LOS CABALLOS DESBOCADOS DE DIOS

por El Responsable

Es una casa pequeña. No necesita más.

Los chicos acaban de irse. Se ha quedado solo. Sentado en su sofá. Piensa en los chicos. Los chicos son buenos chicos. Buenos musulmanes. Entregados a la oración. Se mantienen puros en medio de la depravación occidental. Son disciplinados. Nadie fuera del grupo conoce lo que están pensando hacer.

Expulsadlos de donde os hayan expulsado. 

Sí, son buenos chicos. Educados. No fuman, no beben. Bajan la mirada cuando pasan las mujeres, casi desnudas, que es como suelen vestir aquí. Poco mejores que prostitutas.

Cuidan de los suyos. Ayudan a recaudar dinero para las familias musulmanas que atraviesan problemas económicos. Y, ¿quién no tiene problemas económicos, en este occidente vendido a la usura?

Son buenos chicos. Con la fuerza y el empuje de la juventud. Desean entregar su vida en pos de algo más grande que ellos mismos. Cada día que pasan en este mundo podrido se envilecen. Mil tentaciones les agobian. Las mil tentaciones del incrédulo occidente. Pero ellos son la ira de Dios. Son sumisos instrumentos de su justicia.

Atropellaremos su hedonismo asqueroso, sus mil impías perversiones, su ilimitada codicia. Su continuo escupir a las órdenes de Dios. Idólatras.

Nos lanzaremos a sus calles como caballos desbocados, cercenando todas estas ramas podridas que ocultan la belleza del mundo creado por Dios. Son los sacrificios que ofrecemos al Perdonador y Compasivo, sus vidas y las nuestras, sangre que limpie los excrementos de los injustos e incrédulos.

Porque no hay nada como Él. Nosotros no somos nada. Todo es por y para Él.

Todo.

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