El sosiego acantilado

NON MEA VOLUNTAS

Mes: Xaneiro, 2016

ΣΥΜΠΟΣΙΑ ΣΥΜΠΟΣΙΑ

Y les mandó que les hicieran reclinarse en grupos de comida por grupos de comida sobre la hierba verde, y se sentaron conjunto a conjunto, en unidades de cien y en unidades de cincuenta.

Mc 6, 39-40

“La demencia de los sicarios se adueñó también, como una peste, de las ciudades próximas a Cirene. Se había refugiado allí Jonatán, un individuo muy malvado, tejedor de profesión, que convenció a un gran número de gente pobre para que le siguiera y la condujo al desierto con la promesa de mostrarle señales y apariciones.”

La guerra de los judíos, de Flavio Josefo; Libro VII, 437-439; Gredos, 1999.

“La palabra symposion, que es un hapax legomenon en el Nuevo Testamento, significa literalmente ‘bebiendo juntos’ y originalmente designaba una fiesta de bebida. Más tarde, esa palabra vino a significar la habitación donde se come o el mismo banquete. La literatura greco-romana de tipo ‘simposio’, cuyo ejemplo más significativo es el Simposio Banquete de Platón, combina el contexto del banquete con una discusión filosófica. Marcos utiliza aquí ese término en un sentido traslaticio, para referirse a las congregaciones o grupos de personas que comen.

[…] Los intensos rasgos mosaicos y escatológicos de nuestro pasaje pueden tener una importancia especial para Marcos y su comunidad, por la cercanía con la Guerra Judía del 67-73 d.C. Flavio Josefo describe en este contexto a profetas del tipo de Moisés y de Josué, con rasgos revolucionarios, profetas que dirigen a sus seguidores al desierto, para prometerles allí maravillas, fundando probablemente sus esperanzas en las profecías bíblicas que hablan de un nuevo éxodo que debe realizarse.

De acuerdo con eso, nuestra historia presenta a Jesús como el realizador de esas promesas: Jesús mismo es el revelador esperado, el pastor del pueblo, el que dirigirá a sus seguidores hasta la victoria final. Sin embargo, él cumple esas esperanzas de una forma que no encaja con el modelo previsto: ofreciendo un banquete en lugar de levantando en armas a un ejército.”

El Evangelio según Marcos (Mc 1-8), de Joel Marcus; Sígueme, 2010; pgs. 474, 490.

'La cena de Emaús', de Tintoretto (1542-1543)

‘La cena de Emaús’, de Tintoretto (1542-1543)

PUDO MORIR ALGÚN DÍA

“Léala si quiere o no la lea si no quiere. Y es que es muy poca impresión la impresión que uno deja, dese cuenta. Uno nace y prueba tal o cual cosa y no sabe por qué y lo sigue intentando y uno ha nacido al mismo tiempo que mucha más gente, mezclado con todos ellos, como si tuviera que tratar de mover brazos y piernas sujetos por medio de hilos sólo que esos mismos hilos están enganchados a todos los demás brazos y a todas las demás piernas y todos tratan de moverse a la vez y no saben por qué, uno sólo sabe, a lo sumo, que los hilos están entrelazados, enredados los unos con los otros, como si cinco o seis personas quisieran tejer una alfombra al tiempo en el mismo telar, sólo que cada una pretende tejer su propia trama y eso en el fondo no puede importar, ya lo sabe, pues de lo contrario los que han dispuesto el telar tal como es lo habrían hecho un poco mejor, digo yo, y sin embargo tendrá que importar, digo yo, porque uno sigue intentándolo, tiene que seguir intentándolo por todos los medios, y de repente y sin previo aviso todo ha terminado y lo que a uno le queda es un bloque de piedra tallada en la que se ven unos arañazos siempre y cuando alguien se haya acordado de arañar el mármol y ponerlo en su sitio o haya tenido tiempo de hacerlo, y llueve sobre esa roca y luce el sol sobre esa roca y al cabo de un tiempo ya ni siquiera se acuerdan del nombre, de lo que esos arañazos pretendían decir, y no importa. Así que tal vez si puede uno dirigirse a alguien, cuanto más desconocido mejor, y le da algo -un trozo de papel-, lo que sea, cualquier cosa, con la intención no de decir nada en sí mismo, ni siquiera de que esa persona lo lea o lo guarde, ni de que se tome la molestia de deshacerse de él o de destruirlo, al menos será algo, por poca cosa que sea, porque así habrá ocurrido, será recordado aunque sólo sea por pasar de mano en mano, de una mentalidad a otra, y al menos será un arañazo, algo, algo que pueda dejar huella en algo que fue una vez por la razón de que pudo morir algún día, mientras el bloque de piedra no puede ser es porque nunca podrá llegar a ser fue porque no puede morir ni perecer…”

¡Absalón, Absalón!, de William Faulkner; Verticales, 2011; pgs. 157-158.

Roda maior da Laxe das Rodas

UNA DE LAS TAREAS MÁS NOBLES

Mis santos patrones: Montaigne y Burckhardt.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 409.

“¿Son las tres grandes edades del mundo, quizás, como los tres momentos del día en el enigma de la Esfinge? En realidad, son la continua metempsicosis que actúa y sufre el hombre a lo largo de innumerables encarnaciones. Un conocimiento genuino querrá reconocer todas las mutaciones y abandonar cualquier parcialidad respecto de una era específica (está bien tener alguna predilección, ya que se trata de una cuestión de gustos), y cuanto más rápido lo haga, más vivo será el sentimiento general de la imperfección humana. Una vez que se comprenda que nunca hubo ni habrá ninguna era feliz, una edad de oro en sentido imaginario, quedaremos preservados de la tonta sobrevaloración de algún tiempo pasado, de la desesperación sin sentido del presente o de la esperanza fatua con respecto al futuro, y se reconocerá que la contemplación de las edades históricas es una de las tareas más nobles: es la historia de la vida y del sufrimiento de la humanidad vista como un todo.”

Juicios sobre la historia y los historiadores, de Jacob Burckhardt; Katz, 2011; pg. 19.

'El triunfo de la muerte', de Pieter Brueghel el Viejo (h. 1562)

‘El triunfo de la muerte’, de Pieter Brueghel el Viejo (h. 1562)

NON VENI PACEM MITTERE, SED GLADIUM

“Es cierto que en nuestros días la pauta seguida por la mayor parte de las iglesias, exceptuando las iglesias fundamentalistas, es pauta de paz y tolerancia. Pero cabe pensar si esa tolerancia deriva, antes que de una voluntad de coexistencia pacífica entre las tres religiones del libro, o de un mecanismo de defensa mutua ante terceros, de una atenuación correlativa de los valores religiosos, reducidos a valores éticos, en los cuales la positividad de los valores religiosos respectivos va desapareciendo. La parábola de los tres anillos que Lessing expuso en su Nathan el Sabio podría servir de ilustración a nuestro diagnóstico: los tres anillos son iguales precisamente cuando han sido eliminados todos los componentes religiosos positivos (dogmas, sacramentos, sacerdocio, rituales…) que los enfrentan.”

La fe del ateo, de Gustavo Bueno; Temas de Hoy, 2007; pg. 54.

enero_intenciones

EL HIJO DEL VIENTO

Sudar oscuridades siguiendo caminos de baldosas grises
que siempre conducen al mismo prestidigitador humano
demasiado humano.
Procurar incomodidades para que la masa no acontezca.
El mundo nunca dejará de ser un circo
romano;
pero hay detectives salvajes que escrutan catacumbas
para dar cuenta de los sacrificios anónimos.
Pocos no sospechan ya del pacto con los titanes;
pero
a pesar de que sigue cayendo sobre el mundo un diluvio de cemento
son los días de temporal
los que el viento elige
para correr alegre sobre el agua.

LA MARCHA RADETZKY

“En toda la división no había mejor banda militar que la del regimiento de infantería número 10 de W, pequeña capital de distrito, en Moravia. Su director era uno de aquellos músicos militares austríacos que, gracias a su buena memoria y a una especial capacidad para crear nuevas variaciones a partir de viejas melodías, se hallaban en condiciones de componer cada mes una marcha militar. Estas marchas se parecían entre sí como soldados. La mayoría de ellas empezaban con un redoble de tambor, pasaban después al ritmo acelerado del toque de retreta, al sonido estrepitoso de los agradables platillos y acababan con el retumbar del trueno del bombo, ese alegre y breve temporal de la música militar. Lo que distinguía especialmente al músico mayor Nechwal frente a sus colegas era su gran tenacidad para crear nuevas composiciones y el rigor, entre alegre y enérgico, con que dirigía los ensayos. La mala costumbre de otros músicos mayores de dejar que el sargento dirigiera la primera marcha y no decidirse a tomar la batuta hasta haber llegado al segundo punto del programa era, en opinión de Nechwal, un síntoma evidente de la decadencia de la real e imperial monarquía austríaca. En cuanto la banda se había colocado en el semicírculo reglamentario, después de clavar los diminutos pies de los flexibles atriles en los hilillos de tierra que había entre los adoquines, ya estaba el músico mayor situado en el centro, frente a sus subordinados, con la batuta de ébano negro y puño de plata discretamente levantada. Todos los conciertos en la plaza -siempre bajo el balcón del señor jefe de distrito- se iniciaban con la marcha de Radetzky. A pesar de que los músicos dominaban esta composición hasta la saciedad y no tenían necesidad de dirección alguna, Nechwal consideraba que era menester leer todas las notas en la partitura. Y, como si ensayara por primera vez la marcha de Radetzky, todos los domingos, con absoluta meticulosidad militar y musical, erguía la frente, la batuta y la mirada y dirigía las tres hacia el segmento del círculo en cuyo centro se hallaba, y que en su opinión precisaba especialmente de sus órdenes. Redoblaban los tambores, tocaban dulces las flautas y resonaba el estrépito de los agradables platillos. En los rostros de los espectadores se dibujaba una sonrisa entre soñadora y complacida; sentían el hormigueo de la sangre que ascendía por las piernas y, a pesar de estar firmes, creían hallarse ya en plena marcha. Los hombres maduros dejaban caer la cabeza y recordaban sus maniobras militares. Las mujeres ya entradas en años permanecían sentadas en los bancos del parque cercano, y sus sienes, ya enmarcadas por hebras grises, temblaban. Era verano.”

La marcha Radetzky, de Joseph Roth; Edhasa, 1998; pgs. 27-28.

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