El sosiego acantilado

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Mes: julio, 2016

FELGOS

Siendo niño
leí en algún sitio
que los helechos ya existían cuando existían dinosaurios.

Felgo es la palabra con la que mi comarca nombra a los helechos
palabra que ha invadido incluso el castellano de mi cacho de Madre.

Cada vez que el Mundo me destruye
cada vez que Excalibur ha sido quebrada en combates indignos
mi Madre me llama a su seno
pues sabe que necesito que me suba a colo.

Cuando los acantilados cantan como sirenas
sé que ha llegado el momento
de coger un autobús
y cruzar la llanura.

Mi Dama del Lago
vive en un océano
al que los felgos se asoman.

Recojo mis pedazos
y los meto en una mochila
para pasearlos solo al borde de abismos.

Voy en busca del sosiego perdido
en la raya del horizonte
donde ya lloraban
pasmados por la belleza
los dinosaurios.

LA FUGA

Había dispuesto las cuatro latas vacías de cerveza como si fueran las cuatro torres de un castillo en miniatura. Dio otro trago a una quinta lata, mientras colocaba un soldadito -hecho con un trozo de servilleta de papel- en lo alto de una de las torres. Miró a la joven pareja de la mesa de al lado y les sonrió, mientras señalaba su maqueta con gesto orgulloso.

Fiat pax in virtute tua et abundantia in turribus tuis… -balbuceó.

El joven y la joven se miraron y gesticularon burlonamente. Enseguida dejaron de prestarle atención y devolvieron las miradas a la televisión del bar. El borracho eructó para sí mismo, sin estridencias; acabó atendiendo también a las noticias.

-…es que si eres cura, vas incitando a que te corten el pescuezo -dijo la joven-. Lo que no tiene nombre es que te maten mientras vas a un concierto. O en tus vacaciones; ya no se puede viajar tranquilo a un montón de sitios interesantísimos…

Su acompañante asintió con la cabeza, antes de añadir:

-Qué se puede esperar, de las religiones…

Una lata aplastada golpeó la cabeza del joven y rebotó hasta el suelo. El chaval, desconcertado, miró a su alrededor, buscando una explicación. El castillo en miniatura tenía una torre menos; y el borracho le miraba con una mueca de profunda satisfacción. El joven le miró con cara de no entender nada.

-Supongo que le causará menos sorpresa mi acción -dijo el borracho-, si le digo que mi naturaleza tiene cierta tendencia a la religiosidad.

Los dos jóvenes le seguían mirando estupefactos.

-Aunque lo realmente sorprendente, he de decir -añadió el borracho-, es mi puntería; teniendo en cuenta el estado en el que me encuentro. Desde luego, estaba de Dios hacerle sangre.

El rostro del joven se puso blanco.

-¿Sangre? -tartamudeó-. ¿Qué sangre?

Su compañera señaló con un tímido dedo su propia frente. El joven repitió el gesto en la suya. Después miró el dedo, manchado por un hilillo de sangre; y, acto seguido, se desmayó. Momento en el que se acercaron un par de camareros y algunos clientes, que habían estado observando la escena en pasmado silencio.

-Dios mío, he creado un mártir laico… -dijo el borracho, al tiempo que se dibujaba una sonrisa crispada en su boca.

Mientras crecía el tumulto, el borracho se dirigió dando tumbos hacia la puerta del bar. Ya en la calle, le recibió la luminosidad de bajo consumo de la ciudad nocturna y los mil ruidos del ocio de fin de semana.

-Cuando suba la marea, esta gente nos venderá como a perros… -murmuró-. Hay que irse de aquí.

Se fue haciendo eses por la acera atestada, la mirada fija en el cielo sin estrellas. Algunos clientes, apocados, le veían marcharse desde la puerta del bar. Un sonido de sirenas crecía en la distancia.

'Invierno', de Andrew Wyeth (1946)

‘Invierno’, de Andrew Wyeth (1946)

FUERA DE LAS FORTUNAS E INFORTUNIOS DE ESTE MUNDO

“Bástale al cristiano creer que todas las cosas provienen de Dios, recibiéndolas con reconocimiento de su divina e inexcrutable sapiencia, y tomándolas a buena parte, se presenten como se presenten. Pero hallo mal eso que se ve al presente: tratar de afirmar y apoyar nuestra religión por el éxito de nuestras empresas. Nuestra creencia tiene otros fundamentos, sin necesidad de justificarla con los sucesos. En efecto, es peligroso acostumbrar al pueblo a esos argumentos tan de su gusto, porque si los hechos se tornan contrarios y desventajosos, la gente siente quebrada su fe. En nuestras guerras de religión, los que llevaron ventaja en la Rochelabeille hicieron gran aparato de esa victoria, procurando con ella demostrar la bondad de su causa; pero al excusar sus descalabros de Montcontour y Jarnac hubieron de decir que eran castigos y sanciones paternas. Y con esto, si no tienen un pueblo muy a su discreción, con facilidad le harán ver que procuran sacar de un solo saco dos moliendas distintas y soplar con la misma boca lo caliente y lo frío. Más vale atenerse a los reales fundamentos de la verdad. Meses atrás, y bajo el mando de don Juan de Austria, se ha ganado una gran batalla a los turcos, pero otras veces Dios ha querido obrar lo contrario a nuestra costa. No es prudente poner las cosas divinas en nuestro platillo, porque pudieran sernos materia de contratiempo. Habrá quien quiera sacar partido de que Arrio, y León, su Papa, jefes principales de la herejía arriana, murieron, en diversos tiempos, de muertes singulares y análogas, como fue que, retirándose de una discusión, por dolor de vientre y yendo al excusado, allí entregaron el alma de repente. Y aun para exagerar la venganza divina con la elección del lugar, puede añadirse el caso de Heliogábalo, muerto también de modo semejante; pero no andaremos acertados, porque Ireneo se halló en igual peripecia. Dios procura enseñarnos que los buenos tienen más que esperar y los malos más que temer fuera de las fortunas e infortunios de este mundo, y por eso mueve y aplica las cosas según su disposición oculta, quitándonos el medio de tornar locamente la suerte en nuestro provecho. Los que quieren prevalecerse de esas materias según humana razón, jamás dan golpe que no les cueste dos. Bien lo probó San Agustín contra sus adversarios. Tal clase de conflictos mas se deciden con las armas de la memoria que con las de la razón. Hay que contentarse con la luz que al Sol le place darnos con sus rayos, y quien levante los ojos queriendo recogerla en el astro mismo, no debe extrañarse si queda ciego. Quis enim hominum poterit scire consilium Dei? Aut quis poterit cogitare quid velit Deus? [¿Qué hombre puede conocer el acuerdo de Dios? ¿O quién conjeturar lo que Dios quiere? Sab 9, 13]

Ensayos, de Michel de Montaigne; Orbis, 1985; volumen I, pgs. 161-162.

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SUS MÁS SERIAS ACCIONES

“Reprendió Platón a un muchacho que jugaba a las nueces y díjole el chiquillo: ‘Me reprendes por poco‘. ‘No es poca cosa la costumbre‘, replicó Platón. Yo opino que nuestros mayores vicios se originan en nuestra más tierna infancia y entiendo que nuestro principal gobierno futuro está en mano de nuestras nodrizas. Las madres se divierten viendo a sus hijos torcer el pescuezo a un pollo, o maltratar a un perro o a un gato; y hay padre tan necio que atribuye a su hijo un ánimo belicoso si le ve maltratar injuriosamente a un labriego o lacayo, que no se defiende; o le tiene por agudo si el chiquillo aventaja a un compañero en cualesquier maliciosa deslealtad o engaño. Empero, esas son las verdaderas raíces y semillas de la crueldad, la tiranía y la traición, y luego de que arraigan medran gallardamente y adquieren fuerza con la costumbre. Es peligrosísimo excusar esas malas inclinaciones con la debilidad de los pocos años y la liviandad del asunto, y lo es, porque entonces habla la humana naturaleza, con voz tanto más pura y sincera cuanto que es más nueva. Además, la fealdad del engaño no varía si se engaña en escudos o alfileres, sino que depende del engaño mismo. Yo hallo justa esta conclusión: ¿Por qué no defraudar escudos cuando defraudo alfileres?; y no hallo justa esta otra que suele formularse: Lo que haga con alfileres no lo haría con escudos. Es menester enseñar a los niños a que odien los vicios por su propia contextura, haciéndoles aprender su natural deformidad, de modo que los rehúyan, no sólo como acto, sino en todo, al punto de que el solo pensamiento de los vicios, lleven la máscara que lleven, les sea odioso.

Ha de hacerse notar que los juegos infantiles no son tales juegos, sino que en los niños han de juzgarse como sus más serias acciones. En mi infancia decíaseme que siguiera siempre el camino recto y, contra mi gusto, se me prohibía mezclar engaño ni añagaza a mis juegos, merced a lo cual no hay pasatiempo, por ligero que sea, al que yo no aporte, por propensión natural y no artificiosa, una extrema contradicción a engañar. Ganar y perder me es indiferente, ya sea contra mi mujer y mi hija, ya de verdad.”

Ensayos, de Michel de Montaigne; Orbis, 1985; volumen I, pg. 72.petitnicolas_2

COMPRARTE CON DERROTA

Durante la comida, mientras yo hablaba, José Luis recordó los últimos versos del segundo poema inglés de Borges (a cada cual le viene a la cabeza aquello de lo que se llena, y José Luis vive en poesía).

El tal poema, en su integridad, dice así:

What can I hold you with?
I offer you lean streets, desperate sunsets, the moon of ragged suburbs.

I offer you the bitterness of a man who has looked long and long at the lonely moon.

I offer you my ancestors, my dead men, the ghosts that living men have honoured in marble: my father’s father killed in the frontier of Buenos Aires, two bullets through his lungs, bearded and dead, wrapped by his soldiers in the hide of a cow; my mother’s grandfather –just twenty four- heading a charged of three hundred men in Peru, now ghosts on vanished horses.

I offer you whatever insight my books may hold, whatever manliness or humour my life.

I offer you the loyalty of a man who has never been loyal.

I offer you that kernel of myself that I have saved, somehow –the central heart that deals not in words, traffics not with dreams and is untouched by time, by joy, by adversities.

I offer you the memory of yellow rose seen at sunset, years before you were born.

I offer you explanations of yourself, theories about yourself, authentic and surprising news of yourself.

I can give you my loneliness, my darkness, the hunger of my heart; I am trying to bribe you with uncertainty, with danger, with defeat.

(Traducción de Eduardo Sánchez Gauto: ¿Con qué te puedo retener? / Te ofrezco calles estrechas, ocasos desesperados, la luna de los raídos suburbios. / Te ofrezco la amargura de un hombre que ha mirado largo y tendido a la solitaria luna. / Te ofrezco mis ancestros, mis muertos, los fantasmas que los vivientes han honrado en mármol: / el padre de mi padre muerto en la frontera de Buenos Aires, dos balas atravesándole los pulmones, barbudo y muerto, rodeado por sus soldados en el cuero de una vaca; el abuelo de mi madre –con apenas veintidós años– encabezando una carga de trescientos hombres en Perú, ahora fantasmas en caballos desvanecidos. / Te ofrezco cualquier revelación que puedan tener mis libros, cualquier masculinidad o humor en mi vida. / Te ofrezco la lealtad de un hombre que nunca ha sido leal. / Te ofrezco el núcleo de mí que he guardado, de algún modo: el corazón central que no trata con palabras, no trafica con sueños, y no ha sido tocado por el tiempo, por las alegrías, por las adversidades. / Te ofrezco el recuerdo de una rosa amarilla vista en el ocaso, años antes de que nacieras. / Te ofrezco explicaciones sobre vos, teorías sobre vos, auténticas y sorprendentes noticias sobre vos. / Puedo darte mi soledad, mis tinieblas, el hambre de mi corazón; estoy tratando de comprarte con incertidumbre, con peligro, con derrota.)

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LA REVOLUCIÓN PERMANENTE

“No hay duda de que ya se habían realizado importantes invenciones en épocas pasadas, como también se había registrado, antes de la Revolución Industrial, más de un período de crecimiento económico acelerado en varias regiones del mundo. Sin embargo, ninguno de esos ciclos de auge había generado un mundo en el que la revolución misma quedara convertida en una característica permanente de la existencia, un mundo en el que el crecimiento económico se revelara capaz de impulsar su propia expansión, pese a los periódicos desplomes. En los mil años anteriores al arranque del siglo XIX no se había constatado, ni en Europa ni en ningún otro lugar, el surgimiento de un solo período de aceleración radical del crecimiento económico, y de haberse producido alguno no habría tardado en encallar en los bajíos de la limitación de recursos, la escasez de alimentos o las enfermedades. Ahora, el capitalismo industrial estaba generando un mundo sometido a un perpetuo cambio, y el algodón, siendo la industria más importante del planeta, pasó a actuar como principal elemento impulsor de esta aceleración sin precedentes de la productividad humana.”

El imperio del algodón, de Sven Beckert; Crítica, 2016; pg. 91.

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HOY, POR FIN, HE LLORADO

Hoy, por fin, he llorado.
Tampoco ha sido mucho, no te creas.

Habrá sido el litro de cerveza
o el tubo de Pringles a la cena.

Quizá ha sido la luz del atardecer en la ventana
o el brillo inexistente del anillo que aún paseo.

Pero, sobre todo, ha sido recordar a Atreyu
viendo morir a Ártax
devorado por la tristeza.

Ha sido recordar
sin duda
verme derrotado por el Mundo,
al descubrir que mejorar
era sinónimo de dinero.

Ha sido entender que este fracaso
más que a cruz
aspira a insulto.

Que ella no
que yo tampoco.

Que otra vez
soy ejemplo
de lo contrario.

Hoy, por fin, he llorado.
Ha sido un rato
más bien corto.
Comprender que la adolescencia había llegado
hasta el mismo pie del sacramento.

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BAILAR PEGADOS

“-Fuimos demasiado magnificentes -dijo-. Concedimos espacio sin necesidad. Aquí pueden entrar diez parejas muy bien.

-Sería una multitud -objetó Emma-, una multitud lamentable; y no puede haber cosa peor que bailar sin espacio para dar vueltas.

-Es verdad -respondió él gravemente-, estaba mal.

Pero siguió midiendo y al fin acabó diciendo:

-Creo que habrá espacio muy tolerable para diez parejas.

-No, no -dijo Emma-, no es usted razonable. ¡Sería terrible estar tan apretados! La cosa menos agradable es bailar en una multitud, ¡y una multitud en poco sitio!”

Emma, de Jane Austen; RBA, 2009; pg. 269.

A SEAÑA

El excepcional frío de este raro verano me predispone a buscar refugio en recuerdos cálidos.

Soy niño y dormito en la hamaca del primo Andrés. Me balanceo entre dos árboles (¿dos manzanos, quizá?) y me dejo arrullar por el cloqueo de una gallina vagabunda y solitaria, que busca alimento en el sopor acalorado de la sobremesa.

Son tan hermosos los días de sol en la Ría. Precisamente por su escasez.

La casa del primo Andrés está en la Seaña. ¿Qué es la Seaña? La Seaña es un lugar. Las parroquias gallegas, reacias a las acumulaciones urbanas, se suelen componer de casas dispersas, separadas entre ellas por una razonable cantidad de metros. Varias de estas casas, reunidas conceptualmente en base a algún intuitivo criterio geográfico, componen un lugar. Una parroquia suele incluir varios lugares. La Seaña es un lugar.

Nunca tiene uno muy claro dónde empieza y dónde acaba la Seaña: si subes desde Rilo, y pasas por el Bailón, sabes que falta poco para llegar a la Seaña. Si estás en Simou, es que ya has salido de la Seaña. Pero las fronteras de un lugar nunca están muy claras. Y a mí me parece que es mucho mejor así.

En la Seaña también está la casa de la tía Marisa. Sentado en una de sus sillas pude contemplar, otro verano de hace años, el cielo nocturno más impresionante que he visto nunca. El Camino de Santiago brillaba como lo que es: una cósmica orquesta de soles.

Es más fácil creer en Dios cuando el habitar humano permite escenarios donde gozar estéticamente de lo creado.

En Madrid, ver una simple estrella es un milagro. Y ningún cloqueo de gallina sosiega la tarde.

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ARQUILOQUEA

“-Sigue -dijo Belano-, alguna sabremos.

-¿Qué es una catacresis? -dije.

-Ésa me la sabía, pero se me ha olvidado -dijo Lima.

-Es una metáfora que ha entrado en el uso normal y cotidiano del lenguaje y que ya no se percibe como tal. Ejemplos: ojo de aguja, cuello de botella. ¿Y una arquiloquea?

-Ésa sí que me la sé -dijo Belano-. Es la forma métrica que usaba Arquíloco, seguro.

-Gran poeta -dijo Lima.

-Pero en qué consiste -dije yo.

-No lo sé, te puedo recitar de memoria un poema de Arquíloco, pero no sé en qué consiste una arquiloquea -dijo Belano.

Así que les dije que una arquiloquea era una estrofa de dos versos (dístico), y que podía presentar varias estructuras. La primera estaba formada por un hexámetro dactílico seguido de un trímetro dactílico cataléctico in syllabam. La segunda… pero entonces comencé a quedarme dormido y me escuché hablar o escuché mi voz que resonaba en el interior del Impala diciendo cosas como dímetro yámbico o tetrámetro dactílico o dímetro trocaico cataléctico. Y entonces escuché que Belano recitaba:

Corazón, corazón, si te turban pesares
invencibles, ¡arriba!, resístele al contrario
ofreciéndole el pecho de frente, y al ardid
del enemigo oponte con firmeza. Y si sales
vencedor, disimula, corazón, no te ufanes,
ni, de salir vencido, te envilezcas llorando en casa.

Y entonces yo abrí los ojos con gran esfuerzo y Lima preguntó si aquellos versos eran de Arquíloco. Belano dijo simón y Lima dijo qué gran poeta o qué poeta más chingón. Después Belano se dio vuelta y le explicó a Lupe (como si a ella le importara) quién había sido Arquíloco de Paros, poeta y mercenario, que vivió en Grecia alrededor del 650 antes de Cristo, y Lupe no dijo nada, lo que me pareció un comentario muy apropiado. Después me quedé medio dormido, la cabeza apoyada en la ventana, y escuché que Belano y Lima hablaban de un poeta que escapaba del campo de batalla, sin importarle la vergüenza y el deshonor que tal acto acarreaba, al contrario, vanagloriándose de él. Y entonces yo empecé a soñar con un tipo que atravesaba un campo de huesos y el tipo en cuestión no tenía rostro o al menos yo no podía verle el rostro porque lo observaba desde lejos. Yo estaba bajo una colina y apenas había aire en ese valle. El tipo iba desnudo y tenía el pelo largo y al principio pensé que se trataba de Arquíloco pero en realidad podía ser cualquiera. Cuando abrí los ojos aún era noche cerrada y ya habíamos salido del DF.”

Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño; Anagrama, 2003; pgs. 560-561.

'Notturno', de Roberto Ferri (2011)

‘Notturno’, de Roberto Ferri (2011)

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El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

La saga de Dashiell

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Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester