El sosiego acantilado

Vivir con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres

Mes: Outubro, 2015

MISTERIO DEL REINO

¡Escuchad! Mirad que salió el sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, parte de la semilla cayó al borde del camino y vinieron los pájaros y se la comieron. Y otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y enseguida brotó, porque no tenía tierra profunda, y cuando salió el sol se marchitó y porque no tenía raíz se secó. Y otra parte cayó entre espinos, y los espinos crecieron y la ahogaron y no dio fruto. Y otra parte cayó en tierra buena y dio fruto, saliendo y creciendo, y produjo el treinta, y el sesenta, y el ciento por uno.

Mc 4, 3-8

“[…] la sorprendente semejanza entre 4 Esdras 4, 26-29 y Marcos, 4, 3-8, nos permite suponer que Marcos está recibiendo su tema de una metáfora apocalíptica corriente: la nueva edad se expresará pronto como un campo milagrosamente fecundo. Pues bien, desde ese fondo resultan también sorprendentes las diferencias entre las dos parábolas (de 4 Esdras y de Marcos).

En 4 Esdras el campo malo, el campo donde se ha sembrado la mala semilla, debe desaparecer antes de que venga a existir el buen campo, el campo donde se siembra la buena semilla. En otras palabras, de una manera que resulta muy lógica, primero debe terminar la edad antigua; sólo después podrá surgir la nueva edad. Pero en Marcos, por el contrario, ambas edades coexisten, una al lado de la otra (cf. en esa línea Mt 13, 20-30). Eso significa, en otras palabras, que la nueva edad ha llegado ya (mientras en otro plano sigue existiendo el mundo viejo); la gloriosa y casi increíble cosecha que se atribuye a la buena tierra […] constituye un testimonio de su llegada para aquellos que tienen ojos para ver.

Pues bien, debemos poner de relieve el hecho de que en Marcos (en contra de lo que sucede en 4 Esdras) la nueva edad no ha llegado aún de una forma tal que elimine todos los vestigios de la edad antigua: la mala tierra, que es símbolo de la esterilidad, debilidad y sufrimiento del eón antiguo, persiste aún tenazmente y produce su cosecha de muerte. Esta extraña coexistencia de la edad nueva y de la antigua constituye para Marcos el misterio del reino de Dios. A causa de este misterioso ocultamiento, uno necesita abrir los ojos de la fe para discernir la presencia del reino de Dios. Así fue como lo dijo Martin Buber: Las auténticas victorias, vencidas en secreto, a veces parecen derrotas… A la luz de una débil lámpara, nuestra fe en Dios como Señor de la Historia puede parecer a veces ridícula; pero hay algo secreto en la historia y que confirma nuestra fe. Para Marcos, ese algo secreto es la cruz, porque es aquí donde el creyente es capaz de ver la victoria de Dios en una aparente derrota.”

El evangelio según Marcos (Mc 1-8), de Joel Marcus; Sígueme, 2010; pgs. 337-338.

EL HONTANAR DE LA GRACIA

La Redención es hecho cumplido en la historia, pero realizado en el ser.
En cualquier tiempo, en cualquier sitio, lo que redima redime como partícipe de la Redención.
La Crucifixión es el hontanar de la gracia.

 […] La Redención redime porque invierte el gesto mismo del pecado: en vez de tomarse el medio a sí mismo como fin, el fin se toma a sí mismo como medio.
La Redención redime al ser mismo, porque el fin que se toma a sí mismo como medio es el supremo Fin.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pgs. 911, 910.

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PROCESOS DE FORMACIÓN DE LA LIBERTAD HISPANA: EL EJEMPLO CATALÁN

“Que si alguno de ellos (los hispani) en la parte que cultiva para habitar, llevase a otros hombres procedentes de otros linajes y los hiciera habitar consigo en su porción que llaman aprisiones, se utilice el servicio de éstos (los que vienen de otro linaje) sin oposición ni impedimento por parte de alguno. Y si alguno de estos hombres que fue llevado por alguno de ellos y colocado en su porción, eligiese como señor a otro (el patrocinio de otro), es decir, al conde, vizconde, vicario o a otro hombre cualquiera, tenga licencia para marcharse, pero de las cosas que posee nada tenga ni nada lleve consigo, sino que todas las cosas vuelvan plenamente al dominio y a la potestad del primer señor. (…) Y sea lícito en todo caso que vendan, cambien y donen entre sí, y dejen a sus descendientes todas sus posesiones o aprisiones, y si no tuvieren hijos o nietos les sucedan en la herencia sus parientes según su ley, de tal forma que, por supuesto, los que hereden no desdeñen de prestar los servicios recordados arriba.”

Capitular de Carlos el Calvo, de 11 de junio del 844 (La formación del feudalismo en la Península Ibérica, de A. Barbero y M. Vigil; Crítica, 1991; pg. 356).

Mientras estudiaba la carrera de Derecho, tuve que realizar varios comentarios de texto para una asignatura optativa de historia del derecho; en este caso en concreto, utilicé como apoyo bibliográfico el libro La formación de los reinos hispánicos, de José Luis Villacañas Berlanga [Espasa, 2006; me apoyé, concretamente, en las páginas 188-190, del parágrafo titulado Cataluña, hacia la articulación de la pluralidad condal; en nota al pie, el profesor Villacañas refiere que su explicación se basa en el libro de Archibald R. Lewis, The Development of Southern French and Catalan Society; el cual, a su vez, sería un resumen de las tesis de Ramon d’Abadal sobre la formación de Cataluña].

Se trata de un decreto promulgado por Carlos II de Francia, dirigido, al parecer a los territorios de la Marca Hispánica del Imperio Carolingio. Seguramente la fecha del documento no es baladí, pues nos encontramos en el año inmediatamente posterior al Tratado de Verdún: el Sacro Imperio ha sido dividido en tres partes, entre los hijos de Luis I (nietos, por lo tanto, de Carlomagno). Carlos II, muy probablemente, estaría tratando de asegurar las fronteras (y las voluntades) de la parte que le había tocado, la Francia Occidental.

¿En qué sentido la institución de la aprisio puede ayudarle? Como la presura y el escalido, supone una típica medida incentivadora del poblamiento de zonas de frontera; y es por ello que ya había sido utilizada anteriormente por las autoridades carolingias, intentando fortalecer las zonas de fricción con vascones y musulmanes. “Se trataba de un permiso o derecho que se concedía a los hispani para ocupar tierras baldías […] pertenecientes al fisco. […] podían ser entregadas a los maiores, que las ocupaban con sus séquitos de clientes, o a los minores. Los primeros debían prestar un homenaje al emperador, que los reconocía como fideles. Con ello contraían deberes de auxilio militar en la defensa de las fronteras y, a la llamada del rey, debían presentarse con sus hombres. A cambio obtenían derechos de justicia sobre los clientes de su séquito, a los que repartían tierras de la aprisio. […] era casi una toma de propiedad de la tierra y fácilmente se transformaba en absoluta -en Cataluña a los 40 años-, por lo que los señores acaban siendo señores territoriales con funciones jurisdiccionales. Los minores, que eran hombres libres, pagaban un censo por la tierra entregada”.

La libertad de los minores podemos comprobarla en el texto comentado, pues no quedaban obligados a permanecer bajo el patronato inicial, pudiendo cambiar de maior; con lo cual es probable que se produjera una cierta ‘competencia’ entre maiores, intentando presentar ventajas para afianzar la fidelidad de su minores (lo cual, evidentemente, revertiría en beneficio de éstos).

¿Y cuál es, entonces, la ventaja que obtienen los maiores del sistema de aprisio? Para ello, es necesario comparar esta forma de vasallaje con otras que también se daban en el mundo carolingio -aunque en menor proporción en zonas de frontera-: se trata de las instituciones de los honores y los beneficia.

En el primer caso “[…] implicaban la entrega de posición, oficio o cargo público, como un condado, un obispado o una abadía. Por lo tanto, se trataba de una misión pública, mediaba ceremonia de homenaje y se ofrecía reconocimiento de fidelitas al rey.” Se trata de un vasallaje ‘funcionarial’, que, como la aprisio, podía ser revocado por deslealtad o incompetencia; pero que en ningún caso puede producir un traspaso de propiedad o jurisdicción que acabe siendo permanente. Nos encontramos ante la estructura feudal del Imperio Carolingio, soportado en la legitimidad indiscutible de su primera figura, el Emperador; y en el uso que el mismo realiza de las propiedades imperiales, en las que se ha producido una patrimonialización de lo público; pero no en provecho propio, sino para general provecho del reino, tratando de cohesionar la voluntad de sus vasallos.

En cuanto a los beneficia, “[…] no implicaban un cargo público o un oficio, sino más bien una porción de tierra fiscal o pública. Tenían duración vitalicia -contra la aprisio, que se heredaba [como se puede ver en el párrafo final del texto comentado]- y no se removían salvo causa excepcional -contra los honores-.”

Por lo tanto, las aprisiones aventajaban a honores y beneficios, tanto en los derechos adquiridos, como en el aspecto temporal de los mismos. Por ello suponían un incentivo a la hora de establecerse en las peligrosas tierras fronterizas. Cuánto más necesario, si cabe, el contento de los maiores hispanos, teniendo en cuenta el momento histórico: pues a su frontera sur, ahora el rey Carlos II debía añadir a su lista de preocupaciones la recién nacida frontera oriental con su hermano Lotario.

Estas necesidades estratégicas acabaron provocando la fractura definitiva de los condados catalanes respecto del Imperio. “Las aprisiones se transformaron en propiedades, y los grandes detentaron los derechos jurisdiccionales. La autoridad real desapareció. […] Se puede decir que la relación de fidelidad prácticamente desapareció, excepto aquella entregada a la figura de los condes. Fueron ellos los que ahora autorizaban las aprisiones y daban tierras en precario. […] De esta manera, los condes devinieron señores jurisdiccionales independientes y se entregaron a la definición de un cosmos político propio y específico.”

Con la desaparición del patrimonio imperial, se hizo inviable el anterior juego de recompensas. Aunque permaneció el respeto simbólico a la figura del Emperador, éste vio drásticamente reducida su capacidad para actuar políticamente en estos territorios, pues nada podía ofrecer a los nuevos señores que éstos no gozasen ya.

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LA ESCUELA DE LA FE

“La escuela de la fe no es un camino triunfal, sino un camino sembrado de sufrimientos y de amor, de pruebas y de fidelidad que hay que renovar cada día. Pedro, que había prometido fidelidad absoluta, conoce la amargura y la humillación de la negación: el arrogante experimenta en sus propias carnes la humildad. También Pedro debe aprender a ser débil y necesitado de perdón. Cuando por fin se le cae la máscara y entiende la verdad de su corazón débil de pecador creyente, explota en un liberador llanto de arrepentimiento. Tras este llanto ya está listo para su misión.

Una mañana de primavera le será confiada esta misión por Jesús resucitado. El encuentro se producirá a orillas del lago de Tiberíades. Es el evangelista Juan quien nos refiere el diálogo que tiene lugar en esa ocasión entre Jesús y Pedro. Asistimos a un juego de palabras muy significativo. En griego el verbo filéo expresa el amor de amistad, tierno pero no totalizador, mientras que el verbo agapáo significa el amor sin reservas, total e incondicional. Jesús primero le pregunta a Pedro: agapâs-me (Jn 21, 15). Antes de la experiencia de la traición, el apóstol sin duda habría dicho: Te amo (agapô-se) incondicionalmente. Pero ahora que ha conocido la amarga tristeza de la infidelidad, el drama de su propia debilidad, dice con humildad: Señor, te quiero (filô-se), es decir, te amo con mi pobre amor humano. Cristo insiste: ¿me amas más que estos? Y Pedro repite la respuesta de su humilde amor humano: Kyrie, filô-se, Señor, te quiero como sé querer. A la tercera vez Jesús le dice simplemente a Simón: Fileis-me?, ¿me quieres?. Simón entiende que a Jesús le basta su pobre amor, el único del que es capaz y, sin embargo, está triste porque el Señor haya tenido que decirle esto. Por eso le contesta: Señor, tú sabes todo, tú sabes que te quiero (filô-se).”

Catequesis leída por Su Santidad el Papa Benedicto XVI el 24 de mayo de 2006; recogida en Los Apóstoles y los primeros discípulos de Cristo; Espasa, 2009; pgs. 63-64.

'Dead at beach', de Marco Furilo (2015)

‘Dead at beach’, de Marco Furilo (2015)

EL CONOCIMIENTO Y DESPRECIO DE SÍ MISMO

“1. Todos los hombres naturalmente desean saber. Mas, ¿qué aprovecha la ciencia sin el temor de Dios? – Por cierto, mejor es el rústico humilde que le sirve, que el soberbio filósofo que, dejando de conocerse, considera el curso del cielo. – El que bien se conoce, tiénese por vil y no se deleita en alabanzas humanas. – Si yo supiese cuanto hay en el mundo, y no estuviese en caridad, ¿qué me aprovecharía delante de Dios, que me juzgará según mis obras?

2. No tengas deseo demasiado de saber, porque en ello se halla grande estorbo y engaño. Los letrados gustan de ser vistos y tenidos por tales. – Muchas cosas hay que el saberlas, poco o nada aprovecha el alma. – Y muy loco es el que en otras cosas entiende, sino en las que tocan a la salvación. Las muchas palabras no hartan el alma; mas la buena vida le da refrigerio, y la pura conciencia causa una gran confianza en Dios.

3. Cuanto más y mejor entiendes, tanto más gravemente serás juzgado, si no vivieres santamente. – Por esto no te ensalces por alguna de las artes o ciencias; mas teme del conocimiento que de ellas se te ha dado. – Si te parece que sabes mucho y entiendes muy bien, ten por cierto que es mucho más lo que ignoras. – No quieras con presunción saber cosas altas, mas confiesa tu ignorancia. – ¿Por qué te quieres tener en más que otro, hallándose muchos más doctos y sabios en la ley que tú? – Si quieres saber y aprender algo provechosamente, desea que no te conozcan ni te estimen.

4. El verdadero conocimiento y desprecio de sí mismo, es altísima y doctísima lección. – Gran sabiduría y perfección es sentir siempre bien y grandes cosas de otros, y tenerse y reputarse en nada. – Si vieres a alguno pecar públicamente, o cometer culpas graves, no te debes juzgar por mejor; porque no sabes cuánto podrás perseverar en el bien. – Todos somos flacos; mas tú a nadie tengas por más flaco que a ti.”

Imitación de Cristo y menosprecio del mundo, de Tomás de Kempis; Herederos de Juan Gili, 1911; pgs. 9-10 (Libro I, Capítulo II).

"Working", de Marco Furilo 2015)

‘Working’, de Marco Furilo (2015)

LA RIQUEZA CROMÁTICA DEL MUNDO

En toda proposición sobre el hombre debe aflorar su fusión paradójica de determinismo y libertad.

[…] Necesidad, libertad, gracia, son los tres colores básicos.
Lo inevitable, lo arbitrario, lo gratuito.
Abreviando nuestra paleta no lograremos nunca reproducir la riqueza cromática del mundo.

[…] La escolástica pecó al pretender convertir al cristiano en un sabelotodo.
El cristiano es un escéptico que confía en Cristo.

Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez Dávila; Atalanta, 2009; pg. 828, 836, 672.

“En 1602 el Papa, cansado de ver cómo los mamotretos se amontonan ante él, decide presidir él mismo las nuevas reuniones entre dominicos y jesuitas. Comienzan así las congregaciones de auxiliis, de las que Clemente VIII presidiría treinta y siete y Paulo V diez. El 28 de agosto de 1607, viendo que las discusiones se prolongaban de manera estéril y que resultaba imposible llegar a definir nada, con cada uno de los contendientes enrocado en su posición, Paulo V decidió prohibir que dominicos y jesuitas calificasen como herética la doctrina contraria y prohibió también la publicación de libros sobre la gracia eficaz.”

De la introducción de Juan Antonio Hevia Echevarría a la Concordia del libre arbitrio con los dones de la gracia y con la presciencia, providencia, predestinación y reprobación divinas, de Luis de Molina; Pentalfa, 2007; pg. 14.

'Mind the door', de Marco Furilo (2015)

‘Mind the door’, de Marco Furilo (2015)

BARES, QUÉ LUGARES

“Ah, sí, las tabernas, decía. The Lamb, Jolly Sailor, The Seven Stars, Help’me thro the world y, desde que me junté con Norah, el Waterloo Inn; no había otra donde le gustara más acabar bajo una mesa. A los marineros les gusta hacer escala, bajar a tierra y meterse en una taberna. Se acostumbra uno a la cosa, hasta el punto de que, cuando en el mar de la vida arrecian las tempestades, se baja a tierra, o sea a la taberna, aunque ya no se esté embarcado en ningún barco. Me gusta beber, aunque lo único que me deis aquí sean esos jarabes y esos tés, beber allí sentado, escuchar sobre todo las voces; el murmullo que de vez en cuando sube de tono y en ocasiones culmina en un grito, lo mismo que crece la resaca con el fragor de una ola más grande que rompe contra las rocas. Me gusta ver las caras, los gestos. El mundo es variado, hace compañía. No hace falta tener amigos; basta con la multitud, con la gente, un rato de charla en la barra, un rostro encendido que dice algo y desaparece para siempre en la muchedumbre gris, qué importa, enseguida hay otro que se asoma y pide una cerveza.”

A ciegas, de Claudio Magris; Anagrama, 2006; pgs. 290-291.

'Wapping', de James McNeill Whistler (1861)

‘Wapping’, de James McNeill Whistler (1861)

ET TENTABATUR A SATANA

E inmediatamente, el Espíritu le expulsó al desierto; y estaba en el desierto durante cuarenta días, siendo tentado por Satán; y estaba con los animales salvajes y los ángeles le servían.

Mc 1, 12-13

por Satán [hypo tou Satana], una transliteración del arameo Śātānā’. El Antiguo Testamento conoce muy poco sobre Satán o el Diablo. En el Antiguo Testamento, hāśśātān (= el adversario) no es una persona, sino la designación de un tipo de oficio, propio de una especie de fiscal judicial angélico a quien Dios ha delegado la tarea de acusar a los seres humanos (Job 1-2 y Zac 3, 1-2). Únicamente en 1 Cr 21, 1 aparece ya como nombre propio, aunque se usa sin artículo definido, para indicar una figura malvada que induce a Israel a pecar. La importancia de Satán en el Nuevo Testamento refleja el desarrollo de la demonología del judaísmo intertestamentario, en especial en los escritos apocalípticos.”

El Evangelio según Marcos (Mc 1-8), de Joel Marcus; Sígueme, 2010; pgs. 179, 180.

'La tentación del desierto', de Briton Rivière (1898)

‘La tentación del desierto’, de Briton Rivière (1898)

POLLA TA DEINA KOUDEN ANTHROPOU DEINOTERON PELLEI

“Muchas cosas hay temibles [y extrañas y asombrosas], pero nada hay como el hombre.
Llega hasta el límite del espumoso mar, en alas del noto proceloso, y lo surca oculto rodeado de olas rugientes.
A la más venerada de las diosas, a la Tierra incorruptible e infatigable, la va él fatigando con el ir y venir de los arados, año tras año, trabajándola con caballos.
Apresa las bandadas de aves, también el tropel de fieras montaraces; y a los seres que pueblan el profundo mar atrapa en las mallas de sus trenzadas redes;
el ingenioso hombre con su ingenio domina al animal salvaje, sometiendo al yugo domador al caballo de poblada crin, así como al indómito toro montaraz.
Se ha procurado el lenguaje y el voluble pensar y las costumbres que rigen la ciudad;
sabe esquivar los dardos de los hielos y el azote de las lluvias.
Recursos tiene para todo y sin recursos en nada se aventura.
Sólo la muerte no ha logrado evitar,
pero sí formas de eludir las inevitables enfermedades.
Dotado de tan sagaz inventiva, ha alcanzado conocimientos inesperados,
que a veces encamina hacia el mal, otras hacia el bien.
Si armoniza las leyes de la ciudad y la justicia jurada de los dioses,
no le cabe mayor gloria como ciudadano;
mas sin ciudad queda
si la insolencia le vuelve injusto.
El que de tal manera actúe,
jamás se siente a mi mesa, ni estemos de acuerdo en nada.”

Divertimento traductor del formidable coro de Antígona, a partir de un par de versiones castellanas, una inglesa y un entretenido combate con un diccionario de griego clásico.

P.S.: partiendo de la traducción realizada por Hölderlin de este párrafo, Heidegger sin embargo prefería volcar deinon como unheimlich (Heim significa casa, hogar; Heimat es patria, el lugar donde uno ha nacido); ¿cuál había sido la decisión de Hölderlin? Ungeheuer; una palabra que ya Nietzsche nos hizo citar.

Fragmento de 'Laura y los perros', de Guillermo Lorca

Fragmento de ‘Laura y los perros’, de Guillermo Lorca

SARPEDÓN

“Glaukos, ¿por que entón, pois, nolos dous
somos honrados con preferencia,
en asento e en carnes e en tazas de viño máis cheas,
en Lykíe, e todos como a deuses nos miran,
e temos para nós un grande territorio nas beiras do Xanthos,
fermoso, de plantío e de terra de labor, fértil en trigo?;
polo tanto agora, estando entre os Lykioi de primeiros,
é preciso
que a pé firme resistamos e participemos na ardente loita,
para que algún dos Lykioi, solidamente armados
de couraza, diga:
Non é sen gloria que reinan na Lykía
os nosos reis, e consumen gordos carneiros
e viño escollido, doce coma o mel; mais tamén, pois,
o seu vigor
é excelente, visto que entre os Lykioi de primeiros combaten.

Porque, amigo meu, se, por fuxirmos agora desta batalla,
xa para sempre, sen vellez e inmortais, fosemos
ser, nin eu mesmo no medio dos primeiros loitaría,
nin a ti te traería para a loita, que dá honra ó home;
mais agora, xa que, en todo caso, as deusas da morte
están sobre nós,
ós millares, ás que é imposible que un mortal
fuxa nin escape,
vaiamos, ben a alguén gloria deamos, ben alguén a nós.”

Ilíada, Canto XII; tradución de Evaristo de Sela; Consello da Cultura Galega, 1990; pg. 389.

Apunte realizado por Augusto Ferrer-Dalmau en Afganistán (2012)

Apunte realizado por Augusto Ferrer-Dalmau en Afganistán (2012)

Quod Vidimus

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The Wanderer

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En Compostela

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De libros, padres e hijos

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A Día de Hoy

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