INOCENTADA

por El Responsable

Vuelvo a trabajar de agente judicial.

En esta ocasión, mi función es la de archivero. Saca expediente, mete expediente. Del juzgado 1, del juzgado 8. Civil, Penal, Social. Trámite, ejecución, faltas, previas, leves.

También nos tenemos que hacer cargo de las piezas de convicción, que es la forma rebuscada que el lenguaje jurídico de este país usa para referirse a las pruebas de toda la vida.

Cuando Antonio y yo hemos vuelto a nuestra oficina tras buscar algo que hacer, tema complicado en estos aburridos días navideños, hemos descubierto que el trabajo había venido a buscarnos a nosotros en nuestra ausencia. En la mesa de Antonio alguien había dejado una pieza de convicción. Los papeles del oficio estaban grapados a una bolsa de plástico transparente.

Los músculos de mi cara se tensaron.

Le hice un comentario a Antonio, que se confirmó al leer la palabra escrita en la hoja del atestado: fallecimiento.

Un breve silencio brotó mientras contemplábamos el interior de la bolsa de plástico.

Antonio dijo algo sobre las manchas encarnadas que ensuciaban parte de la gruesa cuerda, en las que yo ya me había fijado.

Aquel enser blanco disponía un mundo negro a su alrededor.

Hicimos nuestro trabajo. Metimos la bolsa con la soga en una caja, cerramos la caja con cinta, pegamos los datos identificadores de la pieza en el exterior de la caja. Como Antonio tenía prisa, le dije que se fuese, que ya me encargaba yo de bajarla al archivo de piezas.

El archivo de piezas está dos pisos por debajo de la planta baja, en la parte nueva del edificio. Como nadie pensó en la cercanía del cauce del río Sil, hubo que instalar tiempo después de terminada la reforma una bomba para drenar constantemente esa parte de los sótanos. El frío y la humedad son intensos allí.

El archivo de las piezas queda al final del pasillo, a la izquierda. Deposité la caja en su balda correspondiente.

Con excesivo respeto, quizá. Como si quisiese trocar en rito mortuorio aquel mero acto administrativo.

Como si fuese un enterrador en el quinto acto de Hamlet.

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