SIMOU

por El Responsable

Ada escribía en un cuaderno, sentada en uno de los extremos de la gran mesa de la cocina. Su padre, sentado en la otra punta, leía un papel arrugado, mientras fumaba su pipa con cierta ansiedad.

Se abrió la puerta que daba al huerto y apareció Lope enfundado en un abrigo impermeable que goteaba sobre el suelo. De fuera llegaba el sonido de la lluvia.

Los hermanos se miraron fijamente un momento. Ada corrió a abrazar a su tío a modo de saludo, mientras se retiraba la capucha empapada de la cabeza.

-¿Ya hiciste tus deberes? -preguntó Lope a su sobrina.

-Sí -contestó la niña-. Ahora estaba escribiendo una redacción para la clase de Historia. Sobre la Caída.

-Muy bien. Sigue con ello, entonces -dijo Lope, mientras se acercaba a la mesa y se sentaba junto a su hermano.

Sacó su pipa y la cargó. Su hermano se acercó a la chimenea con un pequeño trozo de madera y lo dejó al alcance de las llamas hasta que empezó a arder. Volvió a la mesa y ayudó a su hermano a encender la pipa.

-¿Has ido? -preguntó a Lope.

Éste asintió con la cabeza.

-Tu ausencia volvió a llamar la atención -dijo a su vez Lope.

Su hermano volvió a mirar el papel arrugado.

-Es un error. Es demasiado arriesgado.

Lope miró a su hermano, que seguía con los ojos fijos en el papel. El papel temblaba ligeramente.

-La Casa ya ha decidido, Luis.

-Santiago ha decidido, querrás decir -Luis se levantó nervioso y empezó a dar vueltas por la cocina.

Lope miró a su sobrina, que contemplaba la escena, en silencio, con el lápiz aún agarrado en su mano derecha; a punto de escribir, pero sin hacerlo.

-Ada, vete a tu habitación -dijo Lope.

La niña recogió sus cosas y se marchó, no sin antes echar una última mirada a su padre, que se había quedado hipnotizado ante el fuego de la chimenea. Tras escuchar el sonido de la puerta al cerrarse, Lope continuó hablando.

-Santiago ha preguntado. Santiago ha escuchado. Santiago ha decidido.

Luis bufó.

-¿Irá él? -preguntó.

-No, iré yo -respondió Lope-. Él es el Señor de esta Casa, no le corresponde ocuparse de estas cosas.

Luis miró a su hermano. Tomó una buena cantidad de aire y volvió a sentarse.

Tamborileó con los dedos en la mesa. Miraba a sus dedos y a su hermano alternativamente. Lope fumaba y esperaba.

-Esto es demasiado arriesgado. No nos conviene llamar la atención del Mundo. Hasta ahora, hemos conseguido que nos deje en paz.

Lope miró a su hermano un momento a los ojos. Apartó la pipa de la boca, la vació y la limpió con parsimonia. Se levantó y se preparó para volver a salir a la lluvia.

-Luis, del Mundo sólo se sale muerto -dijo, mientras se subía la cremallera del impermeable-. Me voy mañana. Pasaré antes a despedirme.

Ada, desde la rendija que dejaba la puerta de la cocina que había vuelto a abrir a escondidas, vio cómo se marchaba su tío. Y cómo su padre volvía a quedarse absorto mirando el fuego.

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