El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Mes: Abril, 2018

ALLÍ NO SE DIVERTÍA NADIE

Destacó los efectos del alcohol en todos los participantes y señaló que, a su juicio, bajo una imagen de aparente diversión cree que allí no se divertía nadie.

Sobre la declaración como perito del psiquiatra Alfonso Sanz Cid, en el voto particular del Magistrado Ricardo Javier González González a la sentencia sobre el caso de La Manada, pg. 291.

No es de extrañar que a este Magistrado le expedientaran en su día por su tardanza a la hora de dictar resoluciones. De las 371 páginas que componen el texto de la sentencia, 238 pertenecen a su voto particular.

De su lectura uno saca la sensación de un detallismo casi neurótico; algo que, en este asunto, no puede ser visto sino como una virtud. Su capacidad para destruir los razonamientos de sus colegas de Sección es abrumadora.

Sin embargo, apenas presta atención a un elemento al que sus compañeros sí dan mucha importancia. Y realmente creo que la tiene. Aunque quizá no para confirmar, como a ellos les gustaría, que haya existido una violación o ni tan siquiera un abuso sexual.

Hablo del hurto del móvil de la supuesta víctima por parte del Guardia Civil Antonio Manuel Guerrero. Según los dos magistrados que han redactado la sentencia, lo hizo para impedir que ella pudiera pedir socorro. Las circunstancias, sin embargo, hacen ridícula tal explicación. Al salir a la calle, podía haber pedido ayuda a cualquier persona.

¿Por qué llevarse el móvil, entonces? El Magistrado autor del voto particular no plantea ninguna explicación.

Para mí no deja de ser un misterio. Es un acto que sólo parece mostrar desprecio. Antonio Manuel Guerrero grabó 6 de los 7 vídeos (todos, salvo el que grabó Alfonso Jesús Cabezuelo) y sacó las 2 fotografías de los actos sexuales. Sólo fue objeto de una felación, no realizó ninguna de las penetraciones. Fue más un observador que un participante.

Los dos Magistrados redactores de la sentencia hacen mucho hincapié en que la supuesta víctima fue tratada como un mero objeto con el que saciar instintos sexuales. Y el hurto del móvil parece demostrar tal hecho. Pero tratar como un objeto a otra persona con la finalidad de satisfacer un deseo sexual no es delito. De hecho, es algo cada vez más común y asumido en el mundo en el que vivimos.

El caso es que la acción de Antonio Manuel Guerrero va un paso más allá. Pero, ¿por qué? ¿Qué necesidad hay de hacer sentir mal a alguien que, al parecer, te ha proporcionado placer y diversión? Es como si el propio consentimiento de la muchacha le molestase. Como si quisiera destruir el único resto de exigua humanidad que hubiese podido haber en su encuentro. Como si se arrepintiese de no haberla violado, como si quisiese dejar claro que no la considera una igual. Como si no hubiese acontecido nada que agradecer.

Es curioso el peso que parece tener la desaparición del móvil en la reacción de la mujer. El Magistrado autor del voto particular casi llega a plantear la posibilidad de que es precisamente el hurto del móvil lo que saca de quicio en un primer momento a la muchacha, como colofón a la toma de conciencia repentina de todo el desastre ocurrido.

La constatación de que no ha vivido nada que merezca la pena recordar. Que no es algo que le vaya a apetecer contar a nadie. Que de hecho, se siente mal. Muy mal.

Que, al contrario de lo que la época les había prometido a todos ellos, allí no se divertía nadie.

NO ES FÁCIL SER

La millonaria estrella del porno fue al programa de la millonaria estrella de la televisión para contarle que su hijo de diez años por fin había podido cambiar su nombre en el Registro Civil. Ahora se llama Violeta.

Debe de ser un profundo sufrimiento sentirse asqueado del cuerpo que uno es. Porque el ser humano no existe más allá de su cuerpo (aristotelismo básico). La época ha puesto al alcance de estos seres dolientes las posibilidades tecnológicas de transformación.

Pero el dolor por la apariencia física no es sólo asunto de transexuales. La lucha estética contra el envejecimiento que libran cada día millones de occidentales (sobre todo mujeres) es otra faceta de ese dolor ante lo que uno es: un cuerpo que envejece y, normalmente, se afea.

No sabemos las razones que pueden llevar a un niño a sentirse tan mal con su propio cuerpo. De dónde nace su deseo de querer tener un cuerpo de niña. Esas respuestas sólo las tiene él. Y quizá ni siquiera él pueda acceder a ellas. A la época ya le parece mal incluso la búsqueda de razones. La inquisición. Sucede porque sí. Es normal que sucedan estas cosas. La identidad es una construcción meramente cultural.

La época ha decidido que la mejor solución es la transformación. La metamorfosis. No ser niño. No ser mujer. No ser viejo. Ser algo distinto. Ser lo que uno quiere. Aparentar que uno produce espermatozoides. Aparentar que uno tiene veinte años menos.

Un juego de máscaras, muy caro, que al parecer calma el dolor. Y si no lo calma, la época cada vez ofrece un mejor soma.

Hay otro camino. Para el que quiera tomarlo. Tratar de acomodarse a lo que uno ha recibido. Ser plenamente lo que uno es. Un hombre que envejece y muere.

Pero no es fácil. No lo es. Por eso siempre caemos en las tentaciones que los titanes nos ofrecen. Porque no es fácil ser hombre, envejecer y morir.

No es fácil ser.

PROFUNDAMENTE OSCURO, CASI ATERRADOR

‘Don’t kill us,’ he wept. ‘Don’t hurt us with nassty cruel steel! Let us live, yes, live just a little longer. Lost lost! We’re lost. And when Precious goes we’ll die, yes, die into the dust.’ He clawed up the ashes of the path with his long fleshless fingers. ‘Dusst!’ he hissed.

The Lord of the Rings, de J.R.R. Tolkien; HarperCollins, 2007; pg. 944.

Las películas han incorporado una falsa luz al recuerdo de mi primera lectura de El Señor de los Anillos.

Mi recuerdo era profundamente oscuro, casi aterrador. Nunca pude olvidar, desde aquella primera lectura a los 11 años de edad, la escena de las cabezas siendo catapultadas dentro de Minas Tirith.

Y nunca pude olvidar a Gollum. Porque mi mente infantil había establecido una conexión directa entre este personaje y otros que había visto por las calles de Ferrol: Gollum me permitió empezar a entender qué era un yonqui. Y por qué actuaban como lo hacían. Comprendí que eran seres dignos de compasión. Y, al mismo tiempo, extremadamente peligrosos.

Que en un pasado habían sido como yo. Niños repletos de sueños e ilusiones. Y que ahora les resultaba casi imposible recuperar la voluntad que habían entregado al poder de la heroína.

Tolkien, sin tener la más mínima idea del desastre que iba a provocar el consumo masivo de drogas, me regaló una explicación de esas almas perdidas, mucho más acertada y útil que cualquier análisis de sociólogos o psicólogos supuestamente expertos en el tema.

Tolkien creó eso que es objetivo y fin de la literatura: personajes verdaderos, sea cual sea la época y el lugar del lector.

Nunca podré enfadarme lo suficiente con aquellos que menosprecian la obra de Tolkien. Enfadarme o compadecer.

Me he puesto a pensar en esto, porque yo también querría transmitir esa comprensión del mundo a través de mi escritura. Que mis personajes no quedasen anclados a una época, que pudieran vivir en todas.

Y que, aunque el recuerdo que dejen sea oscuro, casi aterrador, sirva para insistir en arrastrarnos hasta el Monte del Destino y arrojar allí nuestros anillos. Siempre conscientes de que nuestras propias fuerzas no bastarán.

De que quizá necesitemos un Gollum cerca con el que pelearnos, para que nos derrote en lo peor, y así triunfar.

LA MANADA DE GREY

…hablo de las lectoras, de mediana edad, que habían empobrecido su sexualidad y que gracias a esta propuesta de relación sadomasoquista de baja intensidad se han permitido fantasear con un hombre que está desapareciendo, que es el hombre que tiene poder sexual…

El hombre con poder sexual. Desaparece.

Y las mujeres lo echan de menos.

Este curioso análisis del psicólogo clínico, sexólogo y terapeuta de pareja Antonio Bolinches lo he podido leer en este artículo del pasado febrero, publicado aprovechando el estreno de una nueva película basada en los libros de la saga erótica 50 sombras de Grey, éxito editorial sin precedentes (incluyendo el récord histórico mundial de descargas en su versión como libro electrónico), sobre todo entre mujeres.

En esta semana de manadas, uno ya no sabe qué manada le produce más asco.

Yo reconozco mi perplejidad. La bipolaridad de nuestro siglo resulta un fenómeno misterioso en sí mismo. Un nivel de desquiciamiento tal explica, de suyo, los crecientes datos de consumo de antidepresivos.

Un compañero de trabajo me contó una anécdota esta semana. Un marroquí había violado a una mujer y por tal hecho había sido detenido y juzgado. Y finalmente sentenciado a sus correspondientes años de cárcel.

El tipo se fue al trullo convencido de que no había hecho nada malo -me dijo mi compañero.

Desde sus parámetros culturales, el marroquí consideraba que al haber aceptado irse con él a la orilla de un lago cercano, la mujer tenía que someterse a sus deseos, ya evidentes por el mero hecho de irse los dos a un lugar apartado. Así que, posteriormente, ella no tenía ningún derecho a negarse a tener relaciones con él.

Mi compañero me contó que el juez, que provenía de la jurisdicción militar, estuvo a punto de perder los nervios con el tipo durante el juicio.

Reacciones parecidas tuvieron los miembros de la manada durante el suyo, incapaces también de entender que hubiesen hecho algo malo. Desde sus parámetros culturales, esa muchacha realmente estaba deseando ser follada por 5 hombres de tan gran poder sexual; algo que, según se dice, está desapareciendo de nuestra sociedad, con gran pena de las mujeres.

Algún mínimo remordimiento debió de sentir al menos uno de ellos, el que robó el móvil. O quizá fuera el acto culminante de sometimiento. De poder sexual. De sadismo.

Y así vamos. Las mujeres de nuestra civilización moribunda deseando que el poder sexual las someta, las mujeres de nuestra civilización moribunda en shock cuando el poder sexual las somete.

Detalle de ‘El sueño de la mujer del pescador’, de Katsushika Hokusai (1814)

LITERATURA ADMINISTRATIVA III

Lo tonto no está en criticar el medio en que se vive, está en pensar que todo medio no merece vituperación semejante.
La crítica que no llega al corazón podrido del hombre resulta pronto ingenua.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 1186.

“En lo que atañe al análisis del audio de este vídeo, apreciamos que al comienzo del mismo entre los segundos 00:00 a 00:07 y en coincidencia con la acción que acabamos de describir de Jesús Escudero se escuchan sonidos de golpes secos, cortos y rápidos solapándose con otro registro de sonido de fondo consistente en gemidos y jadeos con tono de voz femenino. A la vez que suenan estos golpes se oye una voz masculina que no puede ser individualizada, que dice ‘sshhh, tranquilo, tranquilo, tranquilo’ y otra dice ‘un poco más flojito tú, coño’. En el intervalo de comprendido entre los segundos 00:07 a 00:24 se escuchan registros de sonido de respiraciones y gemidos; en concreto registros de sonido de varón, con expresiones ‘ven aquí’ ‘hala, hala‘; ‘a ver illo vamos a organizarnos… me la ha chupado dos veces‘. En el intervalo de tiempo comprendido entre los segundo 00:25 a 00:27 se escucha un registro de sonido de un varón, que dice ‘chupa aquí, mira, ven‘, coincidiendo este registro, con la actuación de José Ángel Prenda que hemos reflejado anteriormente.

En el intervalo comprendido entre los segundos 00:29 a 00:32 se escucha un registro de sonido de un varón, que dice ‘Quita quillo, espérate, no la levantes tanto, chupa ahí

Durante esta secuencia, la denunciante permanece en todo momento con los ojos cerrados, observamos un enrojecimiento en sus pómulos, no se produce ningún dialogo , ni intercambio de palabras con los procesados.

Se muestra ausente y durante la mayor parte del tiempo exterioriza una actitud pasiva; apreciamos que en ningún momento adopta ninguna iniciativa para la realización de actos de contenido sexual. En algunas secuencias, comprobamos que alguno de los procesados le agarran del pelo por la parte superior de la cabeza, así en concreto : en el segundo 00:32, visualizamos como una mano le agarra del pelo en este momento se observa como un pene está parcialmente introducido en la cavidad bucal de la denunciante; a continuación en el segundo 00:33, se aprecia como el pene sale de la boca. Entre los segundos 00:36 a 00:39 , es decir ya a la finalización de vídeo se observa un primer plano de una mano que agarra el pelo a la denunciante.”.

Sentencia 38/2018 dictada en el Procedimiento Sumario Ordinario 426/2016 de la Sección 2ª de la Audiencia Provincial de Navarra; pgs. 70-71.

CEREMONIA

“Debajo de nosotros, al otro lado del camino, se hallaba la ermita de Tenju. Un sendero de losas cuadradas cuyos ángulos se tocaban corría sinuoso a través de un jardín con plantas muy simples, árboles bajos y apacibles, y conducía a una amplia pieza cuyas grandes puertas corredizas estaban abiertas. Se podía ver todo el interior, la alcoba, el aparador, los estantes. Allí debían ofrecer a menudo el té a huéspedes de categoría, o alquilar la casa para la ceremonia del té; una hermosa alfombra roja cubría el suelo. Había una mujer joven sentada. Y aquella confusión de brillantes colores que mis ojos habían captado, era ella.

Durante la guerra era casi imposible encontrarse con una mujer en kimono de largas mangas, una mujer espléndida como aquélla. Aparecer vestida así significaba correr el riesgo de sufrir durísima censura y de verse obligada a retirarse. ¡Tan suntuoso era su vestido! Yo no llegaba a percibir los detalles, pero sobre un fondo azul pálido había una variedad de flores pintadas y bordadas, y centelleaban los hilos de oro de la cintura: habría podido decirse, forzando un poco la imagen, que aquel vestido desprendía una luz en torno a ella. Viéndola así, impecablemente sentada, su blanco perfil esculpido en relieve, se tenía la duda de si aquella joven mujer estaba realmente viva. Tartamudeando abominablemente, dije:

-¿Está viva o no?

-Yo también me lo pregunto. Parece una muñeca -respondió Tsurukawa, el cual, pegado a la balaustrada, no le quitaba el ojo.

En aquel momento, en el fondo de la pieza, apareció un joven oficial vestido de uniforme. Después de los saludos conforme a la más estricta etiqueta, se sentó frente a ella, a cierta distancia. Los dos permanecieron un momento sentados frente a frente, muy quietos.

La mujer se levantó y desapareció silenciosamente en la sombra del corredor. Regresó unos instantes más tarde, ofreciendo ceremoniosamente una taza de té. Una suave brisa movía sus amplias y largas mangas. Se arrodilló frente al hombre y le presentó el té. Una vez cumplidas estas normas de cortesía, regresó a su sitio y se sentó. El hombre dijo alguna cosa, pero no tocó todavía el té. Estos minutos me parecieron extrañamente largos, tensos. La mujer inclinó con toda deferencia una frente llena de sumisión.

Fue entonces cuando se produjo lo increíble. Sin cambiar lo más mínimo su postura perfectamente protocolaria, la mujer, de pronto, abrió el escote de su kimono. Mi oído casi percibió el crujido de la seda frotando el rígido revés del cinturón. Dos pechos de nieve aparecieron. Yo retuve mi aliento. Ella tomó en sus manos uno de los blancos y opulentos senos y me pareció que empezaba a oprimirlo. Arrodillado frente a la mujer, el oficial alargó la taza, de un profundo color negro.

Sin que pretenda, en rigor, haberlo visto, sí tuve por lo menos la sensación inmediata -como si todo ocurriese allí mismo, delante de mis ojos- de una leche blanca y tibia que caía sobre el té, donde una espuma verdosa llenaba la taza, fundiéndose en seguida y no dejando más que unas pequeñas manchas en la superficie tranquila del brebaje. El hombre levantó la taza y bebió hasta la última gota de aquel extraño té. La mujer reintegró sus senos dentro del kimono.

Nosotros, inmóviles, fascinados, no podíamos dejar de mirarles. Más tarde, al pensar en ello con más sosiego, supusimos que debió tratarse de la ceremonia del adiós entre un oficial que partía al frente y una mujer que le había dado un hijo.”

El pabellón de oro, de Yukio Mishima; capítulo II.

Obra de Ikenaga Yasunari

DE BUENAS INTENCIONES ESTÁ EMPEDRADO EL CAMINO AL INFIERNO

Querido Xacin, me encuentro en este momento enmarañado en la ansiedad y la leve pero continua angustia que me genera este final de carrera, estos putos exámenes. Me estoy a punto de ir a trabajar, pero no puedo dejar de contarte que hoy me ha llegado tu última carta y que acabo de terminar de leerla y que para poder escribir he tenido que esperar hasta dejar de llorar.

Puede ser que yo me muera y no logre escribir nada que me conforme y nunca publique nada, pero no voy a morir sin haberte insistido hasta el hartazgo en que te dediques con toda la intensidad que puedas a escribir.

Estas palabras pertenecen a un correo que me envió Santiago Gerchunoff el 8 de septiembre de 2005. Las guardo porque son, seguramente, el mayor halago que mi escritura ha recibido jamás. El criterio de Santiago es, quizá, el que más respeto, basado en docenas de conversaciones y recomendaciones literarias.

Pero también guardo este correo porque es la mejor lección que la vida me ha enseñado sobre la vanidad humana. Desgraciadamente, es una lección que tengo cierta facilidad para olvidar.

La carta a la que se refería Santiago era una copia de otra que le había enviado a un miembro de mi familia paterna.

La historia de mi familia paterna es, seguramente, el libro que alguna vez tendré que escribir.

El caso es que aquella carta, escrita y dirigida con la mejor de las intenciones, con el profundo deseo de reunir los cachos dispersos de los míos, acabó provocando desastres y desmanes difíciles de aceptar.

A pesar de que, objetivamente, no cabían el remordimiento y la culpa, éstos nacieron. Porque la línea causal de lo que acabó sucediendo, aunque fuera evidentemente sin intención, tenía su inexorable principio en mi acto de redacción de aquella carta.

Tan bien escrita.

El ser humano es mucho más ignorante de lo que jamás será capaz de imaginar. Sobre el mundo. Sobre sí mismo.

La necesidad de ser humilde no es sólo un remedio individual contra la impiedad propia, sino también una defensa contra la general difusión del mal. Un katejón, como diría San Pablo.

Incluso la más diminuta de nuestras acciones puede tener consecuencias imprevisibles. Sólo en la doliente consciencia de esta verdad puede ser uno realmente responsable de sus actos.

Probablemente, el resultado será actuar cada vez menos, cada vez más pequeñito.

Al entender que el libre arbitrio es un fragmento de poder divino en manos de ridículos y peligrosos monos pelados.

‘Juicio universal’, de Roberto Ferri

AMOR PAGANO

Huye de los dioses, pequeño mortal.
No te vayan a amar.

La diosa de las vírgenes quiso salvar al hijo sin padre
y menospreciando el poder de sus otros hermanos
se sorprendió sintiendo el deseo de su templo violar.

Tanto deseaba la salvación del hijo sin padre
que escupió mil veces en la misma cara de la primera divinidad.

Huye de los dioses, hija mía.
No te vayan a amar.

La diosa de las vírgenes dijo al hijo sin padre que sólo con ella tenía sentido el infierno arriesgar.

El hijo sin padre abandonó la corte celestial,
donde diez mil almas cantan alabanzas a la dulce diosa de las vírgenes,
y regresó a su mundo mortal.

Un cuervo gris habló desde el cielo al hijo sin padre.
Olvida, hijo sin padre, tu amor paternal. Para los dioses sólo fruta podrida tu rama ha de dar. Se te prohíbe sonreír entre dioses.

Sea, respondió el hijo sin padre. Entre dioses no estaré más.
No más amores paganos.

No te acerques a los dioses, hija mía.
Quizá te quieran salvar.

CORPUS CHRISTI WRITTEN THEREON

Lo que garantiza la verdad del acontecimiento estético es la insoslayabilidad de la fuerza con que un valor superior se nos impone.

Fragmentos, de Carlos Marín-Blázquez; Sindéresis, 2017; fragmento nº 314; pg. 46.

CATALUÑA REPLICANTE

Todo lo malo que pueda acontecer a manos del hombre, acontece.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 1239.

Cataluña siempre ha tenido fama de ser una de las regiones más modernas de España. Y en el documental de la BBC que enlazo más abajo (sólo se puede ver si se tiene cuenta en YouTube o Gmail) se vuelve a demostrar. Perfectos angloparlantes, jóvenes y dinámicos emprendedores catalanes nos muestran que Barcelona es una de las ciudades más avanzadas del mundo. En cuanto a libertad de costumbres, en cuanto a libertad de empresa. Capaces de competir con los japoneses en el creciente negocio de los robots sexuales, de los burdeles con muñecas.

Aunque siempre quedarán escollos legales y morales que salvar. Porque en Japón ya es posible hacer y vender ciertas cosas. Nunca podremos agradecer lo suficiente el trabajo de destrucción civilizatoria que hizo en Japón el capitalismo estadounidense.

No quiero parecer ingenuo a estas alturas de la película, pero, tras ver el documental, sigo preguntándome cómo es posible que allí ya se puedan hacer y vender ciertas cosas.

El único elemento de esperanza que ofrece este documental es el hecho de que incluso sus autores parecen un poco asustados por el futuro que se nos viene encima.

Bien pensado, es una esperanza de mierda. Que Deus nos teña no seu colo.

Quod Vidimus

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The Wanderer

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En Compostela

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De libros, padres e hijos

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A Día de Hoy

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