TIERRA

por El Responsable

Mi jefa es uno de esos funcionarios por los que el sistema es capaz de llevar a cabo algunas de las bondades que se le suponen. Es una gran jefa y una gran compañera. Soy muy afortunado de estar bajo sus órdenes.

Nació en uno de esos pueblos bercianos perdidos entre las montañas que hacen de frontera con Galicia; de hecho, con su familia habla en gallego, aunque ella no se considera gallega (es realmente interesante el tema del sentimiento identitario, en esta bella comarca del Bierzo). La casa familiar está rodeada de una finca de un cierto tamaño, dedicada a diversos cultivos, fruto de muchos años de ahorro y trabajo de todos sus miembros.

Hace unos días, mi jefa tuvo que ir al pueblo a buscar a su madre, que se había acatarrado, para llevarla al médico aquí en Ponferrada. Y aquí sigue la mujer, en casa de su hija, recuperándose del resfriado.

Parece ser que la señora se adapta bien a vivir fuera de su hogar. Pero no ocurre lo mismo con el padre. No le gusta salir de sus tierras y venir a la ciudad.

Cuando mi jefa le pregunta por qué, el hombre responde con retranca:

-Miro a un lado, nada mío. Miro al otro, nada mío. Aquí sólo tenéis cuatro paredes.

El comentario me hace sonreír. Simpatizo con su orgullo de pequeño propietario campesino. También yo veo verdad en su forma de entender la vida.

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