CANTO DE LUCHA

por El Responsable

“Pero al norte de Mesopotamia, en Armenia y en Georgia, la evolución de la cultura cristiana, que se derivó originalmente de la Iglesia siria oriental, se caracterizó por una poderosísima conciencia de independencia nacional.

En verdad, Armenia nos suministra uno de los primeros ejemplos de la historia de una política consciente encaminada al desarrollo de una cultura nacional. Porque, como ha demostrado Pere Peeters, los orígenes de la literatura y de la escritura armenia débense directamente al deliberado esfuerzo de los dirigentes del pueblo armenio de salvar su religión y su nacionalidad de la absorción por los persas. Para alcanzar este objetivo enviaron una misión cultural a los centros de la cultura cristiana siria de Samosata y de Edessa bajo la dirección de San Mesrop el maestro, que, con la ayuda de eruditos sirios, inventó la escritura y el alfabeto armenios y echó los cimientos de una literatura nacional cristiana.

Desde entonces -y durante mil quinientos años- la literatura y la escritura armenias han sido los baluartes de su nacionalidad. Durante su época de esplendor -siglos IX y X- el reino de Armenia fue también el baluarte de toda la Cristiandad oriental, enfrente del Islam, y cuando fue destruido por el miope imperialismo bizantino, el espíritu nacional armenio era aún lo bastante fuerte para sobrevivir a la conquista selyúcida y volver a crear un segundo estado armenio en Cilicia y Commagene. Aquí estableció contacto con el Occidente latino, por mediación de los estados cruzados, y ningún pueblo oriental demostró ser más tolerante y receptivo a la influencia occidental. Los santos occidentales, como Santo Tomás de Canterbury, fueron conmemorados por la Iglesia armenia medieval, y el rito occidental de la coronación fue traducido al armenio por San Nerses de Lampron para ser utilizado en la coronación de León el Grande en 1157.

Al propio tiempo los armenios medievales se entendían bien con el mundo oriental. Haythum I (1226-69) estaba en relaciones amistosas con el Imperio mogol, y visitó en persona la corte del Gran Kan en Karakorum. Intentó organizar un frente común con los mogoles en contra del Islam.

Los mogoles mantenían en aquel tiempo estrechas relaciones con los cristianos nestorianos orientales, y tal frente común había de comprender a los estados cruzados del Oriente, que mantenían la misma íntima relación con Armenia. Estos ambiciosos intentos, realizados por León II y Haythum II, sucesores de Haythum I, fracasaron, debido a la falta de ayuda de la Cristiandad occidental y a la decadencia del movimiento cruzado. No obstante, demuestran que en el siglo XIII la Cristiandad oriental era aún factor importante en la política internacional. No existe documento alguno más interesante en la historia de las relaciones del Oriente y del Occidente que el informe de la embajada de los monjes sirios de China, Mar Yaballaha y Rabban Sauma, enviados al Occidente en 1287 por el Arghun Kan, para asegurar esta alianza, y que visitaron Roma, París y Burdeos. En la misma época, los misioneros occidentales visitaban Asia Central y China, y establecían arzobispados en Pekín, en 1308, y en Sultanieh (Persia), en 1318. Si este movimiento de integración mutua de la Cristiandad oriental y de la occidental hubiera prosperado, el curso de la Historia habría sido distinto, al establecer un canal de intercambio a través del viejo mundo, desde París a Cantón.

Desgraciadamente, señaló un fin, no un principio. Aunque unas cuantas mentes previsoras de Occidente, como Roger Bacon y Raimundo Lulio, Felipe de Mezières y Marco Sanuto, Gregorio X y Juan XXII, presintieron la importancia del Oriente cristiano, la Cristiandad occidental en su conjunto estaba demasiado dividida por rivalidades eclesiásticas y políticas para aprovechar estas oportunidades. La conversión de los mogoles al Islamismo privó al reino armenio de su apoyo externo, y el crecimiento de la intolerancia musulmana, que culminó en la desastrosa reacción de Tamerlán, acabó no sólo con la influencia, sino también con la misma existencia del Cristianismo sirio en el Asia Central. El último rey de la Armenia cristiana murió en el exilio en París, en 1393, y tres años después fue completamente destruido en Nicópolis, sobre el Danubio, el último gran ejército que la Europa occidental había enviado en socorro de los cristianos orientales. Ya no existía posibilidad de expansión oriental para el Cristianismo. Incluso, fueron perdidas las comarcas donde Cristianismo y Helenismo habían tenido su origen -Asia Menor y Grecia-; y Constantinopla se convirtió en la capital de un nuevo Imperio no cristiano, mayor aún que el Imperio bizantino en tiempos de Justiniano.”

Ensayos acerca de la Edad Media, de Christopher Dawson; Aguilar, 1960; pgs. 41-44.

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