El sosiego acantilado

non mea voluntas

Mes: diciembre, 2016

INOCENTADA

Vuelvo a trabajar de agente judicial.

En esta ocasión, mi función es la de archivero. Saca expediente, mete expediente. Del juzgado 1, del juzgado 8. Civil, Penal, Social. Trámite, ejecución, faltas, previas, leves.

También nos tenemos que hacer cargo de las piezas de convicción, que es la forma rebuscada que el lenguaje jurídico de este país usa para referirse a las pruebas de toda la vida.

Cuando Antonio y yo hemos vuelto a nuestra oficina tras buscar algo que hacer, tema complicado en estos aburridos días navideños, hemos descubierto que el trabajo había venido a buscarnos a nosotros en nuestra ausencia. En la mesa de Antonio alguien había dejado una pieza de convicción. Los papeles del oficio estaban grapados a una bolsa de plástico transparente.

Los músculos de mi cara se tensaron.

Le hice un comentario a Antonio, que se confirmó al leer la palabra escrita en la hoja del atestado: fallecimiento.

Un breve silencio brotó mientras contemplábamos el interior de la bolsa de plástico.

Antonio dijo algo sobre las manchas encarnadas que ensuciaban parte de la gruesa cuerda, en las que yo ya me había fijado.

Aquel enser blanco disponía un mundo negro a su alrededor.

Hicimos nuestro trabajo. Metimos la bolsa con la soga en una caja, cerramos la caja con cinta, pegamos los datos identificadores de la pieza en el exterior de la caja. Como Antonio tenía prisa, le dije que se fuese, que ya me encargaba yo de bajarla al archivo de piezas.

El archivo de piezas está dos pisos por debajo de la planta baja, en la parte nueva del edificio. Como nadie pensó en la cercanía del cauce del río Sil, hubo que instalar tiempo después de terminada la reforma una bomba para drenar constantemente esa parte de los sótanos. El frío y la humedad son intensos allí.

El archivo de las piezas queda al final del pasillo, a la izquierda. Deposité la caja en su balda correspondiente.

Con excesivo respeto, quizá. Como si quisiese trocar en rito mortuorio aquel mero acto administrativo.

Como si fuese un enterrador en el quinto acto de Hamlet.

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EL PRIMERO ERA EL BUENO

“El conflicto ideológico, latente a todo lo largo de los años sesenta, estalló a comienzos de lo setenta con Mademoiselle Age Tendre 20 Ans, cristalizándose en torno a una pregunta fundamental en aquella época: ¿Hasta dónde se puede llegar antes del matrimonio? Durante estos mismos años, la opción hedonista-libidinal de origen norteamericano recibió un poderoso apoyo de los órganos de prensa de inspiración libertaria (el primer número de Actuel apareció en octubre de 1970, y el de Charlie-Hebdo en noviembre). Si bien estas revistas se situaban, en principio, en una perspectiva política de contestación al capitalismo, estaban esencialmente de acuerdo con la industria del entretenimiento: destrucción de los valores morales judeo-cristianos, apología de la juventud y de la libertad individual. Atrapados entre presiones contradictorias, las revistas para chicas elaboraron un compromiso de urgencia, que se puede resumir en las siguientes líneas. Durante una primera fase (digamos entre los doce y los quince años), la chica sale con muchos chicos (la ambigüedad semántica del verbo salir reflejaba, por otra parte, una verdadera ambigüedad de comportamiento: ¿qué querría decir, exactamente, salir con un chico? ¿Se trataba de besarlo en la boca, de los placeres más profundos del toqueteo y el manoseo, de relaciones sexuales propiamente dichas? ¿Había que quitarse las bragas? ¿Y qué pasaba con las partes del chico?). Para Patricia Hohweiller o Caroline Yessayan no era fácil; sus revistas favoritas daban respuestas vagas y contradictorias. Durante la segunda fase (poco después del bachillerato), la misma chica sentía la necesidad de una historia seria (más tarde llamada big love en las revistas alemanas), y la pregunta de entonces era: ¿Debo irme a vivir con Jérémie?; era una segunda fase, pero en principio definitiva. La extrema fragilidad de este arreglo que las revistas proponían a las chicas -de hecho se trataba de superponer, pegándolos arbitrariamente sobre dos momentos consecutivos de la vida, modelos opuestos de comportamiento- no fue evidente hasta unos años después, cuando la gente se dio cuenta de que el divorcio se había generalizado. Aun así, este esquema irreal constituyó durante algunos años, para unas chicas que de todas formas eran bastante ingenuas y estaban bastante aturdidas por la rapidez de las transformaciones que ocurrían a su alrededor, un modelo de vida creíble al que trataron de amoldarse juiciosamente.

Para Annabelle, las cosas eran muy diferentes. Por las noches, antes de dormirse, pensaba en Michel; se alegraba de volver a pensar en él cuando se despertaba. Cuando en clase le pasaba algo divertido o interesante, enseguida pensaba en contárselo a él. Los días en que, por la razón que fuese, no se habían visto, se sentía inquieta y triste. Durante las vacaciones de verano (sus padres tenían una casa en Gironde) le escribía todos los días. Incluso si no se lo confesaba con franqueza, incluso si sus cartas no eran nada apasionadas y más bien se parecían a las que le habría escrito a un hermano de su edad, incluso si el sentimiento que impregnaba su vida recordaba a un halo de dulzura más que a una pasión devoradora, la realidad que cada día estaba más clara para ella era ésta: de buenas a primeras, sin haberlo buscado, sin ni siquiera haberlo deseado, había encontrado a su gran amor. El primero era el bueno, no habría otro, y no tendría ni que hacerse la pregunta. Según Mademoiselle Age Tendre, el caso era posible; no había que hacerse ilusiones, casi nunca ocurría; pero en algunas ocasiones extremadamente raras, casi milagrosas -aunque más que probadas-, podía ocurrir. Y era lo más maravilloso que te podía suceder en la vida.”

Las partículas elementales, de Michel Houellebecq; Anagrama, 1999; pgs. 56-58.

AL NACIMIENTO DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

Pender de un leño, traspasado el pecho,
y de espinas clavadas ambas sienes,
dar tus mortales penas en rehenes
de nuestra gloria, bien fue heroico hecho;

pero más fue nacer en tanto estrecho,
donde, para mostrar en nuestros bienes
a dónde bajas y de dónde vienes,
no quiere un portalillo tener techo.

No fue ésta más hazaña, oh gran Dios mío,
del tiempo por haber la helada ofensa
vencido en flaca edad con pecho fuerte

(que más fue sudar sangre que haber frío),
sino porque hay distancia más inmensa
de Dios a hombre, que de hombre a muerte.

Luis de Góngora y Argote

"Virgen y Niño", de Miguel Ángel Buonarroti (alrededor de 1525)

“Virgen y Niño”, de Miguel Ángel Buonarroti (alrededor de 1525)

EL CONDUCTOR DE LA TRISTE FIGURA

sobra tanto
tanto falta
es tan fácil la vida
qué difícil, la vida
es tan fácil, morir
qué difícil, la muerte
es tan fácil rezar
cuando se ama
tan difícil rezar
cuando se escapa
no sé si puede haber caballeros
en un mundo de coches
no sé si puede haber caballos
en un mundo del Hombre
siempre en lugares
donde el edificio
no deja ver el bosque
sobra tanto
tanto falta
sobra deseo
tú me faltas
yo falto
y Tú sangras

LA BELLEZA INCORRUPTIBLE DE LAS CICATRICES

Las heridas como matices cruciales del ser
como descripciones fugaces en una larga novela
como versos.

Los muros mellados de Notre-Dame de la Garde.

Las llagas eternamente abiertas del Cuerpo Glorioso.

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EL ÚLTIMO APUNTE

Nunca podemos contar con el que no se mira a sí mismo con mirada de entomólogo.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 502.

“Por la mañana en el jardín, un alegre día de poco antes de primavera. El acónito florece alrededor del cenador y bajo el haya roja; el jazmín de invierno está marchito. El croco apenas saca sus primeras puntas. En el estanque dos cisnes, fochas y muchos patos, los verderones pican en el árbol de la vida.

Anoche fue la fiesta de la matanza en El león; por la noche sueños intranquilos, entre otros en compañía de Florence Gould. Frente a mí un noble elegantemente vestido; no pertenecía al sueño, sino que era palpable en la habitación. A lo mejor la intensa lectura de Dostoievski me vuelve susceptible ante tales apariciones.”

Último apunte de los diarios de Ernst Jünger, escrito en Wilflingen el 17 de marzo de 1996; el autor moriría casi dos años después, el 17 de febrero de 1998, cerca ya de cumplir los 103 años de vida; en Pasados los setenta V; Tusquets, 2015; pgs. 195-196.

La niebla ocultando el castillo templario de Ponferrada, a la vera del río Sil

La niebla ocultando el castillo templario de Ponferrada, a la vera del río Sil

EL CATÓLICO MONSTRUOSO

 

Yo
rey de las quimeras
amo
la paz de las chimeneas
la furia de las espadas
todo el dolor que nos ha traído hasta aquí
la mujer con la que peco
y el Dios que me prohíbe comulgar.

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ÍNTIMO Y METAFÍSICO ANHELO DE PATRIARCADO

He wanted to lose the madness over the mountains, he said, and begin again…

De vuelta en la pensión, me pongo Legends of the Fall en el portátil por enésima vez, para ir esperando el sueño.

El coronel Ludlow siempre me ha parecido un ejemplo casi perfecto de reaccionario. Pero el auténtico protagonista de la película no es él, ni ninguno de sus tres hijos. Es la historia de una casa, de una de esas casas de nacer de vivir de morir.

En mis 39 años de vida, he pasado ya por siete soluciones habitacionales, más o menos el mismo número que ha gastado mi madre. Mis raíces se agitan inquietas según sopla el viento. Como mi limonero, la tierra más estable que he conocido es la de una pequeña maceta, siempre dispuesta a seguir dando tumbos por el mundo.

Pero he conocido ese tipo de casas orgánicas que van creciendo y transformándose según las necesidades de la familia que las habita. He ahí mi íntimo anhelo de patriarcado. Echar raíces en una tierra a la que mi sangre mire con amor así pasen los siglos, como castillo templario contemplando cada invierno las nieves de los montes Aquilanos.

Como no le queda más remedio que acabar entendiendo al coronel Ludlow, la esencia del patriarca no es la de imponer caminos a sus vástagos, sino construir un hogar al que poder regresar cada vez que la vida les demuestre por qué es un valle de lágrimas.

La película es, por lo tanto, una sucesión de tristes despedidas y alegres regresos, a modo de variaciones sobre el eterno tema de la parábola del Hijo Pródigo. Esa casa paterna de la que tantas veces renegamos y a la que siempre acabamos deseando regresar.

Esa casa en la que la pequeña luz de una vela marca la presencia de un Padre y un Hijo elevados a la categoría de Dios.

He ahí mi anhelo metafísico de patriarcado.

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Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

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apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino

El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

La saga de Dashiell

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A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester