UN PUTO COBARDE

por El Responsable

Los vio pasar en dirección a la clínica desde el banco en el que estaba sentado. Dejó caer el cigarro por el agujero de la lata de cerveza. Un humo mínimo escapó del interior.

Se levantó y se dirigió hacia ellos. Les alcanzó junto a las puertas acristaladas de la entrada.

-¿A qué venís aquí? -les preguntó de repente, asustándoles.

-¿Perdón…? -preguntó el otro.

-Que qué hacéis aquí -insistió.

El otro miró a la otra, miró hacia las puertas acristaladas y después volvió a mirar al inquisidor.

-¿Y a ti qué coño te importa? -dijo por fin.

-¿Venís a abortar? -les preguntó; para enseguida dirigirse sólo a ella- ¿Estás embarazada?

-¿Y a ti qué coño te importa? -volvió a repetir el otro.

-¿Estás o no estás embarazada? -insistió, ignorándole.

Ella miraba a ambos alternativamente, con la boca medio abierta.

-¿Y a ti qué cojones te importa? -volvió a decir el otro.

-A alguien le tiene que importar, ya que a ti no -respondió, mirándole a los ojos-. ¿Vas a matar a tu hijo? ¿Eso es lo que vas a hacer? ¿Matarás a tu hijo?

-Pero tú de qué coño vas -respondió el otro-. Ella va a hacer lo que le salga del coño. ¿Quién coño eres tú para decir lo que ella tiene que hacer con su cuerpo, vamos a ver?

-¿Tú eres el padre?

-¿Qué coño te importa?

-¿Eres el padre o no?

-¿Que qué coño te importa, te estoy diciendo?

-¿Ni siquiera te atreves a decir que eres el padre?

-¡Pues sí, soy el padre, qué pasa! Y la vengo a acompañar, para que no esté sola, ¿te parece mal?

-¿Para que no esté sola…? -imitó con sarcasmo- Eres todo un caballero, ¿verdad?

-¿Qué dices ahora? ¿Qué estás diciendo? ¿Qué cojones estás diciendo ahora…?

-Acompañas a esta muchacha para que maten a vuestro hijo y te crees que estás haciendo algo bueno -se acercó un poco más al otro, hasta que casi se tocaron sus narices-. No sólo eres un hijo de la gran puta; además eres completamente gilipollas.

El otro lanzó un puñetazo que golpeó torpemente su rostro, pero él se rehízo rápidamente para patearle con repetitivo frenesí en la cara exterior del muslo izquierdo.

-¡Por favor, no le pegue, por favor, no le pegue…! -gritaba la chica.

Se oye un frenazo brusco, un par de puertas que se abren y dos agentes de policía que corren hacia ellos. Consiguen separarlos a duras penas, pues insisten en lanzarse el uno contra el otro. Él es inmovilizado en el suelo, mientras la muchacha se agarra llorando a su compañero, completamente alterado y frotándose la pierna golpeada. Éste le explica al policía que han venido a la clínica y que ese tío no les dejaba entrar y no paraba de insultarles.

-¡Van a matar a su hijo! -grita él, la cabeza aplastada entre la acera y la rodilla del otro policía- ¡Agentes, hagan algo, van a matar a su hijo!

Los dos policías se miran, con una curiosa mezcla de sorpresa y aburrimiento existencial.

-Señor, le recuerdo que el aborto no está prohibido en este país -le explica el policía cuya rodilla estruja su cabeza.

-¡No nos vamos a joder la vida… somos muy jóvenes, hijo de puta! -grita el otro, casi tartamudeando; un hilillo de baba le cae desde una de las temblorosas comisuras.

-¡Claro que no vas a joder tu vida, cobarde de mierda! ¡Vas a joder la vida de tu hijo! ¡Vas a matar a tu hijo porque eres un puto cobarde! ¡Espero que Dios te dé una eternidad de dolor y sufrimiento, por tu puta cobardía asesina! ¡Eres un puto cobarde y no mereces el aire que respiras! ¡No eres más que un puto cobarde! ¡Y encima ella te tiene que dar las gracias por acompañarla a matar a vuestro hijo, verdad? ¡Eres un gran hombre porque acompañas al sacrificio de tus hijos a todas las mujeres que te follas! ¡Eres un puto degenerado y en cualquier país decente la policía me estaría ayudando a colgarte de una farola!

El policía inmovilizador le hace un gesto a su compañero, que se acerca con cara de fastidio; lo agarran entre ambos y lo van llevando hacia el coche patrulla. Él se resiste, tratando de girarse hacia la pareja.

-¡Muchacha! ¡Deja a ese cobarde de mierda! ¡Dale vida a tu hijo! ¡No lo mates! ¡Dale la vida a tu hijo! ¡No lo mates por ese puto cobarde, que no te merece! ¡No os merece!

Se cierra la puerta trasera. Los gritos quedan amortiguados. Arranca y se aleja el coche patrulla. Ella llora hipando, mientras el otro la abraza, junto a las puertas acristaladas de la clínica.

El policía que no conduce desbloquea su móvil, busca en los contactos y hace una llamada. Se pone el aparato en la oreja y espera.

-Nena, voy a llegar un pelín más tarde de lo que pensaba… Sí… No… Cuando salga de la comisaría te llamo, ¿vale?… Te quiero, hasta luego…

Cuelga. Mira hacia atrás. Suspira y vuelve a fijar la vista en la carretera.

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