EL MONTARAZ DE LA NIEBLA

por El Responsable

Dos sombras se acercaban a la cumbre del monte, donde parecía disiparse un poco la niebla.

-Necesito descansar -dijo una de las sombras.

-Ya no queda nada -dijo la otra.

-¿Crees que si llegamos un poco más tarde la cima se habrá ido? -preguntó con retranca la primera sombra.

La otra sombra resopló y buscó una piedra sobre la que sentarse.

Mientras recobraba el aliento, la primera sombra creyó escuchar un ruido.

-¿Hay caballos por aquí? -preguntó.

-No, que yo sepa -respondió la otra sombra.

-Pues me parece haber oído los cascos de uno…

-Quizá sea el Montaraz de la Niebla.

La primera sombra se acercó a la segunda, para verle bien la cara.

-¿El capataz de qué…?

-Montaraz. Montaraz de la Niebla -corrigió.

-¿De qué demonios hablas?

-Ni demonio, ni ángel. Quizá ni siquiera hombre ya… Las gentes del lugar dicen que no sólo oír, que incluso se le puede ver, los días de niebla muy cerrada, como hoy.

La primera sombra miró desconfiada a su alrededor, antes de preguntar nuevamente.

-¿Por qué los días de niebla?

-El Montaraz era el fiel servidor de un poderoso Señor; defendía sus fronteras, patrullaba sus caminos, luchaba sus guerras. Con tal vida, te puedes imaginar que recibió muchas heridas. Cansado de tanta pelea, le pidió a su Señor que le dejase volver a su tierra, para intentar buscar una buena mujer y formar una familia. El Señor se lo prohibió, pero él regresó igualmente. El día que llegó a su villa natal, la niebla era espesa, como hoy. Al cruzar el puente que servía de entrada al lugar, halló a una mujer que observaba con profunda tristeza el cauce del río. Reconoció entonces a aquella muchacha de la infancia con la que había tenido amores. Y ella lo reconoció a él. Al parecer, el reencuentro en el puente hizo que se enamoraran otra vez.

-¿Y qué ocurrió?

-Pues lo que suele ocurrir en estos casos apasionados. Fueron felices y tuvieron un hijo.

-Pero no comieron perdices.

-No. Él se fue de viaje, para reclamar ciertos derechos sobre unas tierras de su familia. Cuando volvió, la mujer y el niño habían desaparecido.

-¿Qué había pasado?

-Nadie le supo dar explicación. Ni su familia, ni la familia de ella. Ni sus amigos. Nadie sabía cómo había desaparecido, ni por qué.

-¿Quizá fue el antiguo Señor del Montaraz, en castigo por su deslealtad?

-Eso dijeron algunos. Eso sospechaba quizá el Montaraz, en lo profundo de su corazón -la sombra calló un instante, antes de continuar-. El caso es que el Montaraz busca desde entonces a su enamorada y a su hijo. Y dicen que busca los días de niebla, porque en día de niebla se había reencontrado con ella en el puente aquel.

La primera sombra creyó escuchar un suspiro cansado y unos cascos de caballo que se alejaban, lentamente, hacia el interior de la niebla.

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