LA SALA C

por El Responsable

No sé qué día es hoy, exactamente. Tampoco tengo muy claro cómo he podido perder la cuenta de los días, teniendo en cuenta que llevo un diario. Pero el caso es que no sé qué día es hoy, exactamente.
Así que no recuerdo cuándo fue domingo por última vez. Quizá hoy sea domingo. No lo sé. He perdido la cuenta de los días. Aunque llevo un diario.
Me repito. No tengo nada que contar, la verdad. Hoy no han intentado entrar, sólo eso.
Sigo metiendo los libros en la Sala C.

Hoy tampoco han intentado entrar, gracias a Dios.
Sigo metiendo los libros en la Sala C, gracias a Dios.

Apenas queda comida ya.
¿Cuánto tiempo hará desde mi última comunión? No lo sé. He perdido la cuenta de los días. A pesar de llevar un diario.
Hoy se acercó un grupo, los vi desde la ventana de la Sala H. Pero un humanoide los mató a todos. Después el humanoide se fue volando. Tenía alas, el humanoide. Como si un ángel del Señor me ayudase a proteger estos libros. Sí, el Señor me ayuda a conservar su Verdad y su Belleza.

No es suficiente, Vincent, no es suficiente.
No es suficiente. Y basta. Hay que erradicar. Hay que eliminar. Hay que quemar el Mal.
No todo merece ser conservado. Que sólo sobreviva lo que glorifique a Dios. Sólo eso.
Para el resto, fuego.

Hoy han intentado entrar. Por el aire acondicionado. Gasté mi última bala. Pero lo que sea se quedó inmóvil dentro del conducto. Y sangró. La sangre se derramó encima de algunos libros bellos y buenos. Pero lo que sea ya no se mueve.
Me he encerrado en la Sala C.
Apenas queda agua. Aún recuerdo el día de mi bautismo. El día más bello de mi vida.
Que Dios me ayude a conservar su Palabra.

Pater Nost

Extractos de los diarios de San Vicente Bibliotecario [NHA 34-36]

“Y se oyó un clamor inmenso en Egipto”, de Arthur Hacker (1897)

Advertisements