El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Mes: Febreiro, 2019

GRACIAS

¿Por qué sigo escribiendo aquí?

Es una buena pregunta para la que no tengo una respuesta clara.

La verdad es que este blog es lo más parecido que he sentido nunca a tener una vocación. Más necesidad que placer. Pero muchas veces, sí, placer. Aunque otras, quizá no pocas, dolor, rabia, confusión.

Alguna vez he pensado en dejarlo. Sí, claro. Ni una ni dos.

No busco interacción. No me gusta discutir. Con otros. Porque me paso el día discutiendo conmigo mismo. Con esa discusión basta.

Pero ocurren cosas bellas. Con este blog. Gente que lo sigue leyendo, a pesar del suicidio del superhéroe católico que lo habitaba al principio. Me gusta que me siga leyendo gente que sabe lo pequeño que soy.

Y el caso es que hoy me siento muy agradecido por esa fidelidad. Paseo por las calles de esta pequeña ciudad de provincias, descansando del estudio y del trabajo, a cientos de kilómetros de mi compañera, de mi hija y de mi madre, y lo hago feliz. Agradecido. Acompañado.

Y nada. Os quería agradecer, a esos pocos que me seguís acompañando, en este pasatiempo que, quizá, algún día, lea mi hija.

Y pensar eso es tan increíble. Nuevos agradecimientos me nacen en el alma. Y sentido de la responsabilidad.

Mira, hija, así fui aprendiendo a vivir. Tú también, haz lo que puedas.

Y a todos vosotros, gracias por estar ahí.

Que Deus vos teña no seu colo.

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LA PUERTA DE LA CIUDAD

En la puerta de la ciudad se abandonaban cadáveres y bebés recién nacidos.

Trabajar en la sala de vistas de un juzgado es vivir atrapado en una eterna repetición de Rashomon.

Sin necesidad de mentir, cada testigo ofrece tal diversidad de matices que uno sólo puede concluir que hay pocas cosas en el mundo más complicadas que la verdad.

La historia de nuestra existencia individual determina tanto nuestras miradas y entendimientos que a veces resulta imposible creer que dos personas estén hablando del mismo hecho.

Nada más tortuoso que el corazón humano y no tiene arreglo: ¿quién puede penetrarlo?

Mientras tanto, a las puertas de la ciudad se siguen acumulando muertos y niños abandonados.

Y niños muertos. Y muertos aún ni siquiera niños. Y niños violados. E infancias destruidas. Y cadáveres de fes.

Y Dios parece haber decicido hacer uso de los tribunales seculares para limpiar su casa, visto que sus sacerdotes han aprovechado la jerarquía institucional para institucionalizar el pecado.

Aprovechemos mientras se siga teniendo claro que está mal. Aunque no siempre ha sido así. Y quizás algunos (¿como se insinúa en Doubt?) ya prevén el retorno a un pasado mejor: aquellos maravillosos siglos griegos en los que bellos y poderosos ciudadanos protegían y educaban a hermosos adolescentes, ayudándoles a promocionarse en sociedad y preparándolos para grandes responsabilidades políticas y militares.

En realidad, es tan clásico lo que sucede en la Iglesia Católica actual…

Todos tienen su verdad, todos cuentan su verdad en el juzgado. Y quizá ninguno mienta. Quizá todos estén equivocados.

Dice el chiste: cuatro polacos, cinco opiniones.

Y en la puerta de la ciudad se amontonan los cadáveres de viejas verdades y se abandonan revoluciones recién nacidas.

Pero, ¿tan difícil es saber dónde está el bien? No creo.

El bien es un leñador, padre de seis hijos, que se lleva a casa un recién nacido abandonado, para criarlo como si fuera suyo.

A cambio de nada.

FURIA

Como un montaraz entre la niebla, el caballero se acerca desde el horizonte, desde la frontera del mundo.

Y en el mundo sólo están su caballo y él.

Pero cuando obliga a su montura a girar, cuando obliga a la cámara a moverse, como si estuviésemos asistiendo a la encarnación de un ideal estático en la sucia historia humana, vemos que el caballero sobre un hermoso caballo blanco es un oficial de la Alemania nazi.

Y le vemos cabalgar entre los restos ardientes de las máquinas de guerra modernas. Entre los despojos industriales de las ciencias físicas y químicas, entre los resultados del progreso tecnológico, entre los éxitos de la Era de la Razón.

Y desde las sombras, un habitante de las máquinas, un hombre criado entre aceros y motores, se abalanza sobre el caballero y lo mata clavándole su cuchillo en el ojo.

Y este hombre moderno, hijo de su tiempo, se acerca al caballo blanco, y lo acaricia para tranquilizarlo. Hay profundo amor y profunda tristeza en sus caricias. Finalmente, el conductor de tanques empuja al caballo blanco para que se aleje del campo de batalla.

Resignado, lo ve marchar.

No intenta montarlo. No intenta ser lo que no puede ser. Sabe dónde está la verdad, sabe dónde está la belleza. Y sabe que no es tiempo para esa verdad, para esa belleza. Es tiempo de furia y tanques. De ruedas y gasolina. De morir y matar en el mundo de la razón mecánica, en el mundo de los románticos que justifican el infierno que crean porque pretenden ser caballeros magníficos sobre bellos caballos blancos.

Pero el auténtico amor al caballo blanco quizá sea, precisamente, dejarlo marchar. Resignarse a saber que su reino no es de este mundo.

Y no mezclarlo en nuestras luchas cotidianas. Entre los resultados del progreso tecnológico, entre los éxitos de la Era de la Razón.

LA FUERZA DE LOS PIES DE MAMÁ

No huir de la tribulación; abrazarla, como camino de perfección; superarla, fuente de auténtica felicidad.

A riesgo, por supuesto, de que la tribulación te lleve. De perder vida y razón en el intento.

La esencia de la verdadera aventura.

Ayer salió Mamá en la tele. Y Ana Ofelia gritaba emocionada al reconocer sus dibujos.

Dibujos robados al sueño, a la lejanía del compañero, a la exigente maternidad del hipercapitalismo contemporáneo.

Pero aquí sigue esta pequeña familia, haciendo camino con la fuerza de sus pies, a pesar de todos los pesares.

Con la ayuda de Dios.

 

http://alacarta.aragontelevision.es/programas/aragon-en-abierto/viernes-1-de-febrero-01022019-1800

(a partir de 1:18:00)

 

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