MAÑANA

por El Responsable

Ramiro de Mar afiló su cuchillo.

Limpió su pistola. Limpió su otra pistola. Las cargó.

Desmontó su escopeta. La volvió a montar. La cargó.

Miró el crucifijo de su madre que presidía la pequeña mesilla de noche.

Miró hacia otro lado. Lo volvió a mirar.

Se arrodilló ante el crucifijo. Rezó.

Ramiro de Mar se acostó, pero no durmió en toda la noche.

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