LA OBRA ERA ESTO

por El Responsable

…los hombres -ahora y desde el principio- comenzaron a filosofar al quedarse maravillados ante algo, maravillándose en un primer momento ante lo que comúnmente causa extrañeza y después, al progresar poco a poco, sintiéndose perplejos también ante cosas de mayor importancia, por ejemplo, ante la peculiaridades de la luna, y las del sol y los astros, y ante el origen del Todo. Ahora, bien, el que se siente perplejo y maravillado reconoce que no sabe (de ahí que el amante del mito sea, a su modo, amante de la sabiduría: y es que el mito se compone de maravillas).

Metafísica, de Aristóteles; Libro primero, 982b 12-20; Gredos, 1994; pgs. 76-77.

La obra era esto.

Este cajón de sastre.

Esta incapacidad para la novela clásica, para el relato canónico. Para el mero ensayo. Para la simple teología. Este tocar todos los palos y romperlos todos. Esta ideología de género literaria.

Esta brevedad, más perezosa necesidad que aforística virtud.

Este yo y esos otros yoes y esos otros otros. Los disfraces y máscaras. Los personajes que me pongo. Los héroes que no soy. Las verdades, las mentiras, las contradicciones.

Las citas, las opiniones, los insultos y los abrazos. Las traiciones (muchas) y fidelidades (pocas). Las caídas y subidas.

Mi vida (y las vuestras), a cachos. A escondidas.

Tantas entradas escritas. Tantas entradas borradas. Todo parte del montaje final. Y aquí dirijo yo, mal que nos pese.

Cada vez más, si cabe, perplejo y maravillado. Amante aún del saber, amante siempre de los mitos. Amante del contar, en casi cualquier forma en que se presente. Mientras intente ser un contar verdad.

Esta obra cuyo único hilo de sentido, quizá, sea este mero continente virtual que lo amontona caótico y confuso, en lineal diacronía.

Y que, al igual que el magnífico Chris, sólo puede aseverar que viene de atrás y que va hacia adelante.

Advertisements