CATHOLICAM ECCLESIAM

por El Responsable

“Guy metió en su mochila una lata de carne de vaca y algunas barras de chocolate y se fue hacia la iglesia.

El anciano sacerdote había vuelto a la casa parroquial, y estaba solo mientras barría el desnudo suelo de piedra con una escoba. Conocía a Guy de vista, aunque nunca habían hecho ademán de conversar. Los hombres de uniforme no eran un buen augurio para la parroquia.

Guy saludó al entrar y dejó su ofrenda sobre la mesa. El sacerdote miró el obsequio con sorpresa y le dio las gracias en serbocroata. Guy dijo:

Facilius loqui latine. Hoc est pro missa. Uxor mea mortua est.

El sacerdote asintió.

Nomen?

Guy escribió el nombre de Virginia en mayúsculas en su cuaderno y arrancó la página. El sacerdote se puso sus lentes y leyó aquellas letras.

Non es partisan?

Miles anglicus sum.

Catholicus?

Catholicus.

Et uxor tua?

Catholica.

No sonaba muy creíble. El sacerdote miró de nuevo la comida, el nombre escrito en aquella hoja, el uniforme de campaña de Guy, que a sus ojos era exclusivo de los partisanos. Luego dijo, mientras mostraba siete dedos:

Cras. Hora septem.

Gratias.

Gratias tibi. Dominus tecum.

Rendición incondicional, de Evelyn Waugh; Cátedra, 2011; pgs. 364-365.

Glastonbury

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