CORNELIUS

por El Responsable

“En mis tiempos vi cosas muy extrañas. Una vez vi pasar un ciclón por aquí que fue río abajo hasta dejarlo tan seco que se veía el barro y las piedras del fondo y los peces. Levantó casas enteras y las volvió a dejar en sitios donde sus familias no tenían ninguna intención de vivir. Cartas enviadas a Knoxville acabaron en las calles de Ringgold, Georgia. He visto todo lo que quería ver y sé todo lo que quería saber. Ahora solo espero la muerte.
A ver si le va a oír alguien desde las alturas, dijo Suttree.
Ojalá, dijo el trapero.
Miró con la dureza de sus ojos bordeados de rojo la ciudad que empezaba a sumirse en el crepúsculo. Como si la muerte pudiera ocultarse en aquel barrio.
Nadie quiere morirse.
Mierda, dijo el trapero. Pues yo ya estoy harto de vivir.
¿Daría usted todo cuanto tiene?
El trapero le miró con recelo, pero no sonrió.
No faltará mucho, dijo. Los días de un anciano son horas.
¿Y qué pasa después?
¿Cuándo?
Cuando uno se muere.
No pasa nada. Te mueres y ya está.
Una vez me dijo que creía en Dios.
El viejo hizo un gesto vago con la mano.
Quizá, dijo. No tengo motivos para pensar que él crea en mí. Me gustaría verlo un ratito si pudiera, eso sí.
¿Qué le diría?
Pues me parece que le diría sencillamente: Espera. Espera un poco antes de cantarme las cuarenta. Antes de que digas nada, a mí me gustaría saber una cosa. Y él me dirá: ¿Cuál? Y entonces le preguntaré: ¿Se puede saber por qué me metiste en esa mierda de vida ahí en la tierra? No he conseguido entender nada de nada.
Suttree sonrió.
¿Qué cree que le dirá él?
El trapero escupió y se secó la boca.
No creo que pueda responder nada, dijo. No creo que haya una respuesta.”

Suttree, de Cormac McCarthy; DeBolsillo, 2007; pg. 313.

 

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