LOS GUERREROS ESCONDIDOS

por El Responsable

“…los bares, los cines, las cafeterías; los salones de las casas, las librerías, las calles; las estaciones de metro, los conciertos, las discotecas. En todos estos sitios los puedes encontrar. Son los cansados, los agotados, los aburridos; están borrachos, fumados, enfarlopados; desídicos, angustiados, vacíos. Cuando sueñan -cuando tienen fuerzas para tal cosa-, la imaginación se les llena de caballeros andantes, de revoluciones bondadosas, de batallas épicas; se sueñan vencedores de todas las maldades: dan alimento en Etiopía, vacunas en la India, ropas en los guetos de Nueva York. Cortan la cabeza de violadores, banqueros y torturadores. Reciben el amor eterno de fidelísimas y bellísimas mujeres que les empujan a ser mejores personas y que les llenan sus hogares -maravillosas mansiones situadas en maravillosos paisajes- de niños y niñas guapísimos e inteligentísimos. Porque en sus sueños, los buenos ganan siempre. Pero, al despertarse por las mañanas -temprano, hay que trabajar-, antes de ocupar sus puestos de portero, o mozo de almacén, o telefonista, se miran en el espejo del baño; y ven sus caras albas, las manchas bajo los ojos, los estómagos redondos. Como todas las mañanas, contemplan la muerte de los propósitos de enmienda nacidos en las últimas horas del día anterior. El mundo está repleto de vosotros, guerreros escondidos; hombres pequeños, que deseáis justicia y belleza, encadenados a vuestra impotencia. Estáis todos condenados al fracaso, al olvido, a la soledad. Pero yo bebo a la salud de todos vosotros, guerreros escondidos, ¡mi gremio!”

Escrito en mi diario el 17 de septiembre de 2004 (traducido del original gallego).

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