NADA MÁS NOBLE

por El Responsable

Nada más noble que el aristócrata liberal -como Tocqueville- para quien la libertad de todos es el privilegio que compete defender a la clase dirigente.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 79.

El 21 de febrero de 1848 se publicaba en Londres, por primera vez, un texto cuya redacción había sido encargada a Karl Marx y Friedrich Engels.

Se trataba del Manifiesto Comunista.

Tres días más tarde, en París, una revuelta popular obligaba a abdicar al rey Luis Felipe, el último que Francia ha tenido. Esa misma jornada nacía la Segunda República francesa. El vizconde de Tocqueville, testigo de excepción de estos hechos, escribía en noviembre de 1850:

He vivido con hombres de letras que han escrito la historia sin mezclarse con los hechos y he vivido con políticos que nunca se han ocupado de otra cosa que no sea producir acontecimientos sin pensar en describirlos. Siempre he observado que los primeros veían causas generales por todas partes, mientras que los otros, viviendo en medio del deslavazado acontecer diario, concluían con mucho gusto que todo debía ser atribuido a incidentes particulares y que los pequeños resortes que ellos ponían constantemente en marcha con sus manos eran los mismos que movían el mundo. Me parece que unos y otros se equivocan.

Por mi parte, detesto esos sistemas absolutos que hacen depender todos los acontecimientos de la historia de grandes causas primeras, ligadas unas a otras por una cadena fatal, y que eliminan a los hombres, por así decir, de la historia del género humano. Los encuentro estrechos en su pretendida grandeza y falsos a pesar de su aire de verdad matemática. Yo creo, sin querer ofender a los escritores que han inventado esas sublimes teorías para alimentar su vanidad y facilitar su trabajo, que muchos de los hechos históricos importantes sólo podrían ser explicados por circunstancias accidentales y que muchos otros son inexplicables; en fin, que el azar -o, mejor dicho, esa maraña de causas segundas que así llamamos por no saberlas desenmarañar-, conforma buena parte de lo que vemos sobre el teatro del mundo. Pero creo firmemente que el azar nada hace que no haya sido preparado con anterioridad. Los hechos precedentes, la naturaleza de las instituciones, el rumbo de los espíritus, el estado de las costumbres, son los materiales con los que compone esos impromptus que nos asombran y nos asustan.

Souvenirs, de Alexis de Tocqueville; Gallimard, 2003; pgs. 797-798 [traducción propia].

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