UN ENTE DE FICCIÓN

por El Responsable

“-Ha elegido -dijo- el mejor sitio para contemplar el golfo. Arriba, desde la cima de Notre Dame de la Garde, que sirve como punto de referencia a los barcos sobre el mar, puede sin duda abarcar un panorama más extenso, pero los detalles pierden definición. En mis viajes he visitado muchos puertos bellos, pero sigo pensando que éste no se queda a la zaga. Esa sierra que abraza la bahía como el borde curvo de una concha es una estribación de los Alpes Marítimos; y la fortificación blanca sobre la isla de enfrente se llama el Château d’If. ¿Le suena el nombre tal vez?

Al decirle que lo conocía por El Conde de Montecristo, mi respuesta pareció alegrarle.

-Ah, un homme de lettres; me lo imaginaba. Por favor, ¡permítame ver sus manos! -Y sin previo aviso agarró mi mano derecha y examinó la palma con gran atención. Entonces prosiguió-: Naturalmente el Conde de Montecristo es un ente de ficción. De todos modos, en el castillo de enfrente le enseñarán incluso el pasadizo subterráneo que excavó el abate Farina. Por cierto, un poco más al fondo aún verá otra isla literaria; le llaman Fort Ratonneau.

También aquí capté la alusión, y mi apunte pareció agradar de nuevo al desconocido.

-Veo que es usted una persona bien instruida; sin duda, aún no se ha dedicado a labores que encallezcan las manos. Si le apetece, me gustaría invitarle a tomar té; vivo a pocos pasos de aquí.”

Juegos africanos, de Ernst Jünger; Tusquets, 2004; pgs. 87-88.

marseille-if

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