El sosiego acantilado

non mea voluntas

Mes: enero, 2016

EL ATRIL

Hace muchos años, una muchacha hizo con sus propias manos un atril para el joven del que estaba enamorada.

Eligió la madera, la cortó, la pulió; unió las junturas, atornilló las bisagras; extendió esperanzada el barniz.

Entregó nerviosa su regalo al joven, que lo recibió con educada y profunda pena. Ese joven nunca tuvo la más mínima tentación de besarla, ella nunca fue personaje de sus sueños. Nunca hubo la más mínima posibilidad de que él la amara.

He pasado tantas horas leyendo delante de ese atril…

Es quizá el más triste y bello de mis enseres.

'Infancia de Cristo', de Gerrit van Honthorst (h. 1620)

‘Infancia de Cristo’, de Gerrit van Honthorst (h. 1620)

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ATALANTA BAGLIONE

“La joven y aún hermosa madre de Grifone, Atalanta, que el día anterior se había retirado al campo junto con la esposa de éste, Zenobia, y con dos hijos de Gianpaolo, y que más de una vez, cuando su hijo había corrido a su lado, le había rechazado maldiciéndole, se acercó ahora con su nuera en busca del hijo moribundo. Todos se hicieron a un lado al paso de las dos mujeres, ya que ninguno quería verse señalado como el que había apuñalado a Grifone, para no atraer hacia sí la maldición de la madre. Pero se equivocaban, pues ella misma invitó a su hijo a perdonar al que le había asestado aquel golpe mortal y al fin Grifone expiró con su bendición. La mirada reverente de la multitud siguió a las dos mujeres, con los vestidos ensangrentados, mientras atravesaban la plaza camino de su casa. Y esta Atalanta es la misma para la que más tarde pintaría Rafael un Entierro de Cristo hoy famoso en todo el mundo; de este modo depositó ella su propio sufrimiento a los pies del más alto y sacro dolor materno.

La catedral, en cuya cercanía se desarrolló la mayor parte de esta tragedia, se lavó con vino y de nuevo se consagró.”

La cultura del Renacimiento en Italia, de Jacob Burckhardt; Akal, 2004; pg. 67.

La 'Deposizione Borghese', de Rafael (1507)

La ‘Deposizione Borghese’, de Rafael (1507)

COMO SI LA AUGUSTA BELLEZA

“Estábamos una noche -era invierno- alrededor de la chimenea, en la sala principal. Mi abuela ya se había retirado. Mi padre, Girolamo y Maerbale se calentaban delante de los leños. Yo, alejado, confundido con las sombras en la parte más oscura del aposento, aguardaba la oportunidad de evadirme sin que se percataran. Me había escurrido sigilosamente hacia una puerta y, cuando me aprestaba a salir y a escapar hacia las habitaciones de mi abuela, mi padre alzó el tono y comenzó a contar algo que tenía que ver con Miguel Ángel. Me detuve y agucé el oído. Era el relato del traslado de la estatua de David a través de las calles de Florencia.

Gian Corrado Orsini había asistido, años antes de mi nacimiento, siendo gonfaloniero Piero Soderini, a esa complicada operación. Durante cuatro días, el gigante de mármol recorrió el camino que separaba el taller del maestro de la Plaza de la Señoría. Cuarenta hombres tiraban de él, por las callejas, y la escena se vincula, plásticamente, con otras, muy antiguas, como la del corcel troyano. Hacían rodar la erguida escultura sobre vigas engrasadas y empleando un sistema de poleas y contrapesos que suspendía al coloso, como una admirable máquina bélica, de una armazón de maderos, y la protegía de los choques. Avanzaba despacio, gravemente, entre la multitud florentina que postergaba su cotidiano ajetreo para discutir la calidad del recién llegado. Todos opinaban, porque en Florencia el arte era un tema de debate popular, como los precios del mercado y la política de la comuna. Avanzaba David y su frente aventajaba a menudo el nivel de los techos. De noche encendían fogatas a sus pies y los adversarios del artista, envidiosos, emboscados, le arrojaban piedras. (La envidia y la imbecilidad de cierto tipo de hombres es eterna y se reproduce a lo largo de los siglos con virulencia intacta: en 1504 apedrearon al David de Miguel Ángel; en 1910, la municipalidad de Florencia juzgó apropiado vestirlo con una hoja de viña, lo que armó un gran revuelo. Los esfuerzos de los Braghettoni desafían a los siglos.) Y a la madrugada, la estatua tornaba a avanzar solemnemente. David no era un pequeño pastor; era un gigante. Al vencer a Goliat, había crecido y se había transformado en él, ante el estupor de los filisteos. En eso consistía el premio de su audacia. Un rey es un gigante. Y mientras los cuarenta hombres voceaban a compás, tirando de las cuerdas, como si izaran un inmenso velamen, y las vigas giraban con pesaroso crujido, y, entre pausas de encantado silencio, golpeaban las armas de los alabarderos, ladraban los canes, pregonaban los vendedores, retrocedían locas las cabalgaduras, desgañitábanse las comadres, sonaba aquí y allá un laúd, una lira, un clavecímbalo, una viola da gamba, una aguda, hiriente trompeta, a la que hacía coro el estridor de los gallos, y el pueblo se arremolinaba, como en una feria, alrededor del andante David, y los jóvenes señores, hermosos, lujosos y sinuosos como leopardos, como los leopardos imperiales fúlgidos de joyas, se ponían a las ventanas, con las doradas meretrices, para acariciar al triunfador de mármol blanquísimo que pasaba, entre el rechinar de los maderos, inmutables los anchos ojos que surgían a la altura de las terrazas y de las cornisas -y el silencio volvía a renacer con majestad sinfónica-, era como si la augusta Belleza, más fuerte que las mezquindades que dividen a los hombres en exiguos bandos avarientos y ambiciosos, entrara definitivamente en la ciudad del Arno, quietas las manos y palpitantes los músculos en la caja rítmica del cuerpo, para asentar allí su permanente monarquía.”

Bomarzo, de Manuel Mujica Lainez; Seix Barral, 1994; pgs. 57-58.

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YERMO

Es optimista la corrupción de la verdadera esperanza:
regala excusas para negar la urgencia del afán de cada día
para mustiarse, apagarse, pudrirse.

Solo en el mismo centro del sacramento
¿es esta sequedad fase mística
o lógico resultado de tibieza secular?

No hay mayor vergüenza que estar seguro de que
por mis frutos me conoceréis.

'Árbol desnudo detrás de una valla', de Egon Schiele (1912)

‘Árbol desnudo detrás de una valla’, de Egon Schiele (1912)

LENINA SIN PASTILLAS

“-¡Oh, mira! -exclamó Lenina, cogiéndose de su brazo.

Un indio casi desnudo descendía muy lentamente por la escalera de mano de una casa vecina, peldaño tras peldaño, con la temblorosa cautela de la vejez extrema. Su rostro era negro y tenía un aspecto muy arrugado, como una máscara de obsidiana. La boca desdentada se hundía entre sus mejillas. En las comisuras de los labios y a ambos lados del mentón pendían, sobre la piel oscura, unos pocos pelos largos y casi blancos. Los cabellos largos y sueltos colgaban en mechones grises a ambos lados de su rostro. Su cuerpo se veía encorvado y flaco hasta los huesos, casi descamado. Bajaba lentamente, deteniéndose en cada peldaño antes de aventurarse a dar otro paso.

-Pero ¿qué le pasa? -susurró Lenina, en sus ojos se leía el horror y el asombro.

-Nada, sencillamente, es viejo -contestó Bernard aparentando indiferencia, aunque en realidad no la sentía.

-¿Viejo? -repitió Lenina-. Pero… también el director es viejo; muchas personas son viejas, pero no son así.

-Porque no les permitimos ser así. Las preservamos de las enfermedades. Mantenemos el equilibrio artificial de sus secreciones internas de modo que conserven la juventud. No permitimos que sus niveles de magnesio y calcio desciendan por debajo de lo que es pertinente a los treinta años. Les ponemos transfusiones de sangre joven, estimulamos de manera permanente su metabolismo, éste es el motivo de que no tengan este aspecto. En parte -agregó- porque la mayoría mueren antes de alcanzar la edad de este viejo. Juventud casi perfecta hasta los sesenta años, y después, ¡plas!, el final.

Pero Lenina no le escuchaba, miraba al viejo, que seguía bajando lentamente. Al fin sus pies tocaron el suelo y se detuvo frente a ellos. Al fondo de las profundas órbitas los ojos aparecían extraordinariamente brillantes y la miraron largo rato sin expresión alguna, sin sorpresa, como si Lenina no se hallara presente. Después, lentamente, con la espalda doblada, el viejo pasó por su lado y se alejó.

-Pero ¡esto es terrible! -susurró Lenina-. No debimos haber venido.

Buscó su ración de soma en el bolsillo, sólo para descubrir que, por un olvido sin precedentes, se había dejado el frasco en la hospedería.”

Un mundo feliz, de Aldous Huxley; Círculo de Lectores, 2000; pgs. 138-139.

'Pintor trabajando, reflejo', de Lucian Freud (1993)

‘Pintor trabajando, reflejo’, de Lucian Freud (1993)

LA ETERNA REVISIÓN

De esa manera, a pesar de su deseo de tranquilidad, los pueblos, sacudidos por la Revolución Francesa y por sus guerras de liberación, no podrán, de ahora en adelante, volver a dormir; toda su existencia estará sujeta a otras normas, y nunca se sentirán satisfechos con el nuevo orden político. Lo que surge como principal consecuencia de todo esto es el espíritu de la eterna revisión, que el mismo Napoleón mantuvo bajo control todo lo que pudo: J’ai conjuré le terrible esprit de nouveauté qui parcourait le monde [He dominado el terrible espíritu de novedad que recorría el mundo].”

Juicios sobre la historia y los historiadores, de Jacob Burckhardt; Katz, 2011; pg. 226.

'La consagración de Napoleón', de Jacques-Louis David (1807)

‘La consagración de Napoleón’, de Jacques-Louis David (1807)

PODRÍA YO MORIR

El tratado definitivo de estética, como el tratado definitivo de retórica, se halla esparcido en obiter dicta de ese linaje de grandes que va de Homero a Proust.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 1207.

“Yo sentía aglomerarse en mí, capaces de ser utilizadas para esto, multitud de verdades relativas a las pasiones, a los caracteres, a las costumbres. Su percepción me causaba alegría, pero me parecía recordar que, más de una, la había descubierto en el dolor, otras en goces muy mediocres. Entonces surgió en mí una nueva luz, menos resplandeciente sin duda que la que me había hecho percibir que la obra de arte era el único medio de recobrar el Tiempo perdido. Y comprendí que todos esos materiales de la obra literaria eran mi vida pasada; comprendí que vinieron a mí, en los placeres frívolos, en la pereza, en la ternura, en el dolor, almacenados por mí, sin que yo adivinase su destino, ni su supervivencia, como no adivina el grano poniendo en reserva los alimentos que nutrirán a la planta. Lo mismo que el grano, podría yo morir cuando la planta se desarrollara, y resultaba que había vivido para ella sin saberlo, sin que me pareciera que mi vida debía entrar nunca en contacto con los libros que yo hubiera querido escribir y para los cuales, cuando en otro tiempo me sentaba a la mesa, no encontraba tema. De suerte que, hasta aquel día, toda mi vida habría podido y no hubiera podido resumirse en este título: Una vocación. No habría podido resumirse así porque la literatura no había desempeñado papel alguno en mi vida. Habría podido resumirse así porque esta vida, los recuerdos de sus tristezas, de sus goces formaban una reserva semejante a ese albumen que se aloja en el óvulo de las plantas y del que éste saca su alimento para transformarse en grano, en ese tiempo en que todavía se ignora que se desarrolla el embrión de una planta, el cual es, sin embargo, lugar de fenómenos químicos y respiratorios secretos pero muy activos. Mi vida estaba así en relación con lo que traería su maduración.”

El tiempo recobrado, de Marcel Proust; Alianza, 1998; pgs. 249-250.

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NIHIL SUB SOLE NOVUM

Lo mandaron a la escuela, donde -contó a mi abuelo- aprendí poca cosa, salvo que la mayoría de las hazañas, buenas y malas por igual, merecedoras del oprobio o del elogio, que se hallasen al alcance de los hombres, ya habían sido realizadas, y habían de aprenderse sólo en los libros.

¡Absalón, Absalón!, de William Faulkner; Verticales, 2011; pg. 308.

'Niña en interior', de Carl Vilhelm Holsøe

‘Niña en interior’, de Carl Vilhelm Holsøe

EL ESTADO ESTAFADOR

“España se desdibuja, no sólo por el tema de los impuestos, de la mainmorte, de los monasterios, etc., sino porque en medio de una Europa que se está industrializando, la mentalidad es completamente refractaria a esa tendencia.

[…] Europa se vuelve el molino de los cinco continentes. Se considera que la superioridad industrial y la política van de la mano. Por medio de la confiscación de los bienes de la Iglesia y de la abolición de la mainmorte ponen a disposición de la industria una enorme fuente de energía y de capitales, así como las poblaciones de diversos países. Las máquinas y la producción en masa aumentan de manera gradual. El gran capital necesario para que ellas surjan se acumula y, de manera progresiva, es cada vez menor el número de personas que gobiernan su destino. Son los comienzos de la competencia y de la presión recíproca sobre los mercados.

No obstante, al mismo tiempo, a partir de J. J. Rousseau y de la Revolución Francesa, las ideas de igualdad y de derechos humanos y la noción de ‘existencia digna de un ser humano’ comienzan a hacer sentir su influencia. La mayor libertad política se combina con la mayor medida de dependencia económica. La clase media decae de manera perceptible.

Algo muy lamentable que se suma a esa situación es el hecho de que el Estado incurre en esas bien conocidas deudas para financiar la política, las guerras, el ‘progreso’, y otras causas superiores, hipotecando así la producción futura con el pretexto de que en parte estaba proveyéndola. La suposición es que el futuro honrará eternamente ese compromiso. El Estado ha aprendido de los comerciantes y de los industriales cómo explotar el crédito: se jacta de que la nación nunca lo va a dejar entrar en bancarrota. Junto con todos los estafadores, ahora el Estado se yergue como el estafador principal.”

Del capítulo La historia de los siglos XVII y XVIII (1598-1763). en Juicios sobre la historia y los historiadores, de Jacob Burckhardt; Katz, 2011; pgs. 173, 173-174.

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INDICADORES

¿Es cierto, príncipe, que usted dijo en cierta ocasión que el mundo será salvado por la ‘belleza’? ¡Señores -vociferó dirigiéndose a todos-, el príncipe asegura que la belleza salvará al mundo!

El idiota, de F. M. Dostoyevski; Alianza, 2003; vol. 2; pg. 543.

El objetivo de todo detective salvaje es hallar belleza. Porque el detective salvaje cree que donde hay belleza, hay bondad. Hay verdad. Hay salvación.

Porque cree tal cosa, el detective salvaje no puede evitar hacer uso de su dedo índice cada vez que Dios le regala un éxito en la búsqueda. El detective salvaje, en el fondo, desea ser un indicador.

No hay mayor placer que indicar a otros dónde cree uno haber descubierto belleza.

Y uno de las cosas más bellas que un detective salvaje puede encontrar es otro detective salvaje.

Elisenda me señaló uno de esos lugares, como tantas veces hace también en su blog, y yo os enseño lo que ella me enseñó.

Si descubrís algo bello y bueno en esta película, dadle las gracias a ella.

Calle del Orco

Blog de Literatura. Grandes encuentros

plan zeta

apología de mí mismo

El Rancho de San Ysidro

Peripecias de un aprendiz de campesino

El perfil menos humano

“En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizá menos humano de su carácter”

La saga de Dashiell

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A Día de Hoy

Señores, si quisiéredes mio serviçio prender/ querríavos de grado servir de mio mester