ABRAHAM GONZÁLEZ, DETECTIVE SALVAJE

por El Responsable

-Y, ¿qué? ¿Qué le trae por estas tierras? -preguntó el camarero, mientras secaba un vaso detrás de la barra.

-Trabajo -respondió, antes de darle un sorbo a su café irlandés.

-¿Es usted periodista? –volvió a preguntar.

-Algo así -se quedó pensativo, mientras daba otro sorbo-. Detective.

-Ah -dijo el camarero-. ¿Algún tema escabroso entre manos?

-No soy policía.

-¿Detective privado? ¿No le habrá mandado mi ex-mujer? -se carcajeó.

-No, no soy ese tipo de detective.

-¿Ah, no? ¿Y qué tipo, entonces? ¿Qué busca?

-Busco buenas personas.

El camarero dejó de secar y miró a su cliente elevando la ceja derecha.

-¿Conoce usted a alguna? -preguntó el cliente.

-¿Alguna qué?

-Alguna buena persona.

El camarero se quedó pensando, con la mirada perdida. Se quedó pensando un buen rato, mientras el cliente esperaba con paciencia, paladeando el contenido de su vaso.

-Nadie vivo -dijo al fin, un poco sorprendido de su propia respuesta-. Usted es escritor, ¿verdad?

-No. Sólo intento salvar el mundo. Quid si inventi fuerint ibi decem?… -dijo el cliente, mientras se ponía su cazadora negra.

-¿Qué es eso? ¿La Biblia?

-Génesis. 18, 32. ¿Cuánto es?

El camarero tardó en responder.

-Invita la casa.

-Se lo agradezco -dijo el cliente, sonriendo-. Quizá sea usted a quien busco.

El camarero sonrió.

-Buena suerte -le dijo, mientras lo veía marchar.