ESA SINGULAR DISPOSICIÓN DE LOS HOMBRES

por El Responsable

“La lentitud del Congreso, y su sesión permanente, comenzaron a ser un tema de desasosiego; incluso algunos de los legislativos habían recomendado suspensiones y sesiones periódicas. Como la Confederación no había previsto una cabeza visible del gobierno durante las vacaciones del Congreso, y como resultaba necesario para supervisar los asuntos ejecutivos, recibir y comunicar con ministros y naciones extranjeras, y reunir el Congreso en emergencias súbitas y extraordinarias, propuse a principios de abril el nombramiento de un comité que se llamaría Comité de los Estados, formado por un miembro de cada uno que permanecería reunido durante la vacación del Congreso; que las funciones del Congreso deberían dividirse en ejecutivas y legislativas, reservándose la segunda y delegándose la primera en ese Comité. La proposición fue aceptada más tarde; el Comité designado, que entró en funciones en la subsiguiente vacación del Congreso, disputó muy pronto, se escindió en dos facciones, acabó dimitiendo y dejó al gobierno sin cabeza visible alguna hasta la siguiente reunión del Congreso. Hemos visto después suceder la misma cosa en el Directorio francés; y creo que sucederá siempre en ejecutivos basados sobre una pluralidad. Creo que nuestro modelo combina óptimamente la sabiduría y la practicidad, suministrando una pluralidad de consejeros pero un solo árbitro para la decisión final. Estaba yo en Francia cuando me enteré de ese cisma y separación de nuestro Comité, y hablando con el Dr. Franklin sobre esta singular disposición de los hombres a disputar y dividirse en facciones él ofreció sus sentimientos, como le era habitual, por vía de apólogo. Mencionó el faro de Eddystone, en el canal inglés, construido sobre una roca e inaccesible en invierno por el tumultuoso carácter de ese mar durante dicha estación; que, por consiguiente, todas las provisiones para los dos fareros se llevaban necesariamente en otoño, pues no podrían volver a ser visitados de nuevo hasta el retorno de la estación más cálida; y que el primer día practicable de primavera un barco puso proa a ellos con provisiones frescas. Los marinos se encontraron en la puerta a uno de los fareros y le abordaron con un ¿Qué tal amigo? Muy bien. ¿Cómo está tu compañero? No lo sé. ¿No lo sabes? ¿No está aquí? No podría decirlo. ¿Le has visto hoy? No. ¿Cuándo le viste? No le he visto desde el último otoño. ¿Le has matado? Yo no, desde luego. Estaban a punto de prenderle, por haber matado con certeza a su compañero, pero él quiso que subiesen las escaleras y lo descubriesen por sí mismos. Hacia arriba fueron, y hallaron allí al otro farero. Parece que habían disputado poco después de haber sido dejados allí, que se habían dividido, asignando las tareas de arriba a uno y las de abajo al otro, y que no habían vuelto a verse o hablarse desde entonces.”

Autobiografía y otros escritos, de Thomas Jefferson; Tecnos, 1987; pgs. 60-61.

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