LA NATURALEZA

por El Responsable

Expulsó al hombre, y puso delante del jardín de Edén los querubines y la llama de la espada llameante para guardar el camino del árbol de la vida.

Génesis 3, 24

“Monstruosos y abominables eran aquellos ojos, bestiales y a la vez resueltos y animados por una horrible delectación, clavados en la presa, ya acorralada.”

El Señor de los Anillos. Las dos torres, de J. R. R. Tolkien; Minotauro, 2001; pg. 432.

“La televisión le interesaba menos. Sin embargo seguía, con el corazón en un puño, la emisión semanal de La vida de los animales. Las gacelas y los gamos, esos gráciles mamíferos, se pasaban la vida aterrorizados. Los leones y las panteras vivían en un apático embrutecimiento sacudido por breves explosiones de crueldad. Mataban, despedazaban, devoraban a los animales más débiles, viejos o enfermos; después volvían a sumirse en un sueño estúpido, animado solamente por los ataques de los parásitos que los devoraban por dentro. Algunos parásitos también eran atacados por parásitos más pequeños; estos últimos eran, a su vez, caldo de cultivo para los virus. Los reptiles se deslizaban entre los árboles, clavando sus venenosos colmillos en pájaros y mamíferos; hasta que de pronto los troceaba el pico de una rapaz. La voz pomposa y estúpida de Claude Darget comentaba estas atroces imágenes con un tono injustificable de admiración. Michel temblaba indignado, y sentía que se formaba en su interior otra convicción inquebrantable: en conjunto, la naturaleza salvaje era una porquería repugnante; en conjunto, la naturaleza salvaje justificaba una destrucción total, un holocausto universal; y la misión del hombre sobre la Tierra era, probablemente, ser el artífice de ese holocausto.”

Las partículas elementales, de Michel Houellebecq; Anagrama, 1999; pgs. 37-38.

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