LA ENTRAÑABLE AMISTAD ENTRE UN HOMBRE Y UNA MUJER (HETEROSEXUALES)

“Antes de terminar este capítulo debo pedir permiso para intercalar una intimación en el seno de mi buen lector; –y que es ésta:—–que no ha de darse enteramente por sentado, a raíz de una o dos palabras desprevenidas que se me han escapado,—-‘que soy casado’.—Reconozco que la cariñosa expresión ‘mi querida, mi queridísima Jenny’,–junto con algunas otras muestras de conocimiento de la vida conyugal diseminadas aquí y allá, podrían (y habría sido bastante natural) haber inducido al juez más imparcial del mundo al error de tomar semejante determinación en contra mía. –Lo único que pido en este caso, señora, es estricta justicia y que usted me haga tanta a mí como a sí misma–no prejuzgándome ni sacando acerca de mí la menor conclusión de este tipo hasta no tener una evidencia mayor de la que, estoy seguro, en estos momentos puede encontrarse en contra mía.–No es que yo sea tan vano e irrazonable, señora, como para desear que usted piense, en consecuencia, que mi querida, mi queridísima Jenny es mi manceba o concubina;–no,–eso sería halagar a mi personalidad por el extremo contrario y atribuirle un cierto aire de independencia al que tal vez no tenga ninguna clase de derecho. Lo único que pretendo es la absoluta imposibilidad de que ni usted ni el espíritu más penetrante de la tierra logren saber, a lo largo de varios volúmenes, cuáles son los verdaderos términos de esta relación.—No es imposible que mi querida, ¡mi queridísima Jenny!, cariñosa como es la expresión, no sea sino mi hija.—–Considere usted—que yo nací el año dieciocho.–Y tampoco hay nada monstruoso ni de extravagante en la suposición de que mi querida Jenny sea simplemente amiga mía. — —¡Amiga!— —Amiga mía.—Sin duda alguna, señora, la amistad entre personas de distinto sexo puede subsistir y mantenerse sin—- –¡Vamos, Mr Shandy!—-sin nada más, señora, que ese tierno y delicioso sentimiento que siempre se desliza en las amistades en que hay diferencia de sexo. Permítame rogarle que estudie usted las partes más puras y sentimentales de los mejores Romances franceses;–realmente le sorprenderá ver, señora, con qué variedad de expresiones castas se reviste a este delicioso sentimiento del que tengo el honor de hablar.”

La vida y las opiniones del caballero Tristram Shandy, de Laurence Sterne; Alfaguara, 2017; pgs. 44-45.

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