DEGENERACIÓN

por El Responsable

“En los años ochenta del siglo XIX en un pequeño pueblo a orillas del Weser, en Frenke, tuvo lugar la siguiente historia. El segundo hijo más joven de una familia de artesanos hizo la confirmación. Al volver a casa, le dieron una sonora bofetada, por última vez, y a continuación pudo sentarse a la mesa. Antes, como todos los niños, tenía que comer de pie. Esa era la costumbre. Y entonces sucedió la historia tal y como me la contó el protagonista. Era el más pequeño de la familia, aún no había hecho la confirmación, pero pudo sentarse a la mesa de los mayores como su hermano confirmado y sin bofetada. Cuando la madre preguntó sorprendida qué significaba eso, el padre respondió: Se debe al progreso.

El joven intentó en vano que alguien en el pueblo le explicase qué era eso del progreso. El pueblo lo formaban entonces cinco granjas grandes, dos medianas, siete casas de artesanos y siete cabañas. Pero nadie conocía la respuesta. Y, sin embargo, la palabra circulaba, podía ser una palabra importante que habían leído o escuchado en la ciudad y que reflejaba adecuadamente el nuevo contexto. Se terminó una antigua costumbre. No sabemos cómo denominó la madre este proceso. En el caso de que hubiese dominado, lo que no sucedía, el lenguaje nostálgico de la Bildung, quizá hubiese utilizado el concepto de degeneración [Verfall] o de decadencia [Niedergang] para referirse al mismo estado de cosas solo que de otro modo.”

Historias de conceptos, de Reinhart Koselleck; Trotta,2012; pg. 95.

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