FUERA DE LAS FORTUNAS E INFORTUNIOS DE ESTE MUNDO

por El Responsable

“Bástale al cristiano creer que todas las cosas provienen de Dios, recibiéndolas con reconocimiento de su divina e inexcrutable sapiencia, y tomándolas a buena parte, se presenten como se presenten. Pero hallo mal eso que se ve al presente: tratar de afirmar y apoyar nuestra religión por el éxito de nuestras empresas. Nuestra creencia tiene otros fundamentos, sin necesidad de justificarla con los sucesos. En efecto, es peligroso acostumbrar al pueblo a esos argumentos tan de su gusto, porque si los hechos se tornan contrarios y desventajosos, la gente siente quebrada su fe. En nuestras guerras de religión, los que llevaron ventaja en la Rochelabeille hicieron gran aparato de esa victoria, procurando con ella demostrar la bondad de su causa; pero al excusar sus descalabros de Montcontour y Jarnac hubieron de decir que eran castigos y sanciones paternas. Y con esto, si no tienen un pueblo muy a su discreción, con facilidad le harán ver que procuran sacar de un solo saco dos moliendas distintas y soplar con la misma boca lo caliente y lo frío. Más vale atenerse a los reales fundamentos de la verdad. Meses atrás, y bajo el mando de don Juan de Austria, se ha ganado una gran batalla a los turcos, pero otras veces Dios ha querido obrar lo contrario a nuestra costa. No es prudente poner las cosas divinas en nuestro platillo, porque pudieran sernos materia de contratiempo. Habrá quien quiera sacar partido de que Arrio, y León, su Papa, jefes principales de la herejía arriana, murieron, en diversos tiempos, de muertes singulares y análogas, como fue que, retirándose de una discusión, por dolor de vientre y yendo al excusado, allí entregaron el alma de repente. Y aun para exagerar la venganza divina con la elección del lugar, puede añadirse el caso de Heliogábalo, muerto también de modo semejante; pero no andaremos acertados, porque Ireneo se halló en igual peripecia. Dios procura enseñarnos que los buenos tienen más que esperar y los malos más que temer fuera de las fortunas e infortunios de este mundo, y por eso mueve y aplica las cosas según su disposición oculta, quitándonos el medio de tornar locamente la suerte en nuestro provecho. Los que quieren prevalecerse de esas materias según humana razón, jamás dan golpe que no les cueste dos. Bien lo probó San Agustín contra sus adversarios. Tal clase de conflictos mas se deciden con las armas de la memoria que con las de la razón. Hay que contentarse con la luz que al Sol le place darnos con sus rayos, y quien levante los ojos queriendo recogerla en el astro mismo, no debe extrañarse si queda ciego. Quis enim hominum poterit scire consilium Dei? Aut quis poterit cogitare quid velit Deus? [¿Qué hombre puede conocer el acuerdo de Dios? ¿O quién conjeturar lo que Dios quiere? Sab 9, 13]

Ensayos, de Michel de Montaigne; Orbis, 1985; volumen I, pgs. 161-162.

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