LA VALLA

por El Responsable

Sonríe sorprendido al encontrar el vallado
aunque en el yermo ya nadie recuerda
quién trajo las maderas,
quién los clavos.

Contempla la humilde frontera arbitraria
-tan fácil de saltar, tan despreciable-
y con los cabos de la embarcación que aquí le trajo
a este límite que él no ha alzado
se ata.

Pasan los días, corren los años
y la piel lacerada de sus muñecas
es feliz promesa de estigmas
que derramarse en sangre desean.

Quedan aquí amarrados sus huesos
sutil cascabel quizá algún día
relicario cantarín al soplar el viento
que sirva de pista
en el misterio
a tanto perdido marinero.

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