A SEAÑA

por El Responsable

El excepcional frío de este raro verano me predispone a buscar refugio en recuerdos cálidos.

Soy niño y dormito en la hamaca del primo Andrés. Me balanceo entre dos árboles (¿dos manzanos, quizá?) y me dejo arrullar por el cloqueo de una gallina vagabunda y solitaria, que busca alimento en el sopor acalorado de la sobremesa.

Son tan hermosos los días de sol en la Ría. Precisamente por su escasez.

La casa del primo Andrés está en la Seaña. ¿Qué es la Seaña? La Seaña es un lugar. Las parroquias gallegas, reacias a las acumulaciones urbanas, se suelen componer de casas dispersas, separadas entre ellas por una razonable cantidad de metros. Varias de estas casas, reunidas conceptualmente en base a algún intuitivo criterio geográfico, componen un lugar. Una parroquia suele incluir varios lugares. La Seaña es un lugar.

Nunca tiene uno muy claro dónde empieza y dónde acaba la Seaña: si subes desde Rilo, y pasas por el Bailón, sabes que falta poco para llegar a la Seaña. Si estás en Simou, es que ya has salido de la Seaña. Pero las fronteras de un lugar nunca están muy claras. Y a mí me parece que es mucho mejor así.

En la Seaña también está la casa de la tía Marisa. Sentado en una de sus sillas pude contemplar, otro verano de hace años, el cielo nocturno más impresionante que he visto nunca. El Camino de Santiago brillaba como lo que es: una cósmica orquesta de soles.

Es más fácil creer en Dios cuando el habitar humano permite escenarios donde gozar estéticamente de lo creado.

En Madrid, ver una simple estrella es un milagro. Y ningún cloqueo de gallina sosiega la tarde.

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