El sosiego acantilado

non mea voluntas

Mes: febrero, 2016

LA ERUPCIÓN VOLCÁNICA DE BORGES

En el desayuno posterior a la misa, la conversación con José Luis ha tenido como protagonista durante un buen rato a Jorge Luis Borges. No es un autor que me apasione, aunque soy el primero en reconocer sus virtudes literarias. La traducción que llevó a cabo del Lepanto chestertoniano me parece en sí misma una obra de arte.

Recordé entonces la conversación con el Padre Gabriel Díaz, durante aquella Taberna mitológica que culminó la jornada de homenaje a la vida y obra de San Gilberto organizada hace año y medio; me llamó la atención sobre la poesía de Borges y me ensalzó su habilidad formal, poniéndome como ejemplo aquel poema compuesto en cuartetos en el que los versos riman repitiendo la misma palabra (el cual me envió al día siguiente por correo electrónico):

ARTE POÉTICA

Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,
ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.

También recordé durante el desayuno la entrada de los diarios de Jünger en la que habla de la visita que Borges le había hecho a su casa de Wilflingen:

“Hemos tenido el placer y el honor de agasajar aquí a Jorge Luis Borges: tener un encuentro con un poeta se ha vuelto casi tan raro como topar con un animal al borde de la extinción o incluso mítico, con el unicornio, por ejemplo.
Borges está casi totalmente ciego desde hace años; llegó acompañado por un joven, que le había sido asignado por el Ministerio del Exterior, y por la señora que lo cuida. En las pocas horas que estuvieron en esta casa pudimos apreciar que ella no sólo es una ayuda inmensa para el ciego sino que se ha convertido en su otro yo. Le llevaba la mano a la copa cuando quería beber, y a un trozo de tarta, antes de que él lo pidiera, y hacía el efecto, en todos los aspectos, de ser un órgano adherido a él.
La conversación entre los cinco que estábamos en la biblioteca fue políglota; se entrecruzaban frases alemanas, españolas, francesas e inglesas. Borges recitó en alemán a Angelus Silesius, también versos en inglés antiguo; al hacerlo, su lenguaje se volvía más claro, como si retornara a su juventud. Yo lamenté no haber aprendido español para poder leer a Cervantes y a Quevedo en el texto original: y a Borges también, evidentemente.
Conversación sobre Schopenhauer, al que ambos debemos mucho desde muy jóvenes, luego sobre Kafka, don Quijote, Las mil y una noches, Walt Whitman, Flaubert. Hojas de hierba, de Whitman, presenta la democracia en su fuerza, Bouvard y Pécuchet, de Flaubert, su infamia.
Luego sobre Huxley: yo opiné que el Espíritu del Tiempo había resuelto el orden político de los insectos mejor que el nuestro. Borges, a eso: Seguramente en lo relativo al Estado, pero la hormiga individual no cuenta.
Sin embargo, podría objetarse, todas están atendidas. Tienen vivienda, alimento y trabajo en abundancia, además un sueño hibernal. La mayoría está excluida de la vida sexual, lo que tal vez sea incluso un alivio. ¿Pero también del amor? Cuando estoy al sol del mediodía delante de uno de sus montículos y les pongo encima la mano, que se humedece mientras van y vienen y mueven los tentáculos, creo sentir que son felices. Habría que investigarlo; convinimos en que los zoólogos apenas están capacitados para ello.
Borges sigue mi evolución desde hace sesenta años. El primer libro mío que leyó fue Tempestades de acero, que fue traducido en 1922 por encargo del Ejército argentino. Eso fue para mí una erupción volcánica.”

Escrito por Ernst Jünger, en Wilflingen, el 27 de octubre de 1982; en Pasados los setenta III, Tusquets, 2007; pgs. 173-174.

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ESPERANZA

Tras una larguísima pausa, he retomado la escritura de mi diario. Y al hacerlo, me he dado cuenta de algo. No dejo huecos; mas, si me falta espacio, nunca sigo escribiendo en jornadas por venir. Simplemente, la sobreabundancia de ciertos días completa la vacuidad de otros; pero siempre es una inundación retroactiva, nunca proyectiva.
En esto me reconozco más esperanzado de lo que mi propia opinión del mundo podría justificar.
Completo el pasado, por no reducir las posibilidades del futuro.
Cada nuevo día ha de tener a su disposición una página entera en blanco donde narrar.

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Mr. STILES

Al salir del metro de Alonso Martínez no te encuentras en una única plaza de Madrid, sino en dos: hacia el norte, la homónima que da nombre a la estación; pero si das un paso hacia el sur (es difusa la frontera entre ambas), te encontrarás en la plaza de Santa Bárbara. En medio de ésta hay una librería de viejo; no tengo muy claro si la librería se llama también Santa Bárbara por la plaza o es la plaza la que se llama así por la librería. Cuando se hizo la reforma de la plaza hace unos años, la librería se incluyó en el lote a reformar: el nuevo aspecto de esta librería de viejo es de una transparente modernidad, gracias a sus amplias paredes de cristal.

Fue en este lugar donde decidí perder un poco de tiempo esta mañana y echar un ojo a la mercancía. Entre docenas de cosas sin interés, descubrí una edición de 1976 de los diarios de Evelyn Waugh, en el original inglés, editados por Michael Davie; me hizo gracia el sentido de la oportunidad de este encuentro, pues el blog de maese Wanderer se había referido al autor en sus últimas entradas (lo que me había llevado a coger un poco antes en la biblioteca de Iglesia La prueba de fuego de Gilbert Pinfold, en la edición de Homo Legens).

Pago los cinco euros que me pide la librera por el ejemplar y me lo llevo al cercano Bulevar, mi refugio habitual desde hace un par de semanas. Empiezo a investigar mi adquisición, porque los libros usados suelen esconder secretos interesantes. En primer lugar, busco un trozo de papel que ya me había llamado la atención en la librería: se trata de un lindo cheque bancario sin firmar, usado a modo de marcapáginas.

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Y en la contraportada, este apunte mínimo:

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Se me ocurre meter en google tres palabras: martin stiles oxford

El primer resultado de la búsqueda enlaza con una página donde puedo leer: Martin Stiles has worked with and for historic properties and their families for his entire career. He is currently researching aristocratic families’ portrait collections and their display.

Desde luego, parece la descripción de un personaje de Waugh. Y me pregunto: ¿cómo ha llegado este libro a mis manos? ¿Fue vendido en un apuro económico? ¿Fue robado durante un viaje a España?

Dejo volar la imaginación, mientras le doy vueltas a la posibilidad de ponerme en contacto con Mr. Stiles.

CABALLEROS DEL SUR

-No puede casarse con ella, Henry.

Ahora es Henry quien toma la palabra.

-Eso ya lo has dicho antes. Ya te lo dije entonces. Y ahora, ahora ya no puede quedar mucho tiempo, y entonces no nos quedará nada: ni honor ni orgullo ni Dios, puesto que Dios nos abandonó, sólo que a Dios no se le ha ocurrido que sea conveniente notificárnoslo; ni calzado ni ropa nos queda, ni necesidad de ello; no sólo no hay tierra y no hay manera de hacer la comida, sino que tampoco hay necesidad de comida, y si no se tiene a Dios, si no se tiene honor ni orgullo, nada importa, salvo que ahí está aún la carne avejentada e insensata a la que no le importa si fue derrota o fue victoria, porque no ha de morir, porque se esconderá por los bosques y los campos, arrancando hierbajos y raíces… Sí, lo he decidido. Hermano o no, lo he decidido. Lo voy a permitir. Lo voy a permitir.

-No debe casarse con ella, Henry.

-Sí. Dije que sí al principio, pero entonces no estaba decidido. No se lo permití. Pero ahora he tenido cuatro años para decidirlo. Lo voy a permitir. Lo haré.

-Es preciso que no se case con ella, Henry. El padre de su madre me dijo que su madre era una mujer española. Le creí. Hasta que nació él no descubrí que su madre tenía en parte sangre de negra.

¡Absalón, Absalón!, de William Faulkner; Verticales, 2011; pgs. 446-447.

EL MISMO

“¿En qué año colgaron a aquellos dos, señor Wade?

Fue en 1899. Colgaron a Pleas Wynn y a Catlett Tipton tras asesinar a los Whaley. Los sacaron de la cama y les volaron la tapa de los sesos delante de su hija pequeña. Estuvieron dos años en la cárcel apelando y demás. También hubo un tal Bob Wade implicado en el asunto, con el que, gracias a Dios, no me une parentesco alguno. Creo que lo enviaron a un centro penitenciario. Tipton y Wynn fueron colgados en el prado del juzgado que hay por allí. Era aproximadamente el uno de enero. Todavía estaban puestas las ramitas sagradas y las velas navideñas. Colocaron un andamio enorme con una trampilla para que cayeran los dos a la vez. La gente comenzó a dirigirse hacia el pueblo la noche anterior. Muchos de ellos durmieron en sus carros. Extendieron mantas sobre el césped del juzgado. Por todas partes. No cabía ni un alfiler en el pueblo, la gente se alineaba en columnas de a tres. Había mujeres vendiendo bocadillos por la calle. Tom Davis era el sheriff por aquel entonces. Los trajo de los calabozos, les proporcionó dos predicadores y dejó que fueran cogidos del brazo con sus mujeres y todo. Igual que si estuvieran yendo a la iglesia. Subieron todos al andamio, cantaron y todo el mundo comenzó a cantar con ellos. Los hombres, sombrero en mano. Yo tenía trece años, pero lo recuerdo como si fuera ayer. El pueblo entero y medio condado de Sevier cantando el I Need Thee Every Hour. Después, uno de los predicadores dijo una oración; las mujeres besaron a sus maridos para despedirse, se bajaron del andamio, se dieron la vuelta para observar; el predicador descendió y entonces se produjo un silencio ensordecedor. Luego se abrió de golpe la trampilla que había debajo de ellos, cayeron y quedaron colgados retorciéndose y pataleando durante diez, quince minutos. No os creáis que morir ahorcado es rápido y misericordioso. Y así se acabó la existencia de los Gorras Blancas en el condado de Sevier. A la gente no le gusta hablar de esto hoy en día.

¿Cree que la gente de entonces era más miserable que la de hoy?, preguntó el ayudante.

El viejo estaba mirando con detenimiento el pueblo inundado.

No, contestó. No lo creo. Creo que el hombre sigue siendo el mismo desde el día en que Dios hizo al primero.

Mientras subían las escaleras del juzgado, les iba contando la historia de un viejo ermitaño que vivía en House Mountain, un gnomo harapiento, cuyo pelo le llegaba a la altura de las rodillas, que iba vestido con hojas y cómo la gente solía meterse por el agujero que tenía entre unas rocas y lo desafiaban lanzándole piedras para hacerlo salir.”

Hijo de Dios, de Cormac McCarthy; Debate, 2001; pgs. 136-137.

Restos humanos en la cueva de El Mirador, sierra de Atapuerca

Restos humanos en la cueva de El Mirador, sierra de Atapuerca

LOS AGUJERITOS DE LA CAJA

“A veces tenía que pasar del papel de amigo y compañero al de padrastro y corrector. Malcolm (llamado ahora Buddy o Mac), orgulloso propietario de un rifle del .22, disparó un día contra un halcón hembra en su nido sobre un arce. Cuando, orgulloso, llevó a su casa su trofeo, Faulkner lo obligó a volver, subir al árbol y bajar las crías sin madre y retorcerles el pescuezo. Luego lo azotó con una fusta y lo privó del arma durante seis semanas. Ella Somerville se disgustó una vez lo bastante como para contarle a una amiga que Malcolm Franklin había ido a verla llorando porque su padrastro le había pegado cruelmente. Pero Estelle no ponía ninguna objeción a que Faulkner impusiese disciplina a los niños, y Mac acabaría diciendo más tarde que cualquier buena cualidad que pudiese tener la debía a la fusta y a la bondad de su padrastro.”

Faulkner. Una biografía, de Joseph Blotner; Letras/Destino, 1994; volumen 2, pg. 10.

ALL OF US ROTTEN IN THE GROUND

“En la Edad Media era muy largo el tiempo de producción; años y años trabajaba el obrero en la obra. No había prisa por terminar. Vivíase mucho, porque se vivía dentro de un conjunto: la Iglesia, el claustro, el municipio, la estirpe verían terminado el trabajo aunque el individuo que lo encargó estuviese desde hacía tiempo muerto. ¿Cuántas generaciones no habrán colaborado en la Cartuja de Pavía? Ocho generaciones de la familia milanesa Sachi, durante tres siglos, trabajaron en las incrustaciones del altar. Cada catedral, cada claustro, cada Casa Consistorial, cada castillo nobiliario construido en la Edad Media, confirma esta amalgama de generaciones. Pero desde que el individuo se emancipa de la colectividad, toma la duración de su vida propia como medida de su goce. El individuo quiere presenciar en vida todas las transformaciones.”

Lujo y capitalismo, de Werner Sombart; Alianza, 1979; pg. 99.

ARCHIMBOLDI

Ser reaccionario es comprender que el hombre es un problema sin solución humana.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 1172.

“-Créeme -dijo Pelletier con una voz muy suave, como la brisa que soplaba en ese instante y que impregnaba todo con un aroma de flores-, sé que Archimboldi está aquí.

-¿En dónde? -dijo Espinoza.

-En alguna parte, en Santa Teresa o en los alrededores.

-¿Y por qué no lo hemos hallado? -dijo Espinoza.

Uno de los tenistas se cayó al suelo y Pelletier sonrió:

-Eso no importa. Porque hemos sido torpes o porque Archimboldi tiene un gran talento para esconderse. Es lo de menos. Lo importante es otra cosa.

-¿Qué? -dijo Espinoza.

-Que está aquí -dijo Pelletier, y señaló la sauna, el hotel, la pista, las rejas metálicas, la hojarasca que se adivinaba más allá, en los terrenos del hotel no iluminados. A Espinoza se le erizaron los pelos del espinazo. La caja de cemento en donde estaba la sauna le pareció un búnker con un muerto en su interior.

-Te creo -dijo, y en verdad creía lo que decía su amigo.

-Archimboldi está aquí -dijo Pelletier-, y nosotros estamos aquí, y esto es lo más cerca que jamás estaremos de él.”

2666, de Roberto Bolaño; Anagrama, 2004; pgs. 206-207.

'That Gentleman', de Andrew Wyeth (1960)

‘That Gentleman’, de Andrew Wyeth (1960)

DEGENERACIÓN

“En los años ochenta del siglo XIX en un pequeño pueblo a orillas del Weser, en Frenke, tuvo lugar la siguiente historia. El segundo hijo más joven de una familia de artesanos hizo la confirmación. Al volver a casa, le dieron una sonora bofetada, por última vez, y a continuación pudo sentarse a la mesa. Antes, como todos los niños, tenía que comer de pie. Esa era la costumbre. Y entonces sucedió la historia tal y como me la contó el protagonista. Era el más pequeño de la familia, aún no había hecho la confirmación, pero pudo sentarse a la mesa de los mayores como su hermano confirmado y sin bofetada. Cuando la madre preguntó sorprendida qué significaba eso, el padre respondió: Se debe al progreso.

El joven intentó en vano que alguien en el pueblo le explicase qué era eso del progreso. El pueblo lo formaban entonces cinco granjas grandes, dos medianas, siete casas de artesanos y siete cabañas. Pero nadie conocía la respuesta. Y, sin embargo, la palabra circulaba, podía ser una palabra importante que habían leído o escuchado en la ciudad y que reflejaba adecuadamente el nuevo contexto. Se terminó una antigua costumbre. No sabemos cómo denominó la madre este proceso. En el caso de que hubiese dominado, lo que no sucedía, el lenguaje nostálgico de la Bildung, quizá hubiese utilizado el concepto de degeneración [Verfall] o de decadencia [Niedergang] para referirse al mismo estado de cosas solo que de otro modo.”

Historias de conceptos, de Reinhart Koselleck; Trotta,2012; pg. 95.

CON ASMA Y TODO

“Una tarde, cuando bajó después de terminar su trabajo, se puso a mirar lo que estaba leyendo Ben. Oh, Proust. “Por el camino de Swann”, dijo. ¡Swann! El pobre hijo de puta extraviado, y lo llaman esnob. Yo creo que era exactamente lo contrario. Demonios, lo que le hizo Odette. Habría sufrido menos si lo hubiese crucificado, habría sido menos angustioso. Proust tuvo suerte en algunos sentidos. Nunca tuvo que lidiar con Hollywood para ganarse el pan. Yo preferiría haberme pasado la vida en aquel dormitorio suyo forrado de corcho, con asma y todo. Lo aceptaría con mucho gusto, ahora mismo.

Faulkner. Una biografía, de Joseph Blotner; Letras/Destino, 1994; volumen 1, pg. 653.

Faulkner

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

plan zeta

apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino

El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

La saga de Dashiell

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A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester