FRATERNALMENTE

por El Responsable

Se sentó en el banco y dejó la lata de cerveza a su lado. Le dio un trago mientras esperaba el comienzo de la misa.

Al salir a escena el sacerdote oficiante, un barullo atonal y dodecafónico se elevó de los primeros bancos, donde se apelotonaban las párracas del lugar. El hombre se planteó por un momento arrancarse las orejas con sus propias manos. Finalmente, decidió darle otro trago a la cerveza, más largo en esta ocasión.

Durante la homilía, al ver que la tabarra improvisada del sacerdote duraba más de cinco minutos, aprovechó para echar un vistazo al guásap.

Cuando llegó el momento del saludo de paz, su cuerpo se tensó. Fijó la mirada en el cáliz y trató de no prestar atención a ningún otro estímulo sensorial. Fue inútil. Una párraca, con una enorme sonrisa rebosante de humanidad, se le acercó desde los lejanos primeros bancos con la mano extendida. Y así se quedó, de pie ante él, hasta que el hombre se vio obligado a prestar atención a ese ser saludante: miró a la señora, miró su mano. Con gesto neutro de invitación, el hombre acercó la lata de cerveza a la mano de la señora. La señora se alejó con rostro malhumorado.

Terminada la misa, la párraca malhumorada se volvió a acercar, antes de que el hombre lograse alcanzar la puerta de salida.

-Buenas tardes -dijo muy tiesa.

-Buenas tardes -dijo él, dándole otro trago a la cerveza.

-Me he fijado en que no ha comulgado usted.

-Eso se debe a que estaba usted prestándome más atención a mí que al oficio.

-El padre estará encantado de recibirle en confesión, si se encuentra usted en pecado.

-Pues hombre, teniendo en cuenta que estoy divorciado y soy adúltero… pues supongo que sí, estoy en pecado. Pero la confesión sería una pérdida de tiempo.

-¿Por qué?

-Porque no tengo propósito de enmienda.

-No es usted católico, entonces.

-Me temo que sí lo soy.

-¿Teme…? No parece temer nada.

-Si no fuera católico, supongo que me aceptaría como mero hombre de mi época. Estoy solo, copulo cuando me place y tengo un hijo al que apenas veo. Sería uno más entre la masa de desastres existenciales que la degenerada sociedad actual considera vida moderna. Soy tan moderno, de hecho, que, teniendo en cuenta mis propias expectativas, hasta tiene gracia…

-Entonces, ¿por qué se considera católico?

-Porque, bien pensado, no tiene ninguna gracia.

El hombre abrió la puerta de salida.

-¿Y no piensa hacer nada para remediarlo? -dijo la señora, más malhumorada que nunca.

-Sí.

-¿Qué?

-Rezar. Buenas tardes.

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