LA CULPA DE TODO LA TIENE LA HERENCIA JUDEOCRISTIANA

por El Responsable

Leyendo artículos sobre el suicidio de la trabajadora de IVECO, me encuentro con este comentario de un experto en derecho digital: Nuestra sociedad es heredera de una cultura judeocristiana en la que la sexualidad de las mujeres no está bien considerada y la perspectiva social es distinta para ellas y ellos. A unas se las machaca y a otros se les jalea.

Tras el pasmo inicial, trato de buscarle sentido a lo dicho por el experto. Si no me equivoco en la traducción, la suicida sería una heredera judeocristiana; sólo heredera, se entiende, porque de ser judeocristiana plena no se habría grabado a sí misma en actitud pornográfica; pero sí lo suficiente como para que, una vez difundido el vídeo en cuestión, haya sentido la presión insoportable de todo el atavismo proveniente de su oscura herencia. La cual la habría cargado con un excesivo sentimiento de culpa y vergüenza.

Ergo, de no ser por esa herencia, a la mujer le daría absolutamente igual que el vídeo se difundiese, y ahora mismo seguiría viva.

Para empezar, hay que dejar claro que aún se desconocen muchos datos sobre el caso en cuestión. Al parecer, la mujer no quería que el marido se enterase de que el vídeo se había hecho de dominio público. El marido se enteró el viernes; ella se mató al día siguiente. Desconocemos el contenido del vídeo, aunque algunas informaciones hablan de que la mujer salía sola en él; es decir, se masturbaba. Desconocemos quién lo compartió en WhatsApp; se habla de una anterior pareja de la suicida, pero también es posible que lo hiciese ella misma por error. Desconocemos el estado de la relación entre la mujer y su marido. Desconocemos, en definitiva, los secretos de la vida sentimental de la suicida.

Herencias aparte, si uno no tiene demasiadas ganas de que nadie le vea masturbándose, especialmente en esta era telemática, lo más práctico es que no se grabe a sí mismo haciéndolo. Mucho menos, que después le envíes el vídeo a alguien. Aunque, claro, si no es para enviárselo a alguien, ¿para qué diablos te vas a grabar masturbándote? Salvo que seas el mismo Narciso reencarnado. Que, la verdad, bien pensado, tampoco es que escaseen.

Pero volvemos a lo de siempre. Y ya aburre. La Era de las Liberaciones no sabe vivir a la altura de sus propios preceptos. Y entonces le echa la culpa al moribundo, lo cual no deja de ser irónico. Al parecer, la vergüenza la inventó el judeocristianismo. Debieron de ser judeocristianos los que le afearon a Diógenes que se masturbase en público por las calles de Atenas unos tres siglos y medio antes de que crucificasen a Cristo; los que le dijeron que esas cosas era mejor hacerlas en casa.

Y es que la relación de sexo e intimidad merece una discusión más profunda que la ofrecida por los expertos en derecho digital.

Pero la época sigue a lo suyo: banalizar el trato con dioses y demonios.

El resultado, en este caso, es el siguiente: cinco años después de grabarse a sí misma masturbándose, sus dos hijos se quedan sin madre.

Pero ya saben, la culpa de todo la tiene Yoko Ono.

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