VENERADO DIOS LAR

por El Responsable

Bea me dio a conocer esta bella ilustración de Snezhana Soosh y yo no pude evitar pensar en mi abuelo.

Mi abuelo José, el redero, sólo pudo conocer recién nacido a su único hijo, Juan Agustín, el tercero.

Los nacimientos de sus tres hijas siempre le cogieron de marea. A la que más tardó en conocer fue a la última, Juana, mi madre. Casi cinco meses contaba ya. El parto le pilló en Sudáfrica.

Pienso mucho en mi abuelo, últimamente. Y en toda su generación. Sus vidas repletas de sacrificios, a los ojos de esta contemporaneidad floja y ridícula, alcanzan la estatura de heroicidades.

Pienso en él y le ruego, venerado dios lar, que me transmita una mínima parte de su reciedumbre. Porque a su nieto también le ha tocado una paternidad viajera. Y no deja de formar parte de esta contemporaneidad floja y ridícula.

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