ALÉJATE DE MÍ, SEÑOR

por El Responsable

Estuvo a punto de caer de bruces al entrar en la iglesia. Consiguió mantener un equilibrio inestable y se quedó de pie, la mirada desquiciadamente fija en el sagrario situado tras el altar. Recordó que tenía una lata de cerveza en la mano y con ebria torpeza la dejó en el suelo, junto a la pared.

No había nadie más. El silencio mantenía una armonía perfecta con la escasa iluminación de unas pocas velas.

Fue caminando con obligada lentitud hacia los primeros bancos y se dejó caer de rodillas en uno de ellos. Juntó las manos crispadas delante de su rostro y volvió a fijar la mirada en el sagrario.

-Déjame en paz, Señor… Te lo ruego, no me persigas más… Me siento tan solo… Y no me basta contigo, no me basta… No tengo amigos, no tengo amor. Todos me rehuyen. Les parece mal todo lo que hago o digo. Todo lo que Tú me ordenas hacer o decir. Por hacerte caso, estoy solo. Por tratar de cumplir tus deseos. No puede ser que resulte todo tan costoso… No quiero ser infeliz, no quiero quedarme solo. Quiero la compañía de los otros, quiero ser uno más. Quiero ser normal. Hacer lo que ellos hacen, hablar como ellos hablan, amar como ellos aman. No quiero más tu puerta estrecha, Señor… Por tu culpa, todos me desprecian. Y yo no puedo soportar más esta soledad. Necesito compañía; que alguien se preocupe por mí, con sus manos, con sus palabras, ¡con su cuerpo, con su cuerpo!… Pero cada vez estoy más solo. ¡Todos te ignoran, Señor! ¿Por qué no puedo yo también ignorarte?…

Su cabeza se inclinó, al tiempo que ascendía un sollozo.

-Dios mío, déjame ir…

El párroco lo encontró una hora más tarde, dormido sobre el banco en posición fetal.

Detalle de 'La borrachera de Noé', de Giovanni Bellini (alrededor de 1515)

Detalle de ‘La borrachera de Noé’, de Giovanni Bellini (alrededor de 1515)

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