SERVIR Y PROTEGER

por El Responsable

Lo veo pasar, de la mano de la compañera que se encarga de tramitar los asuntos de violencia doméstica, mientras meto en cajas los expedientes que hoy toca archivar.

El chaval tiene seis años. Otra compañera me ha hablado de él, mientras tomábamos el café de media mañana. Se ha pasado una hora haciéndole compañía. Estaba muy emocionada, porque el niño la ha dibujado. Me cuenta que es un pedazo de pan.

Esta compañera estaba de guardia cuando han traído el niño al juzgado. Antiguas cicatrices adornan la piel de su cara. Me dijo algo del padre; algo de su cinturón.

Mientras esperamos la llegada de los Servicios Sociales, mis compañeras entretienen al chaval, que parece bastante contento de encontrarse en su compañía. De no encontrarse en otras compañías.

El trato cara a cara encarna lo mejor de este trabajo, aquello que da sentido al frío leviatán burocrático del que formamos parte. Nos recuerda, al mirar a los ojos del que necesita justicia, que somos felices cuando podemos llevar a cabo la esencia de nuestro oficio de funcionarios: servir y proteger a los más débiles.

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