HASTA AQUÍ

por El Responsable

Últimamente, me he descubierto repitiendo varias veces la misma frase: ¿no hay problemas más graves de los que ocuparse?

Me pasó al leer la noticia sobre un aspirante a gobernar España que pedía la supresión de la retransmisión dominical de la Santa Misa. Y me ha pasado al enterarme de que la Fiscalía se dedica a investigar los chistes sin gracia de una estudiante de 21 años.

Evidentemente, hay problemas mucho más graves de los que ocuparse. Pero me temo que todo el mundo tiene bastante claro, más de lo que se atrevería a admitir en público, que esos problemas hace tiempo que han quedado fuera del alcance de cualquier acción política humana.

Así que los jóvenes rebeldes españoles se dedican a hacer chistes sobre personas muertas hace 40 años, la Fiscalía española se dedica a perseguir a tales peligrosísimos individuos y los grandes revolucionarios españoles se dedican a la crítica televisiva.

Todo para aparentar que se está haciendo algo. Que se pueden poner vallas en el avance del huracán en el que el planeta vive.

En una conocida entrevista realizada por la revista Der Spiegel a Martin Heidegger, en septiembre de 1966, el periodista le preguntó al filósofo si los individuos podían aún influir con sus acciones en la maraña de necesidades inevitables en la que todos estamos atrapados actualmente. En su respuesta, Heidegger incluyó esta famosa frase: sólo un dios puede aún salvarnos.

Yo creo que Heidegger tenía razón, aunque él no estaría de acuerdo con el contenido que yo le daría a su dios.

Mi buen amigo, el sacerdote católico Gabriel, tiene una forma muy gráfica y bella de expresar el adecuado ámbito de las acciones humanas: extiende su brazo derecho en toda su longitud y dice, moviendo la punta de los dedos: hasta aquí.

Ocúpate de tu gente más cercana. Que tampoco puede ser mucha, si es que le quieres prestar la debida atención.

Y, sobre todo, peléate contigo mismo.

He ahí lo que un hombre puede hacer.

Para todo lo demás, que Dios nos ayude.

…de hecho, que nos ayude sobre todo en nuestros pequeños afanes de cada día.

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