LA HISTORIA ME ABSOLVERÁ

por El Responsable

“El umbral que daba paso a la Edad Moderna quedó, pues, rebasado cuando el tribunal tradicional de la Historia fue transferido, merced a la concepción del colectivo singular, a la ‘historia en general’. Robespierre utilizaba una fórmula de transición cuando, en 1792, apelaba a la posteridad: [Posteridad naciente, a ti corresponde hacer crecer y alcanzar días de prosperidad y felicidad]. El juicio histórico [historisch] se convirtió en una expectativa histórica de que se hiciese justicia. Lo que contaba como paradigma no era ya una historia particular, sino que toda la historia se procesualizaba al reivindicarse para su ejecución una misión de fundación y administración de justicia. Cuando Herder publicó sus Ideas para la filosofía de la historia de la humanidad, tomó como punto de partida que, igual que en la naturaleza, también en la historia ‘valen las leyes naturales, la cuales están en la esencia de la cosa’. Semejante regla quería decir que ‘el abuso se castigará a sí mismo y que precisamente por el celo infatigable de una razón en constante crecimiento, el desorden se convertirá con el tiempo en orden’. La moral de la historia se temporalizó en la historia como proceso. Muy pronto se hizo célebre el hemistiquio de Schiller de 1784: La historia del mundo es el tribunal mundial [Die Weltgeschichte ist das Weltgericht]. La renuncia a una justicia compensatoria en el más allá conducía a la temporalización de esa justicia. La historia hic et nunc alcanza un carácter ineluctable: Lo que el minuto ha arrancado / no lo devuelve ya ninguna eternidad.

En 1822, Humboldt podía constatar que ‘el derecho’ se provee de existencia y validez ‘en la marcha inexorable de los sucesos que se juzgan y castigan eternamente’. Formulaba así teóricamente lo que se había convertido en la legitimación histórico-filosófica universal de la acción política cuando, por ejemplo, se invocaba el ‘derecho de la historia mundial’, que se sabía del lado propio. O cuando Ernst-Moritz Arndt proclamaba que ‘quienes quieren hacer retroceder al Estado son unos payasos o unos niños. Así lo ha juzgado la larga historia, y este tribunal proporciona una de las pocas doctrinas del pasado que debiéramos usar’. Y, en 1820, Pölitz confirmaba que la historia, desde 1789, ha suministrado la fecunda prueba de las ‘preñadas palabras’ de Schiller.

La historia, experimentada como tribunal, podía descargar al historiador de la subjetividad con que formaba su juicio. Por esta razón, Hegel se defendía con buena conciencia frente al reproche de haberse ‘arrogado el comportarse como un juez mundial’ al desarrollar toda la historia como un proceso. Los sucesos de la historia general mundial representaban para Hegel la ‘dialéctica de los espíritus particulares de los pueblos, el tribunal universal’. Como rótulo de la formación del juicio moral de los historiadores sobre el proceso en cuanto historia universal, la consideración filosófica de la historia propia de la Ilustración se había consolidado como filosofía de la historia de la Edad Moderna.

Cuando, más tarde, la Escuela Histórica se rebeló contra esta interpretación, no pudo ya hacer saltar la malla de experiencias con la que se había encontrado. El topos acompaña desde entonces a la historia de la Edad Moderna, ya sea para aplicarlo crítica o ideológicamente, pues es indicio de la unicidad y de la dirección de las experiencias modernas, que están rebasándose continuamente. En 1841, Wilhelm Schulz escribía en el Brockhaus der Gegenwart: ‘Al impulso unilateral le siguió inmediatamente el castigo de la historia mundial en tanto que tribunal mundial, en tanto que el desmedido salto atrás hacia el pasado se convirtió para la restauración en un salto mortale tanto como para la Revolución lo había sido el salto hacia el futuro’.

También como fase retórica, y desprovista de cualquier significado hegeliano, la metáfora del tribunal se alimentaba de presuponer una justicia que se ejecutaba a través de la historia. Por eso Hitler -por nombrar sólo uno de los innumerables ejemplos-, podía invocar, al defenderse de la acusación de alta traición: Por mucho que ustedes nos declaren mil veces culpables, la diosa del eterno tribunal de la historia romperá sonriente en pedazos la solicitud del fiscal y el fallo de este tribunal; pues ella nos absuelve.

historia/Historia, de Reinhart Koselleck; Trotta, 2004; pgs.62-65.

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