LA CLASE MEDIA

por El Responsable

“Nuestra historia, de 1789 a 1830, vista desde la lejanía y en su conjunto, se me aparecía como el cuadro de una lucha encarnizada que se había librado durante cuarenta y un años entre el antiguo régimen, sus tradiciones, sus recuerdos, sus esperanzas y sus hombres representados por la aristocracia, y la Francia nueva dirigida por la clase media. 1830 me parecía haber cerrado ese primer período de nuestras revoluciones o, más bien, de nuestra revolución, porque no hay más que una, revolución siempre la misma a través de los diversos rostros y fortunas, que nuestros padres han visto comenzar y que, por lo que parece, nosotros no veremos terminar. Todo lo que quedaba del antiguo régimen fue destruido para siempre. En 1830, el triunfo de la clase media había sido definitivo y tan completo que todos los poderes políticos, todas las franquicias, todas las prerrogativas, el gobierno al completo, se encontraron reservados y como embutidos en los límites estrechos de esa burguesía, con la exclusión, de derecho, de todo lo que estaba por debajo de ella y, de hecho, de todo lo que había estado por encima. No sólo se hizo así la única directora de la sociedad, sino que se puede decir que se convirtió en la dueña. Ocupó todos los puestos, aumentó prodigiosamente el número de éstos y se habituó a vivir casi tanto del Tesoro público como de su propio trabajo.

Consumado lo cual se produjo un profundo apaciguamiento de todas las pasiones políticas, una suerte de empequeñecimiento universal de todos los acontecimientos y un rápido desarrollo de la riqueza pública. El espíritu propio de la clase media se convirtió en el espíritu general del gobierno; dominó tanto la política exterior como los asuntos internos: espíritu activo, industrioso, a menudo deshonesto, generalmente ordenado, a veces temerario por vanidad y por egoísmo, tímido por temperamento, moderado en todas las cosas excepto en el gusto por el bienestar y lo mediocre; espíritu que, él solo, no producirá jamás otra cosa que un gobierno sin virtud ni grandeza. Dueña de todo como no lo había sido ni lo será quizá nunca ninguna aristocracia, la clase media, que es obligado llamar la clase gubernamental, habiéndose acantonado en su poder y, poco después, en su egoísmo, le dio al gobierno un aire de empresa privada, cada uno de sus miembros pensando únicamente en los asuntos públicos en la medida en que pudieran beneficiar todo lo posible sus asuntos privados y olvidando fácilmente en su pequeño bienestar a las gentes del pueblo.”

Souvenirs, de Alexis de Tocqueville; Gallimard, 2003; pgs. 750-751 [traducción propia].

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