ERNST Y CARL, LA AMISTAD INSONDABLE

por El Responsable

“Wilflingen, 15 de septiembre de 1994

De una carta de Ernst Klett del 13 de septiembre:

Querido Ernst Jünger:

Estos días he estado leyendo, por última vez, el Glosario de Carl Schmitt. La lectura es muy poco gratificante: un provinciano católico, extremadamente inteligente, no supera el hecho de haber fracasado y nosotros lectores hemos de sufrir a consecuencia de ello. Aun con todo, no puedo dejar de reconocer que es una cabeza brillante.

Cabeza aquí, cabeza allá. Cito tan sólo dos pasajes de los muchos que te conciernen:

‘Ernst Jünger… despojos del guillerminismo, igual que Thomas Mann.
Heidegger pasa la prueba de un retorno con nota de más que aprobado; Gottfried Benn excelentemente, Ernst Jünger suspende de forma miserable.’

 No me gusta citar estas mezquindades. Lo hago por si se da el caso de que se publique vuestra correspondencia. Entonces, en mi opinión, debería aludirse a ello en el prólogo o en el epílogo. Por mucho que estoy a favor de olvidar y perdonar: en caso de una publicación debería hacerse visible algo del otro C.S.

P.D.: La infamia de este Schmitt es que en su testamento ha determinado que se publiquen esas impertinencias (y son muchas), después de que habéis estado manteniendo una correspondencia amistosa y llena de respeto mutuo durante más de treinta años.

[…]

Wilflingen, 20 de septiembre de 1994

Querido Ernst Klett:

Los pasajes que me conciernen en el Glosario de Carl Schmitt son, en efecto, enojosos, más para él que para mí.

Son curiosos si se tienen en cuenta las amables cartas que me envió casi el mismo día; ello indica una profunda ambivalencia. Por lo que veo, mi nombre es el que aparece citado con más frecuencia en el registro del glosario.

Cuando C.S. quiso presentarse a consejero de Estado se lo desaconsejé y le propuse que trabajara en un Derecho de Estado fundamental, dadas sus dificultades en Serbia.

Lo que jamás me ha perdonado son Los acantilados de mármol; en una ocasión anotó que lo que yo quería con ello era lograr otra Pour le Mérite en la segunda guerra mundial. Dio rienda suelta a su indignación con El trabajador, que nunca entendió.

Similar es el caso con Gottfried Benn, quien en sus cartas se aproximaba a las Radiaciones.

Después de 1945 se concentró en C.S. un fuerte odio que, por lo que me dijeron los que vivían con él, le hizo sufrir mucho, en un extremo que llegó hasta la manía persecutoria. Al parecer dijo en su lecho de muerte: Ernst Jünger es un amigo fiel.

Vino a verme una noche, poco antes del Tercer Reich. Con anterioridad a esa visita aún era un desconocido, pero la conversación se animó al instante. No sólo le siguió una correspondencia de casi cincuenta años de duración. Aunque católico, fue el padrino de bautizo de Alexander. Cuando me visitaba en Goslar (naturalmente tenía un pase de libre circulación), los funcionarios formaban en la barrera. Para cosas así, los profesores son especialmente susceptibles. Lo que irradiaba mental y personalmente me resultaba vivificante: en mi memoria seguirá siendo un buen amigo insondable.

Pasados los setenta V, de Ernst Jünger; Tusquets, 2015; pgs. 143-144, 145-146.

Ernst y Carl

En París, 1943

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