NO ES FÁCIL SER

por El Responsable

La millonaria estrella del porno fue al programa de la millonaria estrella de la televisión para contarle que su hijo de diez años por fin había podido cambiar su nombre en el Registro Civil. Ahora se llama Violeta.

Debe de ser un profundo sufrimiento sentirse asqueado del cuerpo que uno es. Porque el ser humano no existe más allá de su cuerpo (aristotelismo básico). La época ha puesto al alcance de estos seres dolientes las posibilidades tecnológicas de transformación.

Pero el dolor por la apariencia física no es sólo asunto de transexuales. La lucha estética contra el envejecimiento que libran cada día millones de occidentales (sobre todo mujeres) es otra faceta de ese dolor ante lo que uno es: un cuerpo que envejece y, normalmente, se afea.

No sabemos las razones que pueden llevar a un niño a sentirse tan mal con su propio cuerpo. De dónde nace su deseo de querer tener un cuerpo de niña. Esas respuestas sólo las tiene él. Y quizá ni siquiera él pueda acceder a ellas. A la época ya le parece mal incluso la búsqueda de razones. La inquisición. Sucede porque sí. Es normal que sucedan estas cosas. La identidad es una construcción meramente cultural.

La época ha decidido que la mejor solución es la transformación. La metamorfosis. No ser niño. No ser mujer. No ser viejo. Ser algo distinto. Ser lo que uno quiere. Aparentar que uno produce espermatozoides. Aparentar que uno tiene veinte años menos.

Un juego de máscaras, muy caro, que al parecer calma el dolor. Y si no lo calma, la época cada vez ofrece un mejor soma.

Hay otro camino. Para el que quiera tomarlo. Tratar de acomodarse a lo que uno ha recibido. Ser plenamente lo que uno es. Un hombre que envejece y muere.

Pero no es fácil. No lo es. Por eso siempre caemos en las tentaciones que los titanes nos ofrecen. Porque no es fácil ser hombre, envejecer y morir.

No es fácil ser.

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