LAS ORACIONES DE DOÑA ALEJANDRA

por El Responsable

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Yo le dije a doña Alejandra que rezara por mí y ella me supo leer y auscultar. Me envió palabras para soportar huracanes y una canción que me ancló a la tradición de valentía y coraje de mi familia.

Mi abuelo era redero. Muchas veces le propusieron ser jefe de su gremio en los barcos donde se ganaba la vida. Pero a él no le gustaba mandar. No quería saber de política, ni de elevaciones mundanas.

En la única ocasión en que aceptó ser jefe de rederos, obligado por la necesidad de sacar adelante a sus cuatro hijos, la muerte pactó cita con él al otro lado del océano, al sur de Terranova, en las costas de Saint-Pierre-et-Miquelon. Unas redes rebosantes de peces fueron demasiado esfuerzo para los cables de su pesquero, provocando la quiebra de uno de ellos, que, a modo de látigo furioso, destrozó los cuerpos y las vidas de varios hombres, entre ellos mi abuelo José Bastida. A quien nunca llegué a conocer.

Por eso, quizá no sabe doña Alejandra cuánto acertó al enviarme esta oración hermosísima, que le agradezco desde lo más profundo del alma.

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