IPSUM EST NOMEN EIUS

por El Responsable

Al estudiar etimologías, parece reducirse la distancia con ese momento en que un primer hombre solitario vagaba casando palabras y sensaciones, bajo la atenta y curiosa mirada del misterio.

El chisporroteo del árbol súbitamente herido por un rayo o el borboteante fluir de un arroyo virgen eran imitados por susurros, suspiros y alientos rebosantes de significado; y los repentinos e infantiles parecidos entre las cosas hacían brotar frágiles renuevos en los morfemas recién germinados.

Abrumado por la inefable variedad del mundo, el hombre se sintió aún más solo; y, agotado de la interminable vocación, se quedó dormido.

Y al despertar, el pasmo le impidió encontrar una palabra con la que llamar a la criatura más asombrosa, terrorífica y bella en la que sus inocentes ojos habían posado hasta entonces la mirada.

'Biblis', de William-Adolphe Bouguereau (1884)

‘Biblis’, de William-Adolphe Bouguereau (1884)

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