EL MISMO

por El Responsable

“¿En qué año colgaron a aquellos dos, señor Wade?

Fue en 1899. Colgaron a Pleas Wynn y a Catlett Tipton tras asesinar a los Whaley. Los sacaron de la cama y les volaron la tapa de los sesos delante de su hija pequeña. Estuvieron dos años en la cárcel apelando y demás. También hubo un tal Bob Wade implicado en el asunto, con el que, gracias a Dios, no me une parentesco alguno. Creo que lo enviaron a un centro penitenciario. Tipton y Wynn fueron colgados en el prado del juzgado que hay por allí. Era aproximadamente el uno de enero. Todavía estaban puestas las ramitas sagradas y las velas navideñas. Colocaron un andamio enorme con una trampilla para que cayeran los dos a la vez. La gente comenzó a dirigirse hacia el pueblo la noche anterior. Muchos de ellos durmieron en sus carros. Extendieron mantas sobre el césped del juzgado. Por todas partes. No cabía ni un alfiler en el pueblo, la gente se alineaba en columnas de a tres. Había mujeres vendiendo bocadillos por la calle. Tom Davis era el sheriff por aquel entonces. Los trajo de los calabozos, les proporcionó dos predicadores y dejó que fueran cogidos del brazo con sus mujeres y todo. Igual que si estuvieran yendo a la iglesia. Subieron todos al andamio, cantaron y todo el mundo comenzó a cantar con ellos. Los hombres, sombrero en mano. Yo tenía trece años, pero lo recuerdo como si fuera ayer. El pueblo entero y medio condado de Sevier cantando el I Need Thee Every Hour. Después, uno de los predicadores dijo una oración; las mujeres besaron a sus maridos para despedirse, se bajaron del andamio, se dieron la vuelta para observar; el predicador descendió y entonces se produjo un silencio ensordecedor. Luego se abrió de golpe la trampilla que había debajo de ellos, cayeron y quedaron colgados retorciéndose y pataleando durante diez, quince minutos. No os creáis que morir ahorcado es rápido y misericordioso. Y así se acabó la existencia de los Gorras Blancas en el condado de Sevier. A la gente no le gusta hablar de esto hoy en día.

¿Cree que la gente de entonces era más miserable que la de hoy?, preguntó el ayudante.

El viejo estaba mirando con detenimiento el pueblo inundado.

No, contestó. No lo creo. Creo que el hombre sigue siendo el mismo desde el día en que Dios hizo al primero.

Mientras subían las escaleras del juzgado, les iba contando la historia de un viejo ermitaño que vivía en House Mountain, un gnomo harapiento, cuyo pelo le llegaba a la altura de las rodillas, que iba vestido con hojas y cómo la gente solía meterse por el agujero que tenía entre unas rocas y lo desafiaban lanzándole piedras para hacerlo salir.”

Hijo de Dios, de Cormac McCarthy; Debate, 2001; pgs. 136-137.

Restos humanos en la cueva de El Mirador, sierra de Atapuerca

Restos humanos en la cueva de El Mirador, sierra de Atapuerca

Anuncios