El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Mes: Xaneiro, 2018

CONSUBSTANTIALEM PATRI

Cuando tu hijo empieza a mirarte fijamente, clavando sus ojos en los tuyos.
Como si el misterio de la existencia te devolviera la mirada.
Y comprendes, como nunca antes lo habías hecho, la abrumadora verdad de un dios en el que moran la conversación de un padre y un hijo.
Y ves la aceptación de la promesa conjunta de felicidad y dolor como la clave de ser humano.
Arriesgarse a criar un nuevo personaje del libro de la vida, para que nunca falten relatos que contar en las posadas del camino.
Para que no falte la literatura: las caídas, las penitencias.
La redención.

Tu hijo te mira y te sonríe. Y sólo quieres el imposible de que esa sonrisa se proyecte en un infinito y eterno círculo irrompible que tú mismo entiendes sería la negación de lo que la existencia humana es. Y debe ser.

Y en el mismo centro de esa sonrisa que te limpia y atempera el alma, notas la presencia de toda la oscuridad contra la que tu hijo habrá de combatir, solo, algún día.
Te ves en tu hijo, padre impotente obligado al sacrificio.

Y evidentemente quieres que tu hijo viva. Pero vivir es sufrir.
Y entonces sólo te queda desearle:

que tu sufrimiento sea amor.

Como las espinas que coronan a Dios.

“Coronación de la Virgen”, de Diego Velázquez (entre 1635-1648)

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CONSPIRACIÓN

“-No parece lógico, una sola familia en un lugar de este tamaño. ¿Qué sentido tiene?

-Bueno, supongo que la Brigada se lo está encontrando.

-Pero no fue construido para eso, ¿no?

-No -dije-, no fue construido para eso. Quizá sea ése uno de los placeres de construir, igual que tener un hijo, preguntándose qué llegará a ser.”

Brideshead Revisited, de Evelyn Waugh; Epilogue [traducción propia].

Aducir la belleza de una cosa en su defensa, irrita al alma plebeya.

Sólo conspiran eficazmente contra el mundo actual los que propagan en secreto la admiración de la belleza.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pgs. 83, 813.

EL MINISTERIO DE LA SOLEDAD

Theresa May nombrará a una secretaria de estado para luchar contra la soledad de los británicos.

La Modernidad tiene estas cosas: primero crea los problemas y después, al ver los resultados, se agita inquieta y legisla ministerios.

Matizo, porque la Modernidad nunca asumirá la culpa del mundo que ha creado. Ella, nos dice, sólo viene a solucionar problemas que siempre han estado ahí.

Pero el dejarse engañar, a estas alturas, ya supone complicidad. La Modernidad nos exige ser unos perfectos consumidores-productores, sacrificar todo nuestro tiempo vital creando mercancía y comprando mercancía, en un mundo en el que ya todo es mercancía. A cambio, nos promete la satisfacción de todos nuestros deseos más oscuros.

Curiosamente, este tipo de vida ha transformado a buena parte de la sociedad occidental en un amasijo de egoístas solitarios adictos al porno.

Gran sorpresa.

Y la Modernidad cree que solucionará la soledad de los ancianos con leyes. Ciertamente, hay pocas cosas más patéticas que las supersticiones modernas.

Yo sé cómo se soluciona la soledad de los ancianos. Se lo vi hacer a mi tía Lolita, a mi abuela, a mi madre.

Mi tía Lolita cuidó de su suegra, inmovilizada en una cama e incapaz de articular palabra, limpiándola y alimentándola con sus propias manos, hasta su muerte.

Mi abuela Pacucha cuidó de su madre, en un quinto piso sin ascensor, hasta que murió.

Mi madre cuidó de su madre y de su abuela, hasta que murieron.

Sé lo que es el amor, porque he visto a mi madre sonreír feliz al salir del baño, tras limpiar y lavar a su abuela, la cual cojeaba contenta abrazada a su nieta.

Así se lucha contra la soledad de los ancianos.

ORACIÓN

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 263.

‘Sea watchers’, de Edward Hopper (1952)

EL FIN DE LAS ESTRELLAS FUGACES

En los arabescos del camino
nos viene a la memoria el planeta imaginario que compartimos siendo niños.

Y a pesar de la insistencia en perderse
en galaxias muy, muy lejanas
aquí estamos nuevamente
viejas lunas repletas de cráteres
orbitando un mismo planeta
en el que se acaba de descubrir vida.

Para
Dios mediante
no volver a ser nunca jamás
estrellas fugaces.

REGALO

Atravesar el desierto
para reconocer en lo débil y desechable
el sentido de todo.

Agradecer el ejemplo inigualable.

Sabiduría.

“Nativity (Brown)”, de J. Kirk Richards

ENCUENTRO

Lo encontré
contemplando en silencio la furia apática de los océanos acantilados.
Y en ese lugar del bosque donde el paso de un hombre es apenas el eco de un suspiro.

Parecía preocupado
por la posibilidad de estorbar a alguien
la vista del paisaje.
Estaba en el mundo
como el que no quiere molestar en casa ajena.

Paseaba tranquilo entre misterios.

Quod Vidimus

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The Wanderer

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