido evitar llorar de alegría y agradecimiento mientras escuchaba al profesor Peterson.

Espero que también sea de vuestro interés.

LAS FELICIDADES

La felicidad se dice de muchas maneras. Y por ello es necesario matizar.

Me referiré a dos tipos de felicidad, aunque es probable que haya más. Un ejemplo del primer tipo me vino a la memoria tras sentir hace unos días una felicidad del segundo tipo; porque la peculiaridad de éste me hizo presente la extrema diferencia con respecto a aquél. Hasta el punto de resultar extraño dar un mismo nombre a ambos hechos.

Mi recuerdo me devolvió a los veinte años, sentado en los sillones de la sala Morocco. A mi lado está uno de mis mejores amigos, o quizá dos. Descansamos un momento, agotados. Delante de nosotros, a pocos metros, sigue bailando en completo estado de alegría el resto de nuestra gente; entre ellos, mi novia de aquel entonces, que ríe luminosa mientras comenta algo con una de mis mejores amigas.

No sé si les digo algo a los que están a mi lado. O simplemente nos miramos. Y lo sabemos. Todo es perfecto. La eternidad es esto.

Así se sienten los dioses.

El segundo tipo de felicidad lo sentí, como ya he dicho, hace unos días. Sentado junto a Bea y mi hija en el sofá de nuestra pequeña casa, tuve la repentina necesidad de abrazarlas a ambas a la vez. Todo parecía perfecto, como hace veinte años; pero, al mismo tiempo, o quizá justo después de esa sensación de plenitud, inmediatamente me vi angustiado por la fragilidad de todo aquello, por la extrema debilidad de aquella belleza, por la fugacidad de aquel momento, tan precioso, pero de eternidad tan exigua. Una felicidad preñada de miedo e impotencia.

Así no se sienten los dioses.

Así se sienten los mortales.

Y lloré, feliz y aterrado.

Agradecido y minúsculo.

EL INSOPORTABLE PESO DEL TIEMPO PERDIDO

Mi hermana me envía una foto.

Si no me equivoco, es del verano de 2004. Hace quince años. En algún lugar cerca de la ermita de Chamorro, en Ferrol.

Fue un viaje triste, finiquito de un amor espinoso que apenas había durado un año. Poco después de haber abandonado la militancia nacionalista, el estudio del Derecho y el proyecto vital que había articulado mi existencia durante un lustro.

A pesar de todo ello, lo que más me ha llamado la atención al ver la foto es la fuerza que aquel ser que yo era parecía albergar. Las inmensas posibilidades. Los múltiples futuros disponibles.

Parece el momento perfecto para casarse y formar una familia. Para ser padre. Con la fuerza necesaria para enfrentar todas las asperezas de una vida madura.

Pero no era eso en lo que estaba pensando. Desarbolado, aquel barco a la deriva había decidido permitirse un retorno a la adolescencia. Un nuevo comienzo, porque no tenía ni idea de por qué camino continuar.

Un par de meses más tarde, empecé los estudios de Filología Alemana. Y conocí a mi ex-mujer.

El día que me sacó esa foto una muchacha que ya no me amaba, el sol me quemó. Pasé una semana rojo como un cangrejo. Un epílogo ridículo para una de las peores épocas de mi vida. Qué poco aprendí de todo aquello. Quizá es que tampoco había demasiado que aprender.

Y qué de tiempo perdido. Qué de fuerzas malgastadas. Qué despilfarro.

Lo que pudo ser y no fue y ya no será.

Esta foto me produce una melancolía monstruosa. Pero tampoco tengo claro que las cosas hayan podido ser de otra manera. No sé si existía otra forma de alcanzar el conocimiento sobre lo que quiero ser que a través de esta existencia cuyo recuerdo, ahora mismo, me hace sufrir.

Nadie aprende en cabeza ajena, solía decir mi abuela Pacucha. Lo trágico del asunto es que esta forma de aprender suele llegar tarde.

En fin, tratemos de centrarnos en lo que aún queda por hacer, Dios mediante.

No hay tiempo que perder.

FÚTBOL

No es el fútbol algo de lo que se haya hablado demasiado en este blog, siempre centrado en cosas más elevadas (seguramente para mal); pero el ascenso de la Ponferradina a segunda división me ha llevado hoy a descubrir a Rafael Escrig, un youtuber experto en el fútbol modesto español.

Él mismo hincha del Castellón, histórico equipo venido a menos (tiene un vídeo muy chulo sobre el ascenso del año pasado a segunda B), su linda pasión me ha hecho recordar mis primeros partidos en el vetusto Manolo Rivera, cuando pagaba veinte duros para ver al Racing de Ferrol jugar en tercera división. Eran las cien pesetas que me daba mi madre de paga semanal y me las gastaba para ir solo al estadio, que estaba a doscientos metros de mi casa (de hecho, desde nuestras ventanas se veía uno de los córners). Me sentaba en las gradas de cemento, en escasa compañía, y sufría (era lo más normal) con las cuitas de mi equipo en sus enfrentamientos con el Lalín, el Arosa, etc., etc.

También he vivido buenos momentos (este año, por ejemplo, el Racing ha regresado a segunda B): como aquel ascenso a segunda división que viví en el estadio de A Malata ante el Ceuta. Nunca olvidaré el abrazo que me di con un señor gordo que estaba sentado a mi lado, al que no conocía de nada, cuando Pablo marcó de penalti el segundo gol del Racing.

Con el paso de los años, mi gusto por el fútbol ha llegado casi a desaparecer. Cosa extraña para alguien que se planteaba, a los 16 años, dedicar su vida a animar al Atlético de Madrid, club al que sigo profesando un amor metafísico. Algún día contaré la historia de cómo se hizo del Atleti aquel chaval ferrolano, si es que no la he contado ya; que también puede ser.

El caso es que hoy he descubierto a Rafael Escrig y me apetecía dároslo a conocer.

Hay algo profundamente verdadero en los hombres de entretenimientos sencillos. Un saber vivir que en no pocas ocasiones envidio y echo de menos.

Y es que había pocas cosas mejores que ver un partido de fútbol con los amigos de uno.

Ese fútbol de taberna y cuadrilla que aún se vive en los clubes modestos que no han perdido la escala humana.

Quod Vidimus

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

The Wanderer

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

En Compostela

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

De libros, padres e hijos

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

Al Servicio de su Majestad

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

plan zeta

apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino