El sosiego acantilado

non mea voluntas

Mes: junio, 2017

BASTIDA

Paciencia feita arma.

Rodas de vagar cara os muros do cantil.

No colo de madeira, ata o día for chegado.

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¿LE HAS DADO YA GRACIAS A DIOS POR ESTE FRACASO?

LEYENDAS PARA UNA PEQUEÑA VALQUIRIA

Es una historia que mi bisabuela solía repetir en sus últimos años de vida.

Mi tatarabuela Dolores, la madre de la madre de la madre de mi madre, murió nueve meses antes de nacer yo. Por lo que se cuenta, fue una mujer extraordinaria. Casada con un carabinero, tuvieron una decena de hijos. Lo cual no les impidió adoptar a un niño que encontraron abandonado en una cuneta. Donde comen doce, comen trece.

De una reciedumbre extrema, tenía frases del tipo: la mujer que no quiere tener más de un hijo es una fulana.

La historia que le gustaba repetir a mi bisabuela trataba sobre una cuñada de su madre Dolores, a la que su marido solía insultar y pegar cuando se le iba la mano con el alcohol. También solía pegarles a sus hijos.

Así que mi tatarabuela decidió ir a verla para darle el siguiente consejo: cuando él empezase a insultarla, ella debía irse a la cocina. Antes tenía que haber escondido allí un buen palo. Cuando el marido hiciese amago de pegarle, ella debía tirarle a los ojos una presa de ceniza, para cegarlo. Hecho esto, debía coger el palo y pegarle en la espalda (no en ninguna parte delicada o peligrosa) hasta que se quedase sin fuerzas.

La cuñada de la tatarabuela Dolores siguió el consejo. El marido se pasó varios días recuperándose de la paliza. Nunca más volvió a ponerle la mano encima.

Éstas son el tipo de historias que escuchará mi Pequeña Valquiria, si Dios quiere. Para que sepa la sangre que corre por sus venas. La sangre a la que tiene que rendir honores.

‘La Vigilia de la Valquiria’, de Edward Robert Hugues (alrededor de 1915)

LUME

-¿Tiene muebles viejos?

La señora escrutaba los varios pares de ojos que le devolvían la mirada más allá del umbral de la puerta recién abierta. La mujer se quedaba pensativa un momento y se metía dentro de casa. Los chiquillos esperábamos ansiosos.

Había habido suerte: una mesilla de noche. No era muy grande, así que podíamos llevarla sin problemas entre todos.

Hasta la luminaria.

Alguien había traído el enorme palo central una semana antes y lo había apuntalado en el descampado al lado de la Plazoleta. Nunca tuve muy claro de donde lo sacaban los mayores (los chavales de 15 o 16 años). Por allí cerca teníamos la cabaña donde leíamos nuestros primeros cómics pornográficos. Dejamos la mesilla de noche en la base de la luminaria, en constante crecimiento.

Se acercaba San Juan. El cole había terminado. Empezaba el verano. No podíamos ser más felices.

Cada barrio de Ferrol preparaba su propia luminaria. Alrededor de la hoguera principal se encendían otras más pequeñas, que eran las que se saltaban para cumplir con el anual bautismo de fuego. Se asaban sardinas y todo el barrio se reunía alrededor del fuego.

No hay día del año que me duela más estar lejos de La Ría.

Años más tarde, pude vivir San Juan de otra manera. Pasaba unos días en la Seaña, en casa de mi tía Marisa. La Seaña es un lugar de Mugardos, en la margen izquierda de la ría de Ferrol. De ahí proviene mi familia materna.

Cuando se va acercando La Noche, en cada casa se va preparando una hoguera. Y entonces, según va creciendo la oscuridad, y en el cielo van naciendo a docenas las estrellas, La Ría se va poblando de pequeños puntos de luz, que reflejan en la tierra el portentoso espectáculo cósmico de la Creación.

No hay día del año que duela más estar lejos de La Ría.

Pero ahora regresar por San Juan sólo tendrá sentido si es para mostrarles esa belleza a sus ojos de niñas curiosas. Madre e hija. Dios mediante.

45 AÑOS

 Mi amigo Paco me pasa este interesantísimo enlace, en el que se puede ver a Nasser reírse de las pretensiones del líder de Hermanos Musulmanes.

Para mí, el dato relevante es la comparación entre las dos fotos que acompañan al artículo. Una está tomada en 1959, la otra en 2004; ambas, en la universidad de El Cairo.

Nasser se reía de Hermanos Musulmanes. Pero la diferencia entre ambas fotos es el resultado de 45 años de su intenso trabajo militante.

Nasser era socialista y trató de cambiar la sociedad desde el estado; Hermanos Musulmanes es una sociedad islámica de base, dedicada, entre otras muchas cosas (terrorismo incluido), a la protección económica de huérfanos y viudas. Una auténtica red social estructurada más allá del estado, con capacidad política en la actualidad para hacerse con el gobierno de Egipto de forma legítima a través de elecciones democráticas (a no ser que haya golpes de estado que los expulsen del poder).

45 años.

Veamos quién se ríe en Europa dentro de 45 años de lo que se ríe ahora.

EL CABALLERO DE LA ROSA

Decido dejarme acompañar durante las comidas por mi colección de óperas aún no vistas. Entre las cuales figuran aquellos DVD que me fueron regalados hace años, durante mi época de portero de fin de semana.

Era una importante familia burguesa, de histórico renombre, acostumbrada a vivir con el dinero suficiente como para no jerarquizar sus prioridades en base a criterios cuantitativamente superficiales. Sus coches eran baratos, funcionales y no les importaba que cumpliesen años; pero todos los veranos tenían plaza reservada en Salzburgo o en Bayreuth. Lo primero es lo primero; y lo primero, para aquella familia, era el arte elevado a su más alta expresión. Algunos de los regalos que ellos recibían en aquellos festivales me eran ofrecidos a mí a la vuelta. Mostraban cariño e interés por ese portero que siempre estaba leyendo, estudiando y escuchando música. Le hacían recomendaciones, conversaban con él sobre literatura.

La familia tenia un amigo que, más que amigo, era otro miembro de la misma. Pasaba el hombre más tiempo en aquel edificio que en su propia casa. Una persona jovial, con una cultura portentosa, apasionado de la ópera y la literatura. Adoraba las obras de Richard Strauss, especialmente las que tenían libreto de Hofmannsthal. Y se empeñó en que yo también las amase. Así que le dijo a su fiel y viejo amigo, uno de los miembros de aquella familia, que me grabase un buen puñado de las que ellos tenían.

Sonrío al recordar su pasión por Florencia. Es inagotable -me dijo tras pasar allí una semana, por enésima vez-; uno podría demorarse durante días en los detalles de una sola de sus iglesias…

Una vez me dio a leer un artículo suyo sobre El Anillo wagneriano, en el que pude vislumbrar cierta tristeza profunda tras su alegre y campechana fachada.

He tardado cierto tiempo en cumplir los deseos de aquel hombre. Aún me emociona recordar el sincero y cariñoso abrazo de despedida que me dio el último día que trabajé en aquel chiscón.

Me gustaría que supiese lo feliz que me ha hecho hoy con su regalo.

Porque yo sé que él piensa, como pienso yo, que el placer de gozar la belleza sólo es superado por el placer de regalarla a quien aún no la conoce.

KNOW YOUR ENEMY

“Protegido por las autoridades, Abdel Wahab comenzó a imponer la nueva teoría, bautizada Dawa lil Tawhid (Invocación al monoteísmo) y resumida en su obra Kitab al-Tawhid. El libro del monoteísmo es más un compendio de ideas que un libro en sí mismo; serán sus sucesores quienes después lo ampliarán hasta convertirlo en un vasto tratado de cuatro volúmenes. En el original, el fundador del wahabismo defiende el monoteísmo absoluto, rechaza la innovación y reduce el islam a una interpretación única de El Corán y el Hadiz, fruto de su propia reflexión personal. Elogia la yihad y subraya que la verdadera religión se difundió gracias a la lucha contra los idólatras y los politeístas. Según Abdel Wahab, todo aquel que no abrace de forma voluntaria su visión de la fe debe ser combatido. El clérigo impuso, además, una serie de normas de conducta que debían ser observadas. El verdadero musulmán, afirmaba, debe jurar lealtad absoluta a su líder religioso; debe respetar sus enseñanzas, tiene obligación de sumarse a la yihad contra los apóstatas, los blasfemos y los descreídos; y debe odiarlos. En recompensa, tiene garantizada la protección de Alá y el amor del Profeta y de los primeros musulmanes. Y, si muere como mártir, las puertas del Paraíso se le abrirán de par en par. No existen más alternativas. El único camino es el amor, la admiración y la ayuda a aquellos que practican el tawhid, y la aversión y la hostilidad hacia los infieles y los politeístas, resume el propio Abdel Wahab.

Los habitantes del Nejd no aceptaron voluntariamente la nueva doctrina. Su adhesión al wahabismo fue, en gran parte, fruto del terror. Apoyado por los jinetes del gobernador, Abdel Wahab ordenó la quema del santuario en el que se veneraba a uno de los supuestos compañeros del Profeta y el arresto de los hombres y mujeres que no obedecieran sus principios. Sus acciones enervaron a los clérigos locales. La gota que colmó el vaso fue la condena a muerte a una mujer acusada de adulterio. Abdel Wahab tuvo que huir de nuevo. Esta vez fue la definitiva. Halló refugio en el oasis vecino de Dariya, donde su gobernador, un guerrero llamado Muhamad Ibn Saud, había acogido con entusiasmo su concepción de la religión verdadera. Como en tiempos pretéritos, los dos hombres sellaron su amistad con un acuerdo matrimonial. Una de las hijas de Abdel Wahab se casó con el vástago mayor de Ibn Saud. En 1744, ambas familias formalizaron una alianza que desvió el derrotero de la historia.

[En 1932], una vez pacificadas y unidas todas las tierras conquistadas, Ibn Saud anunció el nacimiento del nuevo reino de Arabia Saudí. Su mejor asesor, Harry St. John Philby, que había adoptado el nombre de Abdulah, terció para garantizar la explotación de la nueva riqueza a la Standard Oil Company de California, en consorcio con una empresa local, lo que después daría origen al alumbramiento de ARAMCO, una de las mayores empresas de petróleo del mundo, y a la estrecha cooperación entre el nuevo país y Estados Unidos. El fundador del reino moría en 1953, y fue sucedido por sus dos hijos mayores: Saud y, después, Faisal. La cambiante situación regional convirtió a Arabia Saudí en el nuevo bastión del puritanismo. La ascensión del socialismo castrense en Egipto y las revoluciones en otros países de la zona fueron percibidas como una amenaza. El wahabismo se apoderó entonces de la bandera de la defensa de la fe. Fomentó la creación de organizaciones como el Comité Supremo de Propagación Islámica o el Consejo Supremo Mundial de Mezquitas, y se involucró en un feroz proyecto proselitista que, con los años, cambiarían la faz del mundo. El empujón definitivo llegaría con la guerra del Yom Kipur y la crisis de los precios de la OPEP, que en 1973 llenaría las arcas de una casta de fanáticos ulemas dispuestos a exaltar la intransigencia. Los peores presagios se cumplieron. A principios del siglo pasado, el coronel Van der Meulen, cónsul de Holanda en Yeda entre 1926 y 1945, ya había vaticinado que si la religión es utilizada para exaltar los sentimientos de orgullo y de superioridad en almas primitivas, a las que además se les enseña el deber de la guerra santa, el resultado será heroísmo, crueldad, estrechez de mente, atrofia de lo que es humano y de lo que son los valores verdaderos en el hombre y en el pueblo.

Suníes y chiíes. Los dos brazos de Alá, de Javier Martín; Catarata, 2008; pgs. 139-140, 151-152.

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